22/02/2013
«Sorprende que los intelectuales callen en temas como el de Cataluña»
-¿Hacia quién va dirigido 'Pequeña historia de los exploradores'?
-Hacia viajeros o interesados en los viajes de entre 9 y 99 años. El libro se conecta con otro mío, 'Pequeña historia del Mundo', dirigido a jóvenes, que era una síntesis, pero que también interesó a los más mayores. En este libro he tratado de aproximar los grandes descubrimientos que nos han hecho conocer el mundo, y los he tratado de describir para un público amplio, con cierta preferencia por los jóvenes. El texto tiene, además, una vocación de estilo. La historia y la literatura están íntimamente relacionadas y en este libro introduzco la ficción para explicar el deseo de la humanidad de descubrir el mundo en el que vive.
-¿Esa relación entre historia y literatura también le empuja a usted hacia la novela?
-Pues sí. 'Pequeña historia de los exploradores' es importante para mí porque, a raíz de él, se me sugirió desde la editorial, Españas, que escribiese una novela y está a punto de salir.
-¿En qué fase está esa novela?
-La he terminado. Está en manos de la editorial. Conmemora el inicio de la Primera Guerra Mundial con motivo del centenario de su inicio, en 1914. Se desarrolla también entre los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX.
-¿Cómo selecciona los colectivos hacia los que dirige sus libros de historia?
-Por instinto. Tantos años dedicándome a la historia y la comunicación me ha permitido meterme en la realidad de los lectores, lo que no es habitual en mi profesión. No sólo es importante saber historia, adquirir conocimientos; también es necesario saber contar las cosas. En este libro hago un llamamiento para que los mayores sirvan de ejemplo a los más pequeños para fomentar la curiosidad intelectual. El libro, a veces trufado de ternura a través de las ilustraciones de Julius, apela al sentido del humor, que es una de las grandes aportaciones de Europa a la cultura.
-¿La historia no depende sólo de quién la cuenta sino de a quién se le cuenta?
-Es otra variante. La gran asignatura pendiente de los historiadores en España no es su nivel de conocimientos, que ya es muy alto, sino la dificultad para transmitirlos. Debemos hacer un esfuerzo de divulgación. Entiendo que es difícil, pero es que, además, debemos comprometernos con lo que decimos. La historia no es incolora, inodora e insípida, debe tener color, rigor y compromiso.
-La alta cultura en España, sin embargo, parece que si se hace accesible se mira mal.
-Yo he dirigido 70 tesis doctorales, pero se me reconoce más por mi labor como divulgador. Sin embargo, para contar algo hay que saber dominarlo. En España parece que lo más oscuro es lo más profundo. Cuando participas como jurado de una tesis doctoral en Inglaterra se te pregunta si está bien escrita. En España no, y a veces incluso se prefiere lo contrario, y eso es gravísimo. Y lo mismo pasa con la deserción de los intelectuales de los medios de comunicación, quizá por miedo a mancharnos con la actualidad puntual. Por ejemplo, sorprende que los intelectuales callen en temas como el de Cataluña. Sorprende que no haya una respuesta. Al margen de lo que uno pueda pensar sobre la independencia, el manifiesto soberanista aprobado el 23 de enero por el parlamento catalán está basado en hechos históricos, o mitos, y mezcla churras con merinas, manifestaciones con guerras, se emplean anacronismos y eso nadie lo denuncia. Hay un silencio por parte de los intelectuales o, por ejemplo, por parte de la Academia de la Historia.
-¿Qué le parecen las críticas al Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia?
-Ese texto es una barbaridad, está fuera de la realidad. Plantear un diccionario en 50 tomos es algo extrañísimo, yo no sé quién va a comprar eso, ni los departamentos de historia lo están haciendo, por no hablar de la descoordinación a la hora de escoger las voces. Es un verdadero despropósito.
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