23/08/2016
Estos centrales son una ruina (Valencia C.F 2 - 4 Las Palmas)
Las Palmas desnuda la realidad del Valencia con tres goles en 15 minutos
El centro de la defensa es una cornada en la femoral. El problema no está en la calidad de los centrales titulares. Aquí hay unanimidad. Es obvio que no son lobos de mar. Son polizones en un barco con utópicas aspiraciones de Champions. Lo que no se puede tolerar es la falta de entendimiento. Lo que se debe entrenar en Paterna cada día. Ayer, el equipo fue el espejo de una desesperante pretemporada. Alejada de la planificación exigida. Las prisas ahora son malas consejeras. Al cuarto de hora, con el marcador a favor gracias al gol de Mina a los cinco minutos, Abdennour se fue a tierra extraña a arrollar a Boateng. Pegado a la banda derecha. Ni se llevó al jugador ni al balón. A partir de ahí deambuló para recuperar la posición. En ese tránsito, Vezo le hizo un gesto para que se quedara en el centro del área. El luso desorientó al africano. El caos abrió la puerta de los cielos a Las Palmas. Centro y gol de Livaja. La misma canción de la temporada pasada. Lo que parecía una noche plácida gracias a Mina en una angustia ya conocida. Desde el día del Ilves finlandés se veía venir el cataclismo.
El Valencia no ha cumplido este verano. El dueño, la secretaría técnica o quien decida el nombre y la cantidad de fichajes. Ayestarán compone con lo que tiene. El primer renglón de drama de la temporada pasada estaba en el mismo sitio donde el Valencia se pegó ayer el tiro en el pie. En tres meses, quien gestiona el club ha sido incapaz de ponerle un torniquete a una femoral que pierde sangre a chorros. Otra vez Livaja, un croata errante que fichó el Inter de Milán en edad juvenil, enredó a Vezo y Abdennour en otro centro por la derecha rival. El salto al alimón de los dos centrales dio pie a una segunda jugada que Vicandi Garrido interpretó como penalti tras el desmayo de Castellano. Gol de Viera. No era falta pero Cancelo pecó de bisoñez en sus movimientos dentro del área. El Valencia se cayó a plomo. Desde sus cimientos. Por la fragilidad de una defensa de cristal. Desconjuntada. Un peligro de muerte en un campo de fútbol. Competir así es asomarse cada jornada al precipicio. La alegría tras el gol de Mina a la salida de un córner se transformó en un déjà vu. Más de lo mismo.
El Valencia comenzó bien. Solidario. Con apertura a las bandas. Gayà está de vuelta. Gran noticia. Y Martín Montoya tiene oficio. Suficiente. Enzo ha asumido galones y Medrán dará momentos de satisfacción. La presión arriba fue aplaudida. Empollada en Paterna. Donde se entrena para ganar partidos. Cuando el paso de los minutos parecía encarrilar el partido llegó el rosario de goles de Las Palmas. Livaja, Viera y el tercero, de Boateng con la cabeza a la media hora de partido. Tres tiros, tres goles en un cuarto de hora. Máxima efectividad y cero paradas de Ryan en la primera parte. A los canarios el ‘tempo’ de Mesa les bastó. El mal del Valencia es crónico. El segundo gol de Mina llegó a trompicones. El conjunto blanquinegro perdió el orden y jugó a impulsos.
El fin de la primera parte fue lo mejor. Medidas urgentes. Drásticas. Lo ideal hubiera sido sacrificar a la pareja de centrales. En el banquillo sólo había un sobrero. Vezo fue declarado culpable y Mustafi salió a remar y para hacer menos malo a Abdennour. Empujar con Las Palmas esperando las contras. Mina tuvo el empate y el triplete en sus botas. Falló la ocasión más dulce que tuvo. La sacó Javi Varas. Las acometidas fueron continuas. Pero sin orden. Sin la pausa necesaria para encontrar la mejor opción. Balones al área. Como último recurso. Entró Bakkali para abrir más el campo. Cancelo completó atrás una banda derecha voluntariosa pero anárquica. Por la izquierda, Gayà todavía no ha afinado su rosca. Las ocasiones se multiplicaron para una deficiente definición. El empate era el mal menor. Con tanto balón al área era obligada la presencia de Mir. Alcácer era un islote canario. Salió el chaval. Pero Abdennour llegó al área rival para enredar y volverla a liar. Las Palmas a la contra se encargó de ejecutar a un Valencia que era tan básico y vulnerable como la temporada pasada.
Los deberes que no se han hecho en tres meses hay que solucionarlos en lo que queda de mercado veraniego. Presentarse en los campos de España con semejante defensa es ir directo al matadero. Mucho trabajo tiene Ayestarán por delante pero más García Pitarch para cumplir con lo prometido. Mestalla no merece el sufrimiento. La goleada en contra de ayer no es el compromiso con el que se pidió perdón a la afición. El arrepentimiento de Meriton tras la mala campaña no puede ser creíble si la toma de decisiones no es acorde a la solución del drama. Por Mestalla la vida no ha cambiado al final del verano.
las provincias