29/06/2014
historia de las bodegas Andrés Diaz en Navalcarnero
La pasión de una familia por el buen vino y la tradición
Andrés Díaz es una pequeña bodega familiar centrada en la elaboración de vinos tintos. Su principio es la idea de que el vino es un producto pasional y emotivo que nace para ser disfrutado y así quieren que sea entendido. Tienen como objetivo llegar a todos los consumidores que hacen del vino una experiencia única. Su particularidad y diferencia reside en sus varietales con carácter propio.
Su meta es combinar en un perfecto equilibrio la tecnología y la tradición, proponiéndose con ello el reto de que sus vinos estén en constante evolución para que nunca dejen de sorprender a un público inquieto e innovador y con ganas de ser conquistado.
HISTORIA DE LAS BODEGAS ANDRÉS DÍAZ
Fue Francisco Díaz Blanco quien dio forma a un sueño y les embarcó en esta aventura familiar. Seguramente se trató de un hombre emprendedor y entusiasta que, a pesar de los malos momentos por los que atravesaba nuestro país a finales del siglo XIX, decidió fundar una bodega.
Los inicios nunca son fáciles y en su caso vinieron cargados de inexperiencia en la elaboración de vinos, de dificultad para encontrar clientes y de la necesidad de mejorar el modo de trabajo en la bodega. Fueron años de fatiga y privaciones, pero de tesón, pasión e ilusión que permitieron que la bodega se consolidara.
Si hay algo claro en este negocio es que el vino te atrapa, te conquista y pasa de generación en generación. Y así fue. Su hijo y su nieto, ambos llamados Andrés Díaz, trabajando al unísono, construyeron en 1964 la bodega que lleva su nombre y actualmente es la que siguen utilizando en la elaboración de sus vinos.
Pero la historia de estas bodegas no habla sólo de hombres, y actualmente Felisa Díaz Colomo, bisnieta del fundador, es la primera mujer al frente. Ha mantenido la línea de trabajo, siendo fiel a unos principios, y las ilusiones heredadas.
El reto del nuevo siglo, con sus avances, internet como nueva ventana al mundo y la ciencia puesta al servicio de las nuevas formas de elaboración, ha recaído en las manos de la quinta generación. Se proponen el reto de convertir este negocio tradicional en una bodega tecnológica, combinando la tradición de generaciones pasadas con la modernidad que ofrece un futuro en constante evolución.
A esta familia de bodegueros, la nueva generación le deben tanto los triunfos como los fracasos, pero siempre tienen presente sus orígenes y raíces.