05/01/2016
515 kilómetros entre volcanes
El valenciano se convirtió el pasado 29 de noviembre en uno de 36 valientes que cruzaron la meta en Hawái. Sólo nueve meses antes, había completado con éxito su primer Ultraman, en Florida. Esta modalidad se trata de un triatlón llevado al extremo y que se disputa a lo largo de tres días. Tortajada va adquiriendo un bagaje que le invita a mirar hacia nuevos desafíos.
«Después de hacer el de Florida, ya sabes a qué te enfrentas y vas mejor preparado. También tiene sus contras, porque cada día sabes lo que te queda por delante. Pero me encontré mucho mejor. Aunque fue más duro, lo disfruté más que Florida. Estuve menos nervioso», admite este atleta de 30 años.
La orografía y la climatología de Isla Grande, la de mayor tamaño de todo el archipiélago de Hawái, hacen del Campeonato del Mundo una prueba de altísima resistencia. 'Big Island', como es popularmente conocida, se ha ido formando por el efecto de cinco volcanes, algunos de ellos todavía activos: Kohala, Mauna Kea, Hualalai, Mauna Loa y Kilauea.
«Es una isla súper rara. Había momentos en que estábamos corriendo a 39 grados. Y otros en que estábamos a 13 y me tenía que abrigar. O pasaba de hacer un calor infernal a llover. Y la lluvia se agradecía. Dependiendo del lado de los volcanes en que estés, te encuentras una temperatura u otra», explica Tortajada, el primer deportista de Valencia en competir en Ultraman.
La prueba se divide en tres días: el primero son 10 kilómetros nadando y 145 en bicicleta; el segundo, 276 pedaleando; y el tercero, 84 corriendo a pie. En total, 515. Y hay un tiempo límite de 12 horas para concluir cada jornada.
Tortajada, quien empleó algo menos de 11 horas cada día, terminó en el puesto 25: «Mi objetivo es acabar, pero aun así salió mejor de lo esperaba. Fenomenal».
La etapa inicial resultó una odisea. «El primer día fue el más duro. Correr los diez kilómetros en agua salada es muy duro con las corrientes que hay en Hawái. Y nos salió un agua muy movida. Y después, en bicicleta, 145 kilómetros con 2.400 metros de desnivel positivo. Era todo subir y subir», recuerda.
En absoluto se le pasó por la cabeza tirar la toalla, pero sí hubo trances. «El primer día, tragamos bastante agua salada y al salir vomité. Entonces dejó de entrarme alimento en el estómago y el cuerpo no me iba. Íbamos subiendo en bicicleta y, en algunos momentos, no podía pedalear y paraba. Lo bueno es que me sobraba bastante tiempo», señala.
En el segundo día, sufrió de lo lindo: «Llegabas al kilómetro 250 y era todo de bajada. Yo pensaba dejarme caer hasta la meta. Pero la bajada fue súper peligrosa y lo pasé fatal. Soplaba un aire muy fuerte de lado y nos llevaba al carril contrario. Además estaba lloviendo».
La jornada final se desarrolló en un ambiente inhóspito: «Hacía muchísimo calor. Alrededor no hay nada verde, nada de sombra... Parece que vas por el infierno corriendo». Ningún problema físico se interpuso en su camino: «Siempre te duelen partes del cuerpo, pero lesión ninguna». Al ser el Campeonato Mundial de Ultraman, se dieron cita algunos de las figuras de esta disciplina.
«Había auténticas bestias. Había algunos que llevan ocho o 15 Ultramans de Hawái. Son máquinas absolutas», recalca Tortajada, el único representante nacional junto al catalán Toni Marsal: «A última hora, uno de los referentes en larga distancia, que es el argentino Juan Craveri, no pudo ir por temas personales. Y algunos fallaron a última hora. Por eso fuimos 36 en lugar de 40».
El valenciano viajó a Hawái arropado por su equipo de trabajo: el nutricionista Carlos Ferrando, el fisioterapeuta Cristian Contador y David Baldoví. «Durante los tres días de la prueba, decía a mis compañeros: «¡No vuelvo a hacer un Ultraman!». Y de hecho me lo grabaron varias veces. Y ahora ya estoy diciendo que, casi seguro, el año que viene vuelva. Ha sido una experiencia increíble», reconoce Tortajada.
Al margen del Mundial, hay tres Ultramans en todo el mundo: Australia, Florida y Brasil. «Por haber terminado Hawái, ahora ya puedo ir al que quiera. Por eso hay muchas probabilidades que el año que viene vuelva a Hawái», avisa.
Pero también surge otro tipo de desafíos en su horizonte: «No me importaría irme a Nepal y, no subirme al Everest porque tienes que estar muy preparado, pero sí vivir la experiencia de estar allí 15 o 20 días y por lo menos subir a la base dos».
Tortajada se ha propuesto explorar sus límites: «Para 2017 o 2018 me gustaría hacer el Marathon des Sables. Son unos 250 kilómetros en varias etapas corriendo por el desierto de Marruecos. Dura siete días. Y con autosubsistencia. Vas con tu mochila y te vas alimentando de lo que lleves». Espíritu aventurero.
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