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08/11/2016

La música electrónica avanza en Valencia

La música electrónica avanza en Valencia
A principios de los años 80, surgió en Valencia una de las escenas musicales más transgresoras y populares de la historia reciente de España. Se construyó sobre los cimientos de la llamada «movida valenciana», que ya había puesto a la región en el mapa sonoro durante los últimos años de la década de los 70.

Valencia se convirtió, durante unos años, en puerto de entrada al resto de la Península de los sonidos más innovadores de Europa, y aprovechó ese contexto para formar su propia cantera de artistas. Años más tarde, la denominada 'Ruta Destroy' o 'del bakalao' se disipaba lentamente por la creciente percepción de que sólo se trataba de drogas de diseño y música en volumen alto. A finales de los 90, la presión mediática, las sobredosis y la masificación convirtieron la escena en un pequeño grupo de macrodiscotecas que cada vez apostaban menos por la calidad y la creación.

Desde entonces, los intentos por reanudar el espíritu de la 'movida' han caído en saco roto a causa de la economía, la calidad de las propuestas o la simple falta de atracción a un público suficiente. Sin embargo, cuando la oferta nocturna de la ciudad se notaba más homogénea que nunca, una serie de promotoras, artistas y melómanos empezaron a hacer camino al andar e importar el espíritu del 'clubbing' moderno de ciudades como Londres, Berlín, Barcelona o Amsterdam.

Una de las primeras piedras fue el Jerusalem, un local situado a pocos metros de la plaza de España recuperado especialmente para albergar propuestas musicales con una estética muy cuidada y dándole mucha importancia a lo audiovisual. La sala se preocupó por programar artistas nacionales e internacionales emergentes con un mimo especial. Sin embargo, tan solo unos meses después, la sala cerró y acabó albergando conciertos de pop y rock.

También se hicieron hueco en el imaginario clubber local las fiestas 'SENS' y el festival Volumens, que tuvo lugar en marzo de 2015 y del que no se conoce ningún detalle ni fecha de su segunda edición.

La percepción de la Ruta Destroy juega en contra de los actuales protagonistas

Actualmente, el club Oven de La 3 es una de las iniciativas más consolidadas. David López 'Pinup', el director creativo, busca que su programación cuente con un sonido que circule en el house más underground y con cierta fijación en los clubs berlineses. Promovido hace más de dos años en una de las salas más populares de la ciudad, López admite que el interés por esa música se ha creado casi de la nada. «Al principio, el público eran artistas y productores valencianos, los únicos que conocían a los artistas que traíamos. El boca a boca ha hecho que podamos mantener con éxito una sala para 200 personas», asegura. Una propuesta similar a Oven es Caravaca, en Nylon, que adaptó su sala para ofrecer los sábados una programación más especializada en busca de los nuevos clubbers.

La propuesta más transgresora e innovadora es el Club Gordo, que habita los viernes en la sala Látex. El colectivo que lo gestiona cuida cada detalle para preservar el espíritu clubber más puro. «Nos dimos cuenta de que en Valencia era más fácil ganar dinero facilitando al público la entrada a sitios con música conocida y ofertas que seguir en la línea de aporte educativo que ofrecían clubs de música que no se fijaban en las modas», indican sus responsables. Gordo tiene normas: el cartel es secreto, no se permiten fotos ni vídeos. Lo importante, según dicen ellos, es el club y lo que pase dentro de él.

Huyen del apoyo público, las grandes empresas y las macrodiscotecas

Fayer, actualmente en la sala Moon, es, tal vez, la fiesta más consolidada. No solo promueven eventos desde 2011, sino que en dos años ya contaban con una discográfica y varias referencias de éxito. Sus fiestas juntan a reconocidos productores internacionales, como Jamie Jones, con artistas locales. Consiguen reunir -de media- a unas 1000 personas. Leonardo Corella, uno de los máximos responsables de la iniciativa, suena inconformista: «Nuestra visión a medio/largo plazo es convertir Fayer en una marca global que nos permita viajar por los mejores clubs y festivales del mundo con nuestra filosofía de calidad musical como bandera». Su perspectiva internacional y el flujo de público que manejan les diferencia del resto, aunque no renuncian a que la cultura clubber siga siendo un pilar fundamental de su propuesta.

Edu Imbernon es el pilar de Fayer Records, además de pinchar en todas las fiestas de la promotora. Este productor se ha convertido en el máximo exponente valenciano de la electrónica avanzada y se ha hecho hueco en el cartel de festivales de referencia mundial como Coachella (EE.UU.) o Tomorrowland (Bélgica). Se formó en Valencia desde muy joven, pinchando en raves y clubs. Poco después de cumplir la mayoría de edad, se mudó a Berlín para aprender la profesión. Antes de cumplir los veinte años ya tenía su primer éxito mundial, 'El Baile Alemán'.

Esquivar los prejuicios

La historia no ha hecho justicia con la ruta. Las drogas y el desfase acabaron ensombreciendo la pasión por crear, salir y escuchar música, por explorar nuevos sonidos. Los precedentes juegan en contra de los actuales protagonistas, que sienten una notable diferencia de percepción entre la generación que vivió el bakalao y los más jóvenes.

Pero, ¿cuál es la realidad de los clubs? Susana Rodríguez es una joven anónima que frecuenta algunas de las propuestas citadas.» Voy a estas fiestas y no a otras más comerciales porque busco algo más alternativo alejado de las modas», explica.

En estos clubs encuentra un sitio donde lo importante, ante todo, es la música y pasarlo bien.

El público es algo heterogéneo en cuanto a edad o estética. Sin embargo, todos los entrevistados coinciden en dibujar a un asistente implicado y amante de la música, consciente de lo que está escuchando.

«No buscamos ningún tipo de apoyo más que el del público que nos entiende. Hacemos que el club sea así por puro amor al arte». Así responden desde el Club Gordo cuándo se les pregunta si buscan apoyo institucional.

Es una constante en todas las propuestas. La escena, según ellos, se tiene que construir sola, con la única ayuda de la calidad de las ofertas y la demanda del público. La filosofía clubber busca constantemente su autenticidad, hacerse a sí mismos. Huyen de lo público, de las grandes empresas, de las macrodiscotecas.

Corella, desde Fayer, es el único que apunta una posible mejora: «Algo que podría hacer la administración es equiparar los eventos a conciertos normales y poder gozar así de algún tipo de subvención o ventaja fiscal».

Sin embargo, y paralelamente, el número de festivales de verano ahoga muchas veces las propuestas para el resto del año, lo que impide que los artistas puedan vivir independientemente de sus agostos. Las citas estivales son las que dan dinero, la filosofía clubber es más romántica.

Más de cerca que nunca

Después del trabajo lento pero constante de las distintas iniciativas, no suena tan aventurado decir que Valencia vuelve a tener una escena electrónica que pretende consolidarse. El siguiente paso es destacar, exportar productores, canciones, iniciativas y, en definitiva, un sonido reconocible.

«Habrá cantera de artistas en breves. Ya hay DJs residentes de 23 años pinchando electrónica avanzada, y el público se rejuvenece poco a poco», reconoce David Pinup. Imbernon hecha en falta productores aunque «ya hay muy buenos DJs». Susana apuesta por el futuro. «Los clubs tienen público y la gente local que pincha ha dejado de atraer únicamente a sus amigos y conocidos del mundillo», añade.

La oferta desde 2011 se ha multiplicado, y lo más importante, se mantiene con asistentes y mucha actitud. La conexión entre promotores, artistas y público, además del relevo generacional en la noche, está dando paso a un nuevo panorama en la ciudad. Preguntado por cuál sería el modelo a seguir, Edu Imbernon no duda en combinar Londres y Amsterdam: «El primero es donde se encuentra la mayoría de la industria actual, y Holanda es un país que cuenta con una cultura clubber envidiable».

Mientras, aquí ya se cuenta con iniciativas y discográficas. Para lograr el «sonido Valencia» solo falta que se despierte esa creatividad local que se percibe, pero que nunca trasciende lo suficiente. Parece que ya no hay excusa.


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Alberic renueva su apuesta solidaria para que todas las familias cuenten con un puchero navideño

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Alberic renueva su apuesta solidaria para que todas las familias cuenten con un puchero navideño

Ninguna familia de Alberic sin puchero navideño. Ese es el propósito de la renovación de la campaña que, desde hace años, particularizan los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Alberic y que cuenta con una gran acogida, tanto por los beneficiados como por el resto de la población, que valora el acto de solidaridad en unas fechas muy especiales, que este año, además, estarán enmarcadas en la recesión económica como fruto de la pandemia del Coronavirus. “Un putxero per Nadal” ha permitido desde hace años (y también este) suplir las carencias de las familias más necesitadas del municipio, a las que el consistorio entregará un vale canjeable en los comercios locales para que adquieran los alimentos necesarios para cocinar un típico plato navideño en fechas tan señaladas. La solicitud con la documentación para acceder al donativo se tendrá que presentar desde el 12 al 25 de noviembre. Para poder optar a los alimentos, las familias deben cumplir unos requisitos que permiten a la corporación municipal comprobar el grado de necesidad. Entre las medidas que se exigen figura estar empadronado en la localidad, presentar la solicitud junto al certificado de pensiones, el del Servef y la última nómina en el caso de trabajar. Después del proceso, los seleccionados recibirán un vale mediante el cual podrán adquirir en los comercios de Alberic los alimentos para elaborar el puchero. “La propuesta nació hace ya muchos años y la verdad es que siempre ha disfrutado de muy buena acogida porque es un acto solidario muy bonito en unas fechas de gran tradición familiar. El Ayuntamiento se ha definido siempre por la solidaridad con aquellos que más lo necesitan y, desgraciadamente, la situación de crisis nos hace pensar que pueden ser más los que accedan a este tipo de ayudas porque la crisis del Covid-19 ha provocado que las complicaciones económicas sean mayores entre las familias. Es por ello que ratificamos la apuesta y continuamos nutriendo a los Servicios Sociales para que desarrollen un trabajo hercúleo en beneficio de los vecinos y vecinas de Alberic”, argumenta el alcalde y concejal de Servicios Sociales, Toño Carratalá.             Sin ir más lejos, el Ayuntamiento de Alberic, dentro del Plan de Emergencia y Reactivación Económica para paliar los daños en la economía local provocados por la pandemia del Covid-19, hizo crecer la partida destinada a los Servicios Sociales en 65.000 euros para abastecer las nuevas necesidades ciudadanas. Otras propuestas han permitido diseñar una campaña multiárea en la que también se integran las concejalías de Sanidad de Isabel Beta o la de Seguridad de María Dalmau para coordinar a los agentes locales de la Policía con las técnicas de los Servicios Sociales para tener una mayor presencia junto, por ejemplo, a las personas mayores que viven solas y que por lo tanto no cuentan con la compañía necesaria.