«Siempre me he sentido culpable por ser rico»
Enrique Eskenazi / Banquero y filántropo.
-A veces no haces las cosas para que te produzcan satisfacción, sino porque sientes que es lo que hay que hacer. Toda mi vida me he tomado como un deber el aporte a la sociedad, y mi posición me hace aún más responsable.
-¿Cómo logró hacerse rico?
-Tuve suerte. La suerte es un elemento fundamental en la vida. Jefferson tenía una frase muy linda: «Creo en la suerte, pero cuanto más trabajo, más suerte tengo». Confío en la suerte natural, que llega como un acto misterioso en ese recorrido milagroso que es la vida.
-Así, por mucho talento que uno tenga…
-El talento es fundamental. Y por eso es preciso dar oportunidades para la educación. Presido cuatro fundaciones educativas creadas por mí y una quinta creada por otros. Siempre he creído que es el único camino para sacar a Iberoamérica de su atraso.
-¿Qué ha hecho su generación por el progreso del continente?
-Pertenezco a una generación decadente… En 1910, Argentina tenía un PIB mayor que la suma de toda Iberoamérica. Siento que mi generación es responsable de nuestra caída, y eso me hace infeliz.
-¿Qué hace un banquero por la sociedad, si un banco sólo sirve al dinero?
-Puedo hablar de mis bancos, no de otros. Mi grupo distribuye parte de los beneficios a través de nuestras fundaciones.
-Tiene un concepto muy alto del papel del empresario...
-Por supuesto que sí. Ser empresario significa crear riqueza dentro de las regulaciones que impone cada gobierno y, en mi caso, guiado por el concepto de responsabilidad social.
-¿No peca de optimismo?
-Cuando uno va hacia un objetivo y es pesimista, sufre todo el camino. Aunque fracase, el optimista por lo menos lo pasará bien: la felicidad está en el camino, no en el objetivo.
-Si su dios no es el dólar, ¿en qué cree?
-En el ser humano. Necesitamos personas capaces de mirar al futuro, pero también de sentirse culpables frente a la sociedad si no le aportan nada. Lo que no se puede admitir es que el hambre sea una maldición bíblica, pues, en realidad, es una cuestión de responsabilidad social que nos incumbe a todos.
-¿Qué puedo hacer yo sin millones ni influencias?
-Le dijeron a la Madre Teresa que lo que hacía era una gota en el mar. Respondió que, si no lo hiciera, al mar le faltaría una gota.
-¿Nunca se ha sentido culpable por ser rico en una sociedad pobre?
-¡Siempre, permanentemente! La gente me dice: «Ingeniero, podría estar en una playa, tiene dinero para vivir como quiera». No me interesa: mi vida tiene sentido en las responsabilidades que tomo.
-«No podéis servir a Dios y a Mamón», dijo Mateo.
-Cuando compré el Banco de San Juan resultó que la sede estaba al lado de la catedral. En medio había un terreno baldío. Fui a ver al obispo y le dije: «Quiero hacer un jardín de rosas en ese lote que nos separa». «Me parece excelente» respondió, «sólo un jardín de rosas puede separar el espíritu de la materia». (Fuente: La Razón)