Fuente: Arriba, un guardia civil inspecciona naranjas de procedencia dudosa. Abajo, venta de naranjas y mandarinas a precios sospechosamente demasiado bajos. :: lp
La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) ha advertido contra la actividad de algunos compradores de naranjas que ofrecen a los agricultores precios más caros que los que rigen en el mercado, con la intención clara de hacerse rápidamente con la fruta, pero luego no la pagan a sus dueños.
La Unió de Llauradors ha pedido un mayor control en almacenes sospechosos de comercializar cítricos robados.
Son dos caras de un mismo problema que acaba desembocando en la economía del agricultor. En unos casos, resulta víctima de estafa o engaño; en otros, le roban directamente el producto.
En ambas situaciones, esa fruta conseguida sin coste inicial en el campo genera un problema adicional: se puede comercializar a precios más bajos y acaba vendiéndose al público a precios de saldo, lo que provoca serias distorsiones en el mercado e impide que las cotizaciones de las ventas normales y legales puedan subir.
Desde AVA se ha advertido a los citricultores que extremen las precauciones a la hora de vender sus naranjas o mandarinas, porque se ha detectado la actividad de compradores que ofrecen a los agricultores cotizaciones especialmente tentadoras, notablemente más elevadas que otros, pero luego no pagan lo que compran.
Ya existen cerca de veinte denuncias formales contra determinados comercializadores y las fuerzas del orden les investigan para recabar pruebas en su contra, por lo que es de esperar que todo ello acabe en el juzgado y lleve a sentencias que aparten de la actividad a quienes operan de este modo.
Mientras tanto se intenta que el agricultor esté sobre aviso y no ceda su cosecha a quienes no le ofrecen plenas garantías. Una vez más hay que insistir en que se debe vender solo a comercializadores que ofrecen seguridad de pago, bien porque se trata de firmas comerciales conocidas de sobra por su larga y seria trayectoria, bien porque, ante la duda ocasional, se exijan avales bancarios antes de recolectar, y si no se aportan, desistir de vender a ciegas.
Hay que tener en cuenta que la inmensa mayor parte de los compradores son serios y cumplidores, únicamente una parte muy minoritaria acaba sorprendiendo desagradablemente a los productores. En ocasiones ocurre que alguna firma que llevaba una trayectoria sólida cae en dificultades económicas y acaba en concurso de acreedores. Esa es una circunstancia contra la que nadie queda a salvo para siempre. Ahora bien, lo que resulta fácilmente evitable es incurrir en una venta prácticamente fallida desde el principio al dejarse deslumbrar por precios hinchados.
Si alguien ofrece comprar naranjas a precios que se ven enseguida que son muy altos para lo que se conoce de alrededor, y encima no se sabe nada sobre quien compra, ni da garantías bancarias, ¿no es para dudar sobre el buen fin y eludir broblemas?
Sin embargo es algo que se reproduce cada año. Aparecen compradores que tientan a unos y a otros y luego no pagan la fruta. Es el caso que ya han sufrido muchos citricultores que han presentado denuncias, porque pasó de sobra el plazo consignado para el cobro, los pagarés recibidos no eran buenos y cuando han llamado a los responsables nadie les atiende ni ofrece razones.
La Unió ha remarcado que «junto a empresas comerciales consolidadas y profesionales, en el sector citrícola existen otras con cierto riesgo para el agricultor al que compran, o que se dedican a adquirir directamente fruta sustraída. Por ello ha reclamado a la Delegación del Gobierno que las fuerzas de seguridad redoblen los controles y vigilen los almacenes sospechosos, revisando la documentación pertinente, sobre todo el DATA, que se ha convertido en el instrumento más efectivo para determinar la trazabilidad de los productos y poder determinar si su procedencia es correcta o ilegal.
De hecho, los equipos ROCA de la Guardia Civil ya han efectuado múltiples detenciones de ladrones de naranjas y mandarinas y de receptadores de dicha mercancía, desarticulando sus redes y poniéndoles a disposición judicial.
Lo más habitual es que los ladrones de naranjas las vendan a compradores intermedios que suministran a industrias de zumo, en cuyos puntos de recepción conviene realizar las inspecciones para casar las informaciones de los DATA y comprobar si los datos son correctos o no.
Pero también se roban naranjas de mejor calidad para venderlas en tiendas, o se suministra a éstas fruta seleccionada en los montones que inicialmente iban para industria. En todos los casos resulta básico comprobar la trazabilidad de los artículos y es apreciable que los agentes encargados de ello han adquirido gran experiencia para conocer y diferenciar distintas variedades y apreciar a simple vista si el género ha sido debidamente alicatado o se ha cogido 'a tirón', lo que ya es indicio para sospechar.
Del mismo modo cabe dudar si se mezclan naranjas o mandarinas de distintas variedades y calibres, o si se encuentra a la venta lo que, por ofrecerse a precios demasiado baratos o por la premura en la recolección, que debe ser más tardía, no es lógico que la haya puesto a circular su legítimo dueño.
Todo ello exige, sin embargo, un alto índice de especialización para poder distinguir con rapidez y eficacia de qué se trata y obrar en consecuencia, por lo que sería aconsejable que las propias organizaciones agrarias contribuyeran a adiestrar en tales cometidos específicos a los agentes dedicados a esta labor.
las provincias
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