21/03/2013
Los líquidos y la talasoterapia de Quinton
Autor: Profesor Dr. Trino Soriano (Director de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Salud).
Nuestro cuerpo tiene una similitud completa con el planeta Tierra, las ¾ partes del mismo están constituidas por agua, a la vez que debe contener el total de los elementos de la tabla periódica en sus niveles correspondientes para el mantenimiento de la vida.
Para mantener una hidratación normal, junto con la circulación de los elementos, en las debidas proporciones, a través de los líquidos intra y extracelulares, debemos ingerir agua natural de manantial con la más débil mineralización posible, para no cargar nuestro organismo en general, y riñones en particular, con exceso de ciertos minerales, que tanto por su origen inorgánico como por su excesiva concentración, pueden deteriorar nuestros conductos fisiológicos. A la vez debemos ingerir los alimentos naturales que contienen los minerales, oligoelementos e iones necesarios, elevados por la bioquímica vegetal al nivel de nutrientes orgánicos, lo que facilita la asimilación por nuestro organismo, para que así, puedan ser manejados por nuestro metabolismo, y combinados proporcionalmente en el plasma humano, elaborado sabiamente por la naturaleza inteligente.
Tanto el agua del manantial, débilmente mineralizada, como el plasma de los alimentos crudos, que pueden ser ingeridos en su estado natural, son en realidad la base del “agua viva” que necesita nuestro organismo para su equilibrio fisiológico saludable.
Por otra parte, la molécula del agua viva está en cambio constante, y tiene la facultad cuántica de transportar todo tipo de información, tanto a nivel orgánico como vibratorio, ya sean elementos benéficos o perjudiciales, por lo cual, es importante conocer la procedencia del agua y de los alimentos biológicos que ingerimos, además de asegurarnos que los tenemos almacenados en lugar favorable para la vida, desde el punto de vista geo-biológico o ambiental, y que su consumo lo efectuamos en un medio agradable y con buenas vibraciones, al igual que el resto de las funciones de nuestra vida, puesto que todos los elementos o frecuencias que afectan positiva o negativamente al agua y alimentos que la contienen, también afectan a nuestro plasma humano, colaborando directamente en el desarrollo de la salud o la enfermedad.
* Véase el capítulo 10: La Geobiología, y el apéndice: Biología Cuántica.
(Libro “Las Bases Biológicas de la Salud” del presente autor)
Las investigaciones del biólogo René Quinton, posteriormente confirmadas por el cirujano Alexis Carrel (premio Nóbel), demostraron que el plasma humano corresponde exactamente al agua de mar diluida a la tercera parte (unos 11 grs. de salinidad por litro). Este plasma vivo, indispensable para nuestra vida, se prepara mezclando una parte de agua de mar hipertónica, o salvaje, con dos partes de agua de manantial, débilmente mineralizada, con lo cual obtendremos el elemento fundamental, e insustituible, para producir efectos revitalizantes en el organismo, por lo que debe ser utilizado tal cual, al natural, y sin esterilizar por elevación de la temperatura, lo cual destruiría su poder regenerador y terapéutico, alterando sus estructuras salinas, rompiendo las moléculas de H2O y creando, consecuentemente, problemas funcionales en el metabolismo humano.
Utilizando el agua de mar, en la dilución ya mencionada, descontaminada por microfiltración y conservada en ampollas al vacío, o debidamente embotellada, se puede efectuar la sustitución progresiva de nuestro plasma orgánico intoxicado, mediante la ingesta diaria de 100 a 600 ml./día, según recomiende el profesional de salud, dependiendo de la capacidad funcional de cada individuo, y lograr así, la recuperación del equilibrio del pH orgánico, con lo cual, se obtienen beneficios incalculables para la salud y el bienestar humano, siempre y cuando que el régimen de vida tenga como base alimentos alcalinizantes, especialmente de origen biológico, a fin de no contrarrestar la acción reguladora del plasma marino ingerido, debido a la ingestión de alimentos con carga tóxica que acidifican la sangre.
*Véase el capítulo 3: Los alimentos. (Libro “Las Bases Biológicas de la Salud” del presente autor).
A principios del siglo XX se utilizaba el agua de mar diluida a isotonía (distribuyéndose actualmente su envasado en diversas marcas, como el “Quinton Isotónico” fabricado por los sucesores científicos del biólogo francés), tanto en forma bebible como inyectable, sea a nivel subcutáneo o intravenoso, siendo reembolsado el producto por la seguridad social francesa, durante la primera mitad del siglo XX, efectuándose tales tratamientos de depuración plasmática y regeneración celular, en los “Dispensarios Marinos” promocionados por el impulso de René Quinton.
Actualmente siguen existiendo tales dispensarios marinos en países de América latina, África, y Asia, donde se corroboran, con exactitud, las técnicas terapéuticas mencionadas, practicando la Talasoterapia de Quinton, tanto en uso interno (por ingestión, hidroterapia de colon, perfusión subcutánea, transfusión intravenosa, etc.), como en uso externo (mediante baños, aspersión, compresas, cataplasmas, etc.), usos que tradicionalmente tanto han beneficiado a la humanidad. Pero la promoción de tan amplia gama de aplicaciones de la terapia marina no es habitual en Estados Unidos y Unión Europea, donde el desarrollo de la farmacopea química ha cerrado las puertas al agua de mar isotónica, como suero inyectable, legislando su uso solo como alimento bebible, según la ley actual de los intereses creados, que sustituye los elementos naturales por otros sintéticos, totalmente carentes de energía vital, que el organismo humano no es capaz de reconocer ni asimilar al nivel de la materia viva, produciendo, tal desatino científico, una plaga derivativa de efectos secundarios que está haciendo historia.
Cuando se combina el uso del agua marina bebible, con un régimen de alimentación ecológico, bien compatibilizado, rico en suero fisiológico vegetal, evitando el uso habitual de los alimentos animales, y alimentos refinados, o desnaturalizados, se consigue en condiciones normales, regular el plasma sanguíneo con un pH aproximado de 7.38 a 7.40, con lo cual las patologías bacterianas ó virulentas no pueden desarrollarse, ya que según los estudios efectuados en microbiología, todos los procesos infecciosos y degenerativos precisan un pH más ácido que el normal, para desarrollarse, junto con un bajo nivel de oxígeno.
Esta información es muy importante para la calidad de vida de toda la humanidad, teniendo en cuenta que nuestra salud depende, desde el punto de vista bioquímico, de la normalidad del pH del plasma y del equilibrio iónico. Y todo ello queda estructurado en el tejido humano a nivel molecular, mediante el aire puro, los líquidos y los alimentos biológicos que ingerimos; gracias a los cuales, y en combinación adecuada con la depuración intestinal y orgánica, la genética individual y el estado mental positivo, se puede colaborar, de manera evidente, al desarrollo de la salud.
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* Para obtener más información sobre las diversas técnicas, de las ciencias biológica, aplicadas al mantenimiento y recuperación de la salud, lea el libro “Las Bases Biológicas de la Salud” del presente autor.