23/12/2013
La respuesta biológica: lucha o huye
La otra reacción, la que aquí nos interesa, es la de coger envergadura y peso, para disuadir al posible atacante. Muchas personas, que no pueden huir de una situación difícil, tienden a acumular grasas, líquidos y músculos para defenderse.
En la sabia Naturaleza todos los seres vivos tienen sus depredadores, y de ellos se defienden de muy diversas maneras. Pero los seres humanos hemos desquiciado ese orden natural, convirtiéndonos en depredadores de nosotros mismos. Muchas veces tenemos el depredador en casa, vivimos con él, sea éste nuestra pareja, nuestra madre viuda, nuestro hijo en paro, una cuñada que sigues sin tragar, incluso un compañero en el trabajo, y principalmente tus propios pensamientos negativos y obsesivos. Estas situaciones cotidianas de altos niveles de estrés y agresividad disparan nuestra respuesta biológica inconsciente de engordar.
A esta persona le llamamos depredador no porque él sea una mala persona, sino porque nosotros reaccionamos emocionalmente muy mal a la convivencia con él, teniéndole miedo, ojeriza, envidia, resentimiento, etc. Son nuestros pensamientos y emociones los que crean nuestro malestar. Estas relaciones tóxicas, sufridas durante años, con callada impotencia y miedo, nos terminan provocando sobrepeso, y después, alguna enfermedad.
Esta respuesta automática de la naturaleza, de engordar para defenderse, ya no nos sirve a los humanos, que tan lejos de ella nos hemos situado. De hecho, no solo no nos resuelve el problema de maltrato, sino que nos crea otro problema adicional: el de sobrepeso. Otra razón más para rechazarnos y que nos rechacen, con lo que seguimos bajándonos nuestra auto-estima con lo que nuestro inconsciente activa, aún más, el programa biológico de coger peso para protegernos.
El estrés continuado sí va a estar siempre presente detrás del sobrepeso. Ese estrés se nos nota en nuestra impaciencia, mal genio, protestas, cabreos y resentimientos. No nos queda otra que desactivar estos programas arcaicos, o seguiremos engordando. La biodescodificación te dice cómo hacerlo.
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