02/11/2015
Personas dependientes vigiladas en todo momento por sus familiares y cuidadores… ¿Gran Abuela?
Mario Lekumberri empezó a trabajar hace más de dos años en la idea. Hoy es responsable del programa piloto que se desarrolla desde agosto con cuatro valencianas, tres de las cuales son de Puçol. Para él la clave es el bienestar del cuidador, “porque si mejoramos la calidad de vida del cuidador, éste podrá atender durante más tiempo a su familiar dependiente en su propia casa, con la mayor comodidad y el ahorro económico que supone para las propias familias y también para las instituciones”.
Para ello, la casa de la persona dependiente está controlada mediante sensores y cámaras, aunque siempre respetando la intimidad y con la posibilidad de “desconectarse” en los momentos deseados, pero con la garantía de que su familiar estará en todo momento vigilado… algo así como la tecnología del Gran Hermano televisivo pero aplicado a las personas dependientes, quizá habría que bautizarla como la Gran Abuela.
La experiencia piloto se está desarrollando con tres vecinas de Puçol elegidas entre las usuarias del Área de Bienestar Social. Personas que participan en otros proyectos como el Servicio de Asistencia a Domicilio que impulsa el Ayuntamiento de Puçol. “Este fue uno de los motivos por los que han sido escogidas”, explica la concejal Mar Mazo. “Ya conocemos su facilidad para colaborar en proyectos experimentales y están encantadas con participar en esta experiencia piloto, tanto las personas dependientes como sus familiares”.
La vida cotidiana de Ana
Ana Claramunt es una vecina de 88 años que vive en el Barrio de San Claudio. Le gusta jugar al cinquet con sus amigas una vez a la semana. No se considera guapa, pero “claro que yo era muy templada cuando era joven”, afirma sin rubor.
Desde finales de agosto vive rodeada de sensores en los electrodomésticos y en la puerta de casa, además de una cámara en el comedor. Todo ello durante doce semanas, el plazo experimental al que se ha presentado voluntariamente en un proyecto que puede abandonar cuando quiera, sin dar mayores explicaciones.
Todo ello permite que su nieta, Ana Trachiner, esté mucho más tranquila, porque en cualquier momento puede monitorizar si su abuela ha abierto la puerta para salir, ha comido algo del frigorífico o se ha calentado la leche usando el microondas.
Un gran ejemplo de la última tecnología aplicada a cada elemento de la casa, pero respetando la intimidad al máximo, ya que no hay intrusiones en determinadas zonas (baño, dormitorio) y las imágenes de la cámara pueden apagarse a voluntad por periodos de 1, 6 o 24 horas, para permanecer con la máxima privacidad cuando la usuaria lo desee.
A Ana, saberse vigilada por su familia no le preocupa y sabe que así su nieta está más tranquila. Puede incluso salir de viaje y si quiere comprobar cómo ha sido el día de su abuela sólo tiene que entrar en una web a la que únicamente tiene acceso ella con contraseña, para analizar los datos y comprobar si ha pasado el día normal o hay algún problema.
Con la máxima discreción y sin interrumpir la vida cotidiana.
Antonia Martínez ama la playa
A sus 92 años, la máxima preocupación de Antonia Martínez es saber si le van a renovar el carnet de conducir porque necesita el coche para ir de vez en cuando al pueblo, “más allá no, porque me da respeto. Y por aquí por la playa suelo ir andando, porque me encanta vivir y disfrutar cada día de nuestra playa”.
La mujer de su nieto, Mari Carmen Ruiz, es la persona que la cuida y que la vigila a través de los sensores y las cámaras del proyecto Respira. Para ella lo importante es que “Antonia haga siempre sus tareas, porque nosotros vivimos en el casco urbano y para venir hasta la playa cuesta un rato”.
Todo lo controla por una sencilla página web, de la que sólo Mari Carmen tiene la contraseña, lo que le permite comprobar cada movimiento que ha realizado y, sobre todo, constatar que lo que Antonia dice se corresponde con la realidad.
“A veces los abuelos utilizan el chantaje emocional para estar más atendidos, aludiendo a que no han salido, no han comido o cualquier otra excusa”, explica Mario Lekumberri, creador del proyecto. “Con este sistema no cabe el chantaje, ya que puedes comprobar si ha comido, si ha utilizado los electrodomésticos, si se ha echado la siesta, si ha salido de casa… en fin, todo lo que necesites saber para constatar si lleva una vida normal o algo está fallando”.
Respiro para los cuidadores
Mario presume de que es el primer proyecto europeo que se centra en el cuidador, no en la persona dependiente, y ello tiene un doble beneficio: “si mejoramos la calidad de vida del cuidador estamos alargando el tiempo de estancia de su familiar en el hogar y, por tanto, ahorrando dinero a las instituciones públicas que ofrecen servicios para la tercera edad, pero también dotando a esa persona de una mayor calidad de vida, porque pasa más tiempo en su propia casa”.
Además, el sistema también analiza continuamente al cuidador, para detectar si padece alguna sobrecarga.
Y no sólo lo analiza, también interacciona con ese cuidador, felicitándole si no sufre sobrecarga, dándole consejos si considera que lleva una carga mediana y, sobre todo, recomendándole algunas actividades y terapias concretas si el sistema detecta que el cuidador necesita apoyo.
Lo sorprendente de este proyecto europeo es que sólo cinco personas comenzaron la fase experimental en España, concretamente en Valencia y Puçol.
Hoy quedan cuatro en la fase final del piloto: tres en Puçol y una en Valencia ciudad.
Fue la empresa Iniciativa Social Integral, que se ocupa de los servicios sociales de Puçol, la que propuso varios nombres de la población para participar en la experiencia inicial. Para participar en el proyecto piloto aportó la mitad de los fondos necesarios para ponerlo en marcha. La otra mitad ha sido aportada por el Fondo Social Europeo y el Ministerio de Industria.
Si todo funciona correctamente, y lo está haciendo, a partir de diciembre el proyecto Breathe (Respira) se extenderá a otras zonas, y será un nuevo sistema de atender a las personas dependientes.
“Un sistema que no entra en conflicto con la teleasistencia, todo lo contrario, la complementa, ya que está pensada como ayuda al cuidador, no al dependiente”, finaliza Mario. “Nuestros clientes son mayores del municipio de Puçol que ya se benefician de los servicios sociales municipales y que han participado gratuita y voluntariamente en esta experiencia única a nivel mundial. Con los resultados que estamos obteniendo hoy en día confiamos en que esta herramienta pueda llegar a todos a partir del próximo año”.
Definitivamente, la tecnología puede ser muy útil en algunos casos.
Y aunque muchos vean Gran Hermano como un ejemplo nocivo de televisión, algunas de sus ideas pueden ser aprovechadas para conseguir un futuro mejor para las personas dependientes: en su casa, con su familia como cuidadores, conservando su intimidad…
Respira, un proyecto que algunos ya han bautizado como Gran Abuela.
Informa y fotos: Sabín