16/01/2020
¿Se están volviendo nuestros hijos adictos a las redes sociales?
Antes de lanzarnos a consideraciones más profundas, hagamos una reflexión: las redes sociales no son un problema en sí mismas, siempre que se usen con la finalidad para la que fueron creadas: servir de vía para contactar con personas de cualquier parte del mundo e interactuar con ellas.
Cada generación tiene sus propias formas de comunicarse socialmente. La irrupción de Internet supuso una revolución a todos los niveles, entre otras cosas, porque propició el surgimiento de nuevos hábitos y comportamientos: los padres pueden jugar al magic mirror desde casa, y los más jóvenes quedar con sus amigos manejando el teclado.
Como hemos señalado, el problema no es el uso en sí que se dé a esta herramienta, sino más bien, la forma en que se utilice y el nivel de control que pueda ejercer en mentes jóvenes y vulnerables.
Señales de alarma
Como padres, la primera ¡e inequívoca! señal de alarma son los cambios de comportamiento en nuestros hijos:
- aislamiento
- desinterés por participar en la vida y momentos familiares.
- desinterés por los estudios con el consiguiente descenso en el rendimiento escolar y, por tanto, en las calificaciones
- cambios de humor: tristeza, irritabilidad, etc.
Actitudes como la irascibilidad, ansiedad e incluso comportamientos violentos o agresivos deberían hacer saltar las alarmas. Otra señal inequívoca de mal uso de las redes es la “necesidad de recuperar el tiempo” al volver a conectarse, y pasarse horas contestando/enviando mensajes.
Todo ello puede conducir a cambios de actitud y desembocar en una situación de descontrol que haga precisa la intervención de ayuda psicológica. El hijo recibirá tratamiento específico, y los padres, una serie pautas para reconducir la situación.
En otros casos, puede que el joven aún no esté “enganchado” pero los padres detecten señales de que algo no va bien. Demasiadas horas frente a la pantalla tanto con video juegos como en las RRSS, son indicios suficientes para establecer una serie de normas y límites.
La solución no está en prohibir estas actividades. Como señalamos anteriormente, las nuevas tecnologías son las herramientas que el progreso pone al servicio de todos nosotros. Los padres, como adultos, tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos los peligros y riesgos de los que no son conscientes, por desconocimiento o información inadecuada.
Por último, hay que reconocer que los padres no siempre sabemos cómo actuar para proteger y educar a nuestros hijos en un correcto uso digital. Al fin y al cabo, somos nosotros los que hemos tenido que aprender, y ellos, los que han nacido en el mundo tecnológico, que conocen y dominan, casi siempre, con mayor destreza que los padres.
La vigilancia y la comunicación continuada son claves para minimizar los riesgos que comportan las RRSS. En caso necesario, lo mejor es pedir asesoramiento especializado, acudir a charlas, talleres, cursos, etc., en los que aprender a enseñar a nuestros hijos el uso correcto de las redes sociales.