23/12/2013
El sobrepeso y la Navidad
En estas reuniones familiares parece que no hemos aprendido ni madurado en todos estos años; incluso no faltará quien te diga que eres el mismo de siempre, cuando tú crees que has cambiado a mejor. La familia es ideal para bajarte la moral. Alguien sabio dijo que en la familia nos queremos mucho, pero nos queremos muy mal; de ahí que las peleas en navidad sean frecuentes, y las estadísticas revelen que aumentan los casos de depresión y suicidio. Al aumentar los niveles de agresión, aumentan los de engorde.
Ese dicho castellano que dice: “La familia y los trastos viejos, mejor cuanto más lejos”, apunta en la dirección de huir, de poner distancia, ya que esto no hay quien lo arregle, y encima engordo si me quedo; “Oye, solo un par de días, eh?”.
En estos ambientes familiares se activan los viejos códigos y hábitos de cuando éramos niños. Volvemos al mundo de mamá, donde la comida era lo fundamental. Nos reunimos alrededor de una copiosa mesa. Las madres querían unos hijos rollizos y de buena color para sentirse buenas madres. Una madre no sabe llevar bien un hijo delgado.
La mayoría de nuestras madres, ya perdida su función principal de criar a los hijos, ya independientes, se aferran a sus artes culinarias y se empeñan en invitarnos a comer los domingos; incluso a echarnos en unas tarteras, para entre semana, esa comida especial que tanto nos gusta. Como las dejes te siguen engordando como cuando eras un bebé. Ellas no cambian el “chip”, ni te dejan a ti cambiar el tuyo, a poco que se lo consientas. Ellas saben a lo que no te puedes resistir. Terrible Navidad.
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