05/12/2016
El Valencia sonroja su historia
Fornals empuja en el último minuto al equipo de Prandelli al borde del descenso
Prandelli -seis puntos de 21-, que empujó a su once al desastre con sus erróneas decisiones desde el banquillo, maneja un equipo que es una calamidad. El drama de cada fin de semana. El Valencia ha entrado en una situación de caos absoluto. Deficiente en el plano deportivo, errático en el área ejecutiva y deprimente a nivel social.
Las malas decisiones tomadas en los despachos han convertido la grada de Mestalla en una junta de vecinos, donde unos y otros se echan en cara las miserias sin caer en que por encima de todo está la entidad. El Valencia necesita a su afición, más que nunca, y es la hora de aparcar los pros y los contras para salvar a un club que va en caída libre hacia un remolino que desemboca en Segunda. «Es imposible que el Valencia descienda, hay peores», se intentan convencer muchos.
La realidad es que en la jornada 14, el equipo está ubicado bajo el dintel del descenso. Las decisiones de unos y otros se han cargado la magia de Mestalla. Esa dosis extra que empujaba al equipo. Ayer, la imagen de la grada fue de las más tristes que se recuerdan. De velatorio.El gol en el último minuto del partido no sirve de excusa. Lo extraño es que el tanto no llegara antes. El Málaga lo mereció, por encima de todas las cosas. Incluso hizo más por ganar. La segunda parte del Valencia fue ruin. Propia de un equipo roto, descosido por todas las costuras. Los de Prandelli se echaron (o los echaron) atrás para el suicido colectivo.A los dos minutos, Fornals, el único valenciano en los onces titulares -otro de los dramas, el de la falta de identidad- puso al Málaga por delante tras engatillar desde la frontal del área un balón que salió rechazado desde el culo de Abdennour. Uno de los tantos de la jornada. Nada nuevo para el Valencia, incapaz de cerrar su portería y con la obligación de remar una vez más. Como cada semana.
Los de Juande Ramos se presentaron en Mestalla con un equipo de circunstancias. Lleno de bajas. Con más de medio equipo en la enfermería. A priori, tan sólo les salvaba el temple de Camacho, por donde pasa la vida y la muerte del Málaga. El mediocentro, que en su día deseó el Valencia, se marcó un partido de puerta grande con el apoyo de Fornals. Además, Juande Ramos ayudó con esas decisiones extrañas de entrenador para sentar al intocable Kameni en favor del desconocido Boyko.Rodrigo suavizó el drama minutos después del tanto del Málaga con un cabezazo de manual a centro de falta de Parejo. Un empate en un partido dominado por la anarquía pero con un Málaga más fiel a su estilo.
El Valencia ha pasado de querer el dominio del balón con Ayestarán a buscar el contragolpe con Prandelli. Esta plantilla, conforme está confeccionada, no sirve ni para una cosa ni para la otra.Los andaluces cargaron por la banda izquierda de Siqueira. Todos los técnicos van a ir a ese flanco porque saben que es donde está la clave del éxito. Ontiveros, una de las revelaciones de esta Liga, lo intentó mil veces pero ayer no anduvo fino.
Cada llegada rival era una taquicardia en Mestalla. Pero las cosas se pusieron de cara para el Valencia, que logró remontar con una llegada desde atrás de Medrán a un centro de Parejo que tocó un defensa. El chaval es otro de los que han llamado a la puerta y han aprovechado su oportunidad. Después, Siqueira sacó en la línea un balón que era gol. El equipo se fue a la ducha con el marcador a favor mientras Mestalla exhibía que hoy en día es una afición dividida. Feo ambiente en la grada y mucho naranja en las butacas. Mal síntoma.
En la segunda parte, el equipo se desmoronó. A bloque. No le interesó el balón. Y se apelotonó en defensa con el único objetivo de salir en velocidad para matar el partido. Hubo alguna oportunidad, poco clara y aislada, pero con la pizca de esperanza de que cayera otro gol. El Málaga, mientras tanto, creció por minutos. Agobiante. A empujones. Con el hambre de querer ganar un partido que veía que si se le iba sería injusto.
Prandelli, desde el banquillo, trató de recomponer filas pero con decisiones tan torpes como determinantes para el resultado final. Sacó a Parejo del campo, el hombre que no se había perdido ni un minuto de Liga. El único futbolista que es capaz de tener criterio con el balón. Retiró al capitán para darle otra oportunidad a un Fede Cartabia que hace tiempo que ni está ni se le espera. Colocar al argentino en el eje del sistema del Valencia es un disparate. Mientras tanto, Carlos Soler veía en la tribuna el partido con el chubasquero calado hasta los ojos. El chaval, un mediocentro puro, es carne de descarte. ¡Denle la alternativa! Es cierto que el fondo de armario del Valencia es de mercadillo. La nada. Pero hay chicos con más pasión que aquellos que deambulan por Mestalla. Sólo buscan una oportunidad.
El Málaga apretó. Cada córner fue la antesala del drama. Garay le robó el gol a Mikel Villanueva y Gayà se la jugó con un roce a Duda dentro del área que estuvo en un tris de ser penalti. Prandelli sacó a Mina por Munir. El gallego, un jugador a recuperar, salió en los minutos calientes del partido. Tiene tanta ansiedad que se durmió en la defensa de Fornals. Cuando parecía que la victoria iba a ser psicológica por encima de todas las cosas, el castellonense, otra vez, empalmó un balón sin oposición dentro del área para cincelar otro drama. El último minuto hizo justicia en Mestalla. El Valencia fue esclavo de su mal juego y cautivo de la mala elección de Prandelli. El equipo bordea los puestos de descenso, hundido y a la espera de que la Real Sociedad gane hoy en Riazor.
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