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24/01/2019

La agenda secreta del nacionalismo

La agenda secreta del nacionalismo
Fuente: CARLOS RODRÍGUEZ
Trata de construir una identidad 'valenciana' copiando el modelo catalán y utiliza todos los medios que la Administración pública pone a su alcance | Educación, cultura, fiestas, funcionarios o vía pública, nada escapa a una ideología que ha creado un relato basado en el victimismo

Campamento de verano en un pueblo de la comarca de la Safor. Escolares procedentes de un colegio de línea en valenciano. Un niño le cuenta a su monitora un incidente que acaba de ocurrir con un compañero: «...eixe noi m'ha dit...», ante lo cual ella le interrumpe y le corrige: «No es diu noi, es diu xiquet. En valencià, xiquet, noi és en català». Pero el chavalín -once años- no se arredra y contesta con la convicción del que sabe bien de lo que habla: «català i valencià és el mateix».

No es más que una anécdota, una de tantas incidencias que se registran cada día en lo que desde el Estatuto de 1982 se conoce como Comunidad Valenciana y que ilustra bien a las claras una realidad cada vez más palpable en muchas ciudades y especialmente en aquellos pueblos que se han visto sometidos a una inmersión lingüística en toda regla. No en vano, son ya más de treinta y cinco años desde que el Parlamento valenciano (Les Corts Valencianes) aprobaron tal vez el texto legal de mayor calado y trascendencia de toda la historia de la autonomía, la Llei d'ús i ensenyament del valencià. La identificación que el niño hace entre valenciano y catalán no es más que el resultado de una labor meticulosa y concienzuda, de años de adoctrinamiento en las aulas a partir de unos manuales que juegan interesadamente al equívoco y de un colectivo de maestros en el que un sindicato de corte nacionalista, el Stepv (Sindicat de Treballadors del Ensenyament del Pais Valencià), obtiene más del 50% de representación en las elecciones sindicales, una cifra que está muy por encima de lo que su ideología logra en unos comicios generales o autonómicos.

Las sentencias de los tribunales han impedido la inmersión 'a la catalana'
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Lo que ha imperado en estos años en muchos municipios, donde al haber un único colegio y estar en zona valencianoparlante se ha impuesto la línea en valenciano, es lo que el nacionalismo -es decir, Compromís- querría implantar en todo lo que ellos llaman el Pais Valencià. Enseñanza en «la nostra llengua» mientras el castellano queda como una asignatura más, al nivel de las matemáticas. Su modelo lingüístico es, qué duda cabe, el catalán, aunque la oposición de asociaciones de padres y las resoluciones de los tribunales han impedido la generalización de su sistema a través de los decretos del conseller Marzà, conocido antes de acceder al departamento de Educación por sus simpatías abiertamente catalanistas y soberanistas.

Lo de «la nostra llengua» ya merece un punto y aparte. Quienes utilizan este eufemismo son los mismos que defienden la teoría de que el valenciano y el catalán son la misma lengua, que el valenciano no es más que una variedad dialectal de un idioma que trajo el rey Jaime I en el siglo XIII y los repobladores catalanes que le siguieron. No había aquí una lengua preexistente que se fue adaptando y enriqueciendo con las aportaciones foráneas, todo fue creado ex novo. Entonces, ¿por qué el castellano es una lengua impuesta por los 'invasores' castellanos y el valenciano/catalán es, sin embargo, «la nostra llengua»?

Se subvenciona el catalanismo y se asfixia a quienes niegan la unidad de la lengua
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Poquito a poco, gota a gota, el nacionalismo va haciendo camino, incluso contra los pronunciamientos de los tribunales. En doscientos colegios de la Comunidad, por ejemplo, no se da ni una hora en castellano en la etapa de Infantil, según una denuncia del grupo parlamentario de Ciudadanos. Al parecer, los centros se han acogido a un programa experimental que permite impartir un 90% de las asignaturas en valenciano y el 10% restante en inglés. He aquí el paraíso nacionalista, adiós al castellano, el español, la lengua del Imperio, de los malvados invasores castellanos.

Lo que se intenta imponer en la escuela y va calando en las nuevas generaciones -como el niño que utiliza la forma catalana 'noi'- tiene luego seguimiento en las universidades públicas, donde todo son facilidades para la formación de grupos en valenciano, haya o no demanda. Muchos departamentos se convierten en correas de transmisión de este pensamiento único del valencianismo catalanizado que cuenta con generosas aportaciones de la Administración pública para sus programas culturales y de formación.

Las placas de las calles o los anuncios de la EMT, sólo en el valenciano 'normalitzat'

En los pasillos de algunas facultades es habitual toparse con lazos amarillos en los tablones de anuncios, abundan los actos y conferencias de un sesgo ideológico muy determinado y, al igual que ocurre con los profesores en la escuela pública, las asociaciones de alumnos de izquierda nacionalista obtienen tradicionalmente un amplio respaldo en unas urnas en las que apenas participa entre un 10 y un 20% del censo. En clase, casi nadie se atreve a llevar la contra a esta corriente, a distinguirse, a levantar la mano para decir «no estoy de acuerdo». Impera la ley del silencio, la del miedo.

Cultura monocolor
La cultura en valenciano se escribe desde hace muchos años casi exclusivamente en el formato normalizado, estándar o catalanizado, que promueve el nacionalismo de Compromís y que encuentra, ahora sí, en la Academia Valenciana de la Llengua su más fiel aliado. Compuesta mayoritariamente por elementos afines y con presencia de personajes tan poco dudosos para la causa como el presidente de Acció Cultural del Pais Valencià (brazo mediático-cultural del catalanismo en Valencia), Joan Francesc Mira, la AVL -invento de Pujol, impuesto a José María Aznar y aceptado por Zaplana- ha dejado de ser un problema para convertirse en un pesebre bajo el paraguas del omnipresente pensamiento único.

En la universidad impera la ley del silencio, nadie se atreve a llevar la contra
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Con una radiotelevisión pública entregada y con las entidades defensoras de lo que el pensamiento único llama secesionismo lingüístico (es decir, el valenciano como lengua diferenciada del catalán), Lo Rat Penat y la Real Academia de Cultura Valenciana, asfixiadas económicamente, sin subvenciones públicas que llegan cada semana a Acció Cultural, El Micalet, Escola Valenciana o la Fundació Nexe, el nacionalismo se va quitando caretas, disimulando cada vez menos. Hace unas semanas, el IVAM enviaba una nota de prensa en la que usaba con descaro la forma catalana 'avui', totalmente inusual en un valenciano de la calle que emplea 'hui'. Las concesiones al valenciano coloquial, que durante años funcionaron en la desaparecida Canal 9, van dejando paso al catalán puro y duro. El de 'noi'.

Ni las Fallas escapan ya de la ambición totalizadora de un nacionalismo que como todas las ideologías tiene algo de religión y quiere llegar a todos los rincones. Los típicos llibrets de falla también tienen que estar escritos en 'normalitzat' si quieren acceder a las ayudas públicas.

En la vía pública
Los tentáculos de esta doctrina se van extendiendo poco a poco en todos los ámbitos políticos, sociales y culturales. También en la vía pública. Las marquesinas de la EMT, por ejemplo, ya tienen sus letreros sólo en valenciano, pese al carácter bilingüe de la Comunidad que consagra el Estatuto y la notable presencia de inmigrantes hispanoamericanos en Valencia que no entienden la lengua autóctona. Los carteles de las calles se han ido cambiando como si no hubiera otras prioridades y en todos ellos ya sólo figura 'carrer', no 'calle'. Ya no existe la calle de la Sangre sino el carrer de la Sang. Y hasta algunos topónimos castellanos son traducidos al valenciano en el callejero. Los mismos que claman y exigen respeto a los castellanohablantes que no utilizan las formas valencianas o las catalanas, gallegas o vascas (hay que decir Girona, Lleida, A Coruña...), se permiten traducir a las lenguas regionales los nombres de ciudades o pueblos castellanos.

La hoja de ruta es 'fer país', como hizo Pujol durante décadas para construir una identidad
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Tampoco nadie se puede sorprender a estas alturas. Mientras los aniversarios de escritores valencianos en lengua castellana y con prestigio nacional e incluso internacional, como Azorín o Blasco Ibáñez, pasaron casi inadvertidos por el escaso entusiasmo de las autoridades culturales, las referencias a autores menores o a ensayistas tan dudosos y superados como Joan Fuster (del que Sergio del Molino -'La España vacía' y 'Lugares fuera de sitio'- ha dicho lo siguiente: «El nacionalismo de Fuster es etnicista y segregador y bebe de los pozos más racistas de la doctrina») son constantes en los discursos de unos políticos que sólo tienen en cuenta el hecho de que escriban en su valenciano.

El mayor desafío a la variedad, la integración y cabría decir que al sentido común que en este apartado se ha cometido se produjo cuando el tripartito de izquierdas, populistas y nacionalistas (PSPV, València en Comú y Compromís) que gobierna la ciudad de Valencia decidió cambiar el nombre de la ciudad y valencianizarlo, València, con acento abierto (otra concesión más a la catalanización), pasando una vez más por encima de la voluntad plural del Estatuto de autonomía y su apuesta por el bilingüismo.

En la vía pública aparece una vez más la pretensión de copiar el modelo catalán. Todo en «la nostra llengua», señales, carteles, indicadores, y hasta, algún día, si pueden, los rótulos de los pequeños comercios, utilizando para ello la política de subvenciones que mana generosamente desde la Generalitat y el Ayuntamiento.

La construcción de un relato
Si la educación está férreamente controlada, la cultura apesebrada y la vía pública se va adaptando a la nueva realidad, hay un elemento más que es esencial para 'fer pais', la vía valenciana del «som una nació» que se puso en marcha en Cataluña a principios de los ochenta del siglo XX y que concluyó con un «som república»: se necesita un relato, una buena historia, una narración épica que enganche a los valencianos y, a la vez, legitime las actuaciones emprendidas desde el poder público. Lo primero, una historia a ser posible de sufrimiento y ocupación. El Reino de Valencia habría sido anexionado, ocupado, sojuzgado, reprimido y asimilado a la cultura castellana, aniquilando una cultura y una lengua propias. ¿Cuándo? En la guerra de sucesión (siglo XVIII), que los soberanistas catalanes han reconvertido en 'de secesión', una transformación que a los nacionalistas valencianos les encaja a la perfección, no hay más que ver el fervor con el que celebran el 25 de abril (una derrota) en lugar del 9 de octubre (una victoria).

Felipe V, el rey borbón, continúa el relato nacionalista, arrebató a Valencia sus Fueros, els Furs (un conjunto de privilegios de clase y de estamentos propio de la Edad Media e imposible de mantener en una economía moderna). Y lo hizo tras la batalla de Almansa en la que las tropas valencianas lucharon por el archiduque Carlos (en realidad, en esa batalla apenas hubo presencia valenciana).

El «Madrid no nos quiere» es un elemento clave para distanciarse del proyecto español

La homogeneización castellana infringió una nueva afrenta a los valencianos en 1833, con la división provincial de Javier de Burgos. Esta parte del relato fantástico tiene escaso eco tanto en Castellón como en Alicante, territorios con un fuerte sentimiento provincial, por más que se les intente imponer una nueva estructura comarcal, pero el nacionalismo pasa por encima de los pequeños detalles que no convienen para mantener la tesis.

Finalmente, a lo largo del siglo XX los valencianos habríamos vivido bajo la permanente exclusión y discriminación de un «Madrid» que «no nos quiere», lo que se demuestra por la infrafinanciación valenciana y la falta de inversiones del Gobierno central en la Comunidad. Siguiendo al pie de la letra el modelo reivindicativo de Esquerra Republicana de Catalunya, Compromís reclamaba hace unos meses la gestión de las Cercanías de Renfe , haciendo ver que si el servicio dependiera de la Administración autonómica funcionaría mucho mejor. Tampoco cuenta el nacionalismo que todas las regiones se sienten discriminadas por el poder central, que todas tienen deudas pendientes, proyectos atascados o trenes que -como en el caso de Extremadura- unen sus capitales con Madrid con tiempos de viaje más propios del siglo XIX que de XXI.

Escolares y universitarios bien adoctrinados, intelectuales que cierran filas por la cuenta que les trae, una radiotelevisión pública fiel y un control exhaustivo de la vía pública. Sólo falta conseguir que el potente cuerpo de funcionarios hable, escriba y hasta piense en valenciano. El requisito lingüístico es otra de las piedras angulares del nacionalismo para extender su doctrina a todos los ámbitos de la sociedad.

Esta es la hoja de ruta del nacionalismo para «fer pais», primer paso para, algún día, reclamar un Estado propio. O adherirse a otro que para entonces ya se haya desgajado de España. Pujol necesitó dos décadas y la posterior colaboración suicida del PSC para conseguir que el catalanismo político derivara en independentismo. En Valencia, el nacionalismo llegó a las instituciones en mayo de 2015, todavía es pronto y tal vez no tenga tiempo para alcanzar su objetivo, pero es conveniente saber a lo que aspira cada uno, a dónde pretender llegar, para luego, cuando ya sea tarde, no llamarse a engaño.


las provincias
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Alberic renueva su apuesta solidaria para que todas las familias cuenten con un puchero navideño

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Ninguna familia de Alberic sin puchero navideño. Ese es el propósito de la renovación de la campaña que, desde hace años, particularizan los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Alberic y que cuenta con una gran acogida, tanto por los beneficiados como por el resto de la población, que valora el acto de solidaridad en unas fechas muy especiales, que este año, además, estarán enmarcadas en la recesión económica como fruto de la pandemia del Coronavirus. “Un putxero per Nadal” ha permitido desde hace años (y también este) suplir las carencias de las familias más necesitadas del municipio, a las que el consistorio entregará un vale canjeable en los comercios locales para que adquieran los alimentos necesarios para cocinar un típico plato navideño en fechas tan señaladas. La solicitud con la documentación para acceder al donativo se tendrá que presentar desde el 12 al 25 de noviembre. Para poder optar a los alimentos, las familias deben cumplir unos requisitos que permiten a la corporación municipal comprobar el grado de necesidad. Entre las medidas que se exigen figura estar empadronado en la localidad, presentar la solicitud junto al certificado de pensiones, el del Servef y la última nómina en el caso de trabajar. Después del proceso, los seleccionados recibirán un vale mediante el cual podrán adquirir en los comercios de Alberic los alimentos para elaborar el puchero. “La propuesta nació hace ya muchos años y la verdad es que siempre ha disfrutado de muy buena acogida porque es un acto solidario muy bonito en unas fechas de gran tradición familiar. El Ayuntamiento se ha definido siempre por la solidaridad con aquellos que más lo necesitan y, desgraciadamente, la situación de crisis nos hace pensar que pueden ser más los que accedan a este tipo de ayudas porque la crisis del Covid-19 ha provocado que las complicaciones económicas sean mayores entre las familias. Es por ello que ratificamos la apuesta y continuamos nutriendo a los Servicios Sociales para que desarrollen un trabajo hercúleo en beneficio de los vecinos y vecinas de Alberic”, argumenta el alcalde y concejal de Servicios Sociales, Toño Carratalá.             Sin ir más lejos, el Ayuntamiento de Alberic, dentro del Plan de Emergencia y Reactivación Económica para paliar los daños en la economía local provocados por la pandemia del Covid-19, hizo crecer la partida destinada a los Servicios Sociales en 65.000 euros para abastecer las nuevas necesidades ciudadanas. Otras propuestas han permitido diseñar una campaña multiárea en la que también se integran las concejalías de Sanidad de Isabel Beta o la de Seguridad de María Dalmau para coordinar a los agentes locales de la Policía con las técnicas de los Servicios Sociales para tener una mayor presencia junto, por ejemplo, a las personas mayores que viven solas y que por lo tanto no cuentan con la compañía necesaria.