05/02/2020
Francisco Valiente explica las claves del nuevo puente de Puçol
¿Qué hace del puente una obra tan especial?
Se ha elaborado consiguiendo que todos los elementos que integran el puente cumplan una función específica, de modo que no sobra nada. Además, la pintura con mica consigue un efecto innovador y estético, ya que refleja la luz del cielo, cambiando de color según el día y la hora. Este acabado es, además, una referencia sincera a la materialidad del acero.
¿Y por la noche?
La iluminación nocturna persigue crear un ambiente agradable para el peatón mientras se ofrece una imagen nueva del puente. La membrana refleja y extiende la luz indirecta en los recorridos peatonales y de ciclistas. En cuanto al resto de acabados, como barandillas y suelos, se ha priorizado la durabilidad, buscando también que algunos detalles permitan una observación cercana del puente para que tenga la cualidad táctil que creemos que es necesaria en un entorno urbano.
Se ha conseguido construido con economía de medios... ¿Cómo?
Al observarlo desde abajo, se puede ver que la estructura es un emparrillado de vigas de acero que soportan una losa de hormigón. Las principales son dos vigas longitudinales a las que se fijan otras transversales que, en la parte de la calzada, se conectan con la losa para generar vigas mixtas de mayor eficiencia estructural.
Por su parte, el voladizo de estas vigas transversales se recorta con el objetivo de generar unas ménsulas que recogen las aceras peatonales y ciclistas. De este modo, el puente es el resultado de todo un ejercicio de inteligencia estructural que permite optimizar la materia para realizar una obra única dentro de los costes previstos.
¿Y qué hay de la zona superior?
Si observamos el puente desde arriba, lo que vemos son dos arcos perfectamente verticales que recogen las dos vigas longitudinales mediante una serie de péndolas dobles que dejan pasar la luz. Para asegurar la resistencia, se utiliza otro par de arcos que sustentan a los principales.
Así, dichos arcos secundarios muestran una geometría parabólica. Y lo hacen adaptándose a las características del emplazamiento donde se encuentran, de modo que, en el lado que da hacia la zona por urbanizar, quedan más abiertos, y se alinean en la cara del puente que da a la carretera. Y una membrana de acero alabeada es el punto de unión de todos estos arcos.
Por último, el arco esbelto, que incorpora una péndula doble, permite dejar pasar la luz para reforzar la estética y la calidad urbana.
El puente es el resultado de un trabajo compartido...
Desde FVAI Estructuras & Arquitecturas —empresa que dirige Valiente y que ha gestionado la parte más técnica del proyecto— hemos trabajado desde la pasión y la generosidad para transformar el territorio con esta construcción. En ella ha participado un amplio equipo de ingenieros, arquitectos, delineantes y economistas, además de la gestión de los diversos grupos políticos locales implicados.
¿Qué puede implicar de cara al futuro?
Para nosotros es una suerte trabajar sobre un elemento que no es simplemente una conexión entre dos márgenes, como es lo habitual. En este caso el puente va más allá de la utilidad básica como recorrido para convertirse en un elemento central del crecimiento urbano de Puçol; con él se transforma en avenida esta carretera de entrada, ya que señala la nueva frontera entre la zona industrial y la zona urbana.
Además, mejora la calidad de la zona suburbana en el lado que da hacia la calle Mercé Rodoreda y, por supuesto, da pie a nuevas transformaciones, ya que sería muy interesante convertir el cauce en un espacio a utilizar como un paseo peatonal para los vecinos, o la mejora de aceras y su conexión con el cauce en ambos márgenes.
En definitiva, Francisco Valiente, responsable técnico del proyecto, asegura que se ha llevado a cabo «un ejercicio de atención, perseverancia, diálogo y sobre todo de empeño en resolver problemas y acercar las cosas lo mejor posible», para que sea ahora un espacio compartido de presente y futuro para los habitantes de Puçol.
Informan: Francisco Valiente e Irene Mollá | Fotos: Sabín