28/01/2016
La pérdida de 250 millones no merma la productividad de las universidades
Un informe del Ivie destaca que por cada euro invertido en el sistema público se retornan 2,6 a la sociedad
En cifras, entre 2010 y 2014 los ingresos totales del sistema público han pasado de 1.311 millones a 1.064 (-247), en gran parte como consecuencia de la reducción en las transferencias de la Generalitat (-162). De manera más concreta, los recursos captados para proyectos de investigación descienden en 30 millones y los dedicados a la transferencia (la aplicación práctica del conocimiento científico) en diez.
¿Cómo es posible que el impacto no haya sido negativo? El informe destaca que se han producido mayores esfuerzos a nivel interno y se ha mejorado la productividad, aunque reconoce malestar entre el colectivo docente y de servicios, que desde 2010 ha perdido a medio millar de profesionales. En datos, las universidades públicas valencianas en su conjunto son un 11% más productivas que la media estatal, sobre todo en el apartado de transferencia (hasta 30 puntos).
Respecto a la docencia, se destaca el incremento de titulados en relación al total de alumnos, una subida que se duplica en el caso de los másteres. Y sobre todo se pone el foco en la ratio de egresados por profesor, que se mantiene pese a los recortes. Es decir, los mismos resultados con menos recursos, de ahí que el informe hable de un aumento de la eficiencia. También se obtuvieron buenos indicadores de rendimiento del alumnado (con datos hasta el 2013-2014). En cuanto a actividad investigadora, se destaca el aumento de publicaciones científicas en las revistas especializadas de mayor calidad e impacto. Además, se habla de un avance en cuanto a su internacionalización, si bien también se insiste en que la reducción de los recursos ha obligado a eliminar líneas de trabajo.
Respecto al impacto de la actividad universitaria en la Comunitat, sirve un dato elocuente: por cada euro invertido por la administración se devuelven 2,6 en concepto de mayor recaudación de impuestos. La idea es que el universitario consigue mayores tasas de empleo y disfruta de mejores salarios (hasta un 50% superiores a la media), lo que deriva en retenciones más altas.
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