04/03/2011
Neumonía, una amenaza para los pulmones
controlar las segundas son dos de las medidas más efectivas para prevenir esta amenaza.
Quien esté libre de sufrirla...
La neumonía, más conocida como pulmonía, es una inflamación de los pulmones causada por una infección. Se desarrolla cuando un individuo entra en contacto con distintas clases de microorganismos
patógenos (bacterias, virus y hongos) que llegan a los pulmones a través del aire o que ya se encuentran
en la boca y que penetran en las vías aéreas.
Entre esos microorganismos, el principal agente que la causa, hasta en un 40% de los casos, es el Streptococcus pneumoniae o neumococo. La neumonía puede orginarse también por la Legionella
pneumophila y el Mycoplasma pneumoniae, bacteria causante de la neumonía en niños mayores y adultos jóvenes.
En cualquier caso, los síntomas que la anuncian son la fiebre alta, acompañada de sudoración y escalofríos, tos productiva, falta de apetito y debilidad, dolor generalizado, dolor de cabeza y en los
casos más graves dificultad al respirar o disnea. Además, en ciertos tipos de neumonía, como la que afecta a las personas mayores, se registran otros síntomas, como el padecimiento de cuadros de confusión, y, en la neumonía causada por el neumococo, es frecuente la aparición del herpes labial. La intensidad con que se manifiestan todos estos síntomas es variable, como también lo es la gravedad
de la neumonía: existen numerosos casos leves que se pueden tratar en el domicilio; otros de mayor gravedad, que requieren hospitalización; y otros muy graves, que exigen el ingreso en la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI).
Casos vulnerables
Las personas más vulnerables frente a la neumonía son las inmunodeprimidas, bien por una enfermedad o bien porque toman algún tratamiento que debilita sus defensas, así como las personas más mayores que ya padecen otra enfermedad. De hecho, la neumonía es la infección más frecuente en los adultos de más de 65 años y en los niños. Pero, además de la edad -un factor no corregible- hay
ciertos hábitos nocivos que pueden favorecer el desarrollo de una neumonía y que podrían evitarse, como el alcoholismo y el tabaquismo. Por ejemplo, los fumadores tienen un 51% más de probabilidades
de sufrir neumonía respecto a los no fumadores. La mala higiene bucal también eleva la presencia de bacterias que potencialmente pueden causar la enfermedad.
Otras situaciones que contribuyen a que bajen las defensas frente a la neumonía son ciertas enfermedades crónicas, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la cardiopatía congestiva, la diabetes o ciertas dolencias hepáticas e inmunológicas. Si se ha diagnosticado un tumor de laringe, de esófago o se ha pasado por una cirugía de abdomen o un traumatismo de tórax, los afectados presentan una respiración poco profunda, tienen menos capacidad para toser y, por lo tanto,
retienen más mucosidad que puede dar origen a la infección.
Cómo prevenirla
La neumonía se puede prevenir con las vacunas disponibles contra la gripe y el neumococo. Ahora bien, siempre en las personas y colectivos para las que están indicadas por ser vulnerables a ellas. Los candidatos a recibir la vacuna antigripal son los que sufren enfermedades crónicas, los mayores de 65 años y las mujeres embarazadas, aunque no en el primer trimestre de la gestación.
La vacuna antineumocócica es eficaz para prevenir la infección por Streptococcus pneumoniae en los niños mayores de dos años y en los adultos de riesgo, como los mayores de 65 años con ciertas
enfermedades crónicas. Además, existe otro tipo de vacuna, la antineumocócica conjugada, que se puede aplicar a niños menores de dos años. Hasta hace poco la vacuna disponible de este tipo era la
antineumocócica conjugada heptavalente, que protege frente a siete serotipos del neumococo.
No obstante, desde hace poco tiempo han aparecido otras vacunas antineumocócicas conjugadas que aún confieren una mayor protección: la decavalente, frente a 10 serotipos del neumococo, y la tridecavalente, frente a trece. Estas vacunas, sin embargo, no se aplican de forma sistemática en todas las comunidades autónomas, que tienen calendarios de vacunación distintos.
Ahora bien, junto a la inmunización, existen otras medidas también eficaces para prevenir la neumonía. Dos de ellas son dejar de fumar y extremar el cuidado y la higiene de los dientes y la boca.
Tratamiento
En el 70% de los casos la neumonía se puede tratar en el domicilio, la mayoría de las veces con buenos resultados. No obstante, muchos pacientes precisan el ingreso hospitalario. Lo más habitual es que la neumonía sea de origen bacteriano, por lo que se combate con tratamientos antibióticos (no así la neumonía de tipo vírico, ya que los antibióticos no son eficaces frente a los virus). Estos tratamientos duran un mínimo de siete días y un máximo de dos semanas. Para asegurar su éxito, los pacientes deben seguir de forma estricta las indicaciones de los médicos y no abandonar el tratamiento antes del día fijado. Aparcarlo antes de tiempo reduce su eficacia y es una fuente considerable de problemas ya que es posible que se generen resistencias.
En nuestro país, los neumococos son resistentes frente a los antibióticos macrólidos en un 30% de los casos diagnosticados, por eso no se administran solos. En los casos más graves, cuando se requiere
hospitalización, puede ser necesario aplicar la oxigenoterapia e, incluso, el ingreso en cuidados intensivos.