13/12/2016
Nacimientos Peruanos en San Isidro
“Nacimientos Peruanos” es una exposición que no sólo desea fomentar el espíritu de la Navidad, sino también exhibir la extraordinaria riqueza artística y cultural de nuestro pueblo. Los artistas creadores de los 16 nacimientos en exhibición provienen de regiones como Ayacucho, Huancavelica, Cusco, Puno, Cajamarca, Amazonas, Piura, Lima, Callao, entre otros lugares del país. Es una gran ocasión para conocer distintas versiones de la Navidad en el Perú y, al mismo tiempo, una invitación a descubrir el sentido profundo de esta fiesta.
Algo de historia
La Navidad es una de las fiestas religiosas más importantes en el calendario peruano. Esta celebración originaria de la península itálica, a comienzos del siglo XIII, se fue extendiendo por Europa y, gracias al trabajo de los evangelizadores ibéricos, llegó a nuestro continente en el siglo XVI. Pero fue recién en los siglos XVII y XVIII que adquirió mayor difusión debido al impulso del Rey Carlos III de España y sobre todo de la labor de los franciscanos.
Identificada con la alegría y la unión familiar, su celebración se realiza en todas las regiones de nuestro país con manifestaciones de música, folclore, danzas y comidas especiales. Los elementos imprescindibles de esta fiesta son también los “pesebres” o “belenes”, que recrean plásticamente el nacimiento del Niño Jesús y la adoración de los Reyes Magos. Inicialmente, estos eran grandes conjuntos escultóricos encargados por las cofradías para las iglesias y los conventos, pero poco a poco algunas familias aristocráticas criollas y mestizas fueron incluyéndolos para el culto doméstico, hasta que se popularizaron en todos los hogares.
Como sucedió con muchas expresiones artísticas, inmediatamente se dio una adaptación cultural. A los métodos y modelos importados de Europa, se unieron la creatividad y el toque propio de los imagineros peruanos, dando como resultado nuevas piezas con una identidad regional. De esa manera, los materiales, los rasgos de los personajes, sus vestimentas, los frutos y animales autóctonos, así como la decoración fueron asumiendo las características propias de cada región. Confluyeron también las técnicas ancestrales de los lugareños, que aún hoy se conservan gracias a su transmisión cultural. Dado el contexto religioso para el que se preparaban las obras, los artistas se esmeraban particularmente y hacían gala de la maestría alcanzada, trabajando con gran esmero piezas de cerámica, piedra de Huamanga, yeso, madera, mates burilados y otras materias primas locales.