29/11/2013
Nos queremos a trancas y barrancas
La frustración es grande. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, dirán algunas parejas. Pues todo. Te has echado a un mar bravío en una barquichuela no mayor que media nuez; sin remos ni recursos marineros, y con unos programas capaces de hundir al mejor portaviones. Pero enamorado hasta las trancas, no vemos las barrancas que se nos avecinaban.
La media nuez como barca es nuestro ego, una personalidad falsa construida desde el miedo, sin consistencia ni raíces, que muy bien describe el eneagrama. Nos echamos a la mar bravía solo con buenas intenciones y sobrados entusiasmos, pero sin la luz del conocimiento, ni la sabiduría necesaria para navegar en aguas turbulentas.
La biodescodificación dice que estamos llenos de programas emocionales tóxicos heredados de nuestros ancestros, programas que son capaces de hundir al navegante más bragado. Que de libre albedrío, nada; que nacemos programados, que el libre albedrío hay que sudárselo paso a paso, y en el territorio donde todo duele mucho más, en las relaciones de pareja.
La odisea de Ulises y Penélope, la mejor historia de amor jamás contada, es un claro ejemplo de lo que digo. Véase la película “La Odisea”, léala con las claves del Eneagrama, y vea como el programa de lealtad a la pandilla adolescente les arruina una vida bucólica en Ítaca a la joven y enamorada pareja, a Penélope y Ulises. Después les costó 20 años enderezar el yerro, o sea, madurar. Pero la historia tiene final feliz cuando ambos alcanzan la sabiduría, desactivando esos programas tóxicos y soltando el ego inmaduro. Les costó tantos años porque todo lo hicieron por ensayo y error, desde la ignorancia, a golpes de intuición y muchos palos de ciego. Como todos.
Esta historia de amor, de hace 2.800 años, se ha venido repitiendo a lo largo de los siglos. Nuestra historia particular de amor es lo mismo que esa, con la diferencia de que nosotros no contamos con la pluma maestra de un Homero que la mitifique, que nos la cuente desde la sabiduría del que cuenta con los dioses y con los mitos que le ayudan dándole profundidad, sentido y metáfora literaria a su narración.
Pero la buena noticia es que nosotros no necesitamos 20 años para enderezar el rumbo del amor. El ejemplo y las enseñanzas de esta pareja mítica, así como la de otras muchas, nos enseña a acortar el viaje del héroe. Tenemos un mapa del tesoro que se llama eneagrama. Una barca más segura y unos remos contundentes que se llaman biodescodificación, que mantiene que donde el amor está instalado, el sufrimiento no sucede. Donde tu Yo autentico domina, tu ego no encuentra lugar. Tu ego, tu apariencia, tu máscara, es el que crea toda esa inseguridad, esos miedos y todo ese dolor.
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