09/08/2011
La delincuencia que vive del paraíso turístico
En torno a un centenar de delincuentes, según cálculos policiales, han encontrado cobijo entre los miles de turistas que acuden en temporada alta ávidos de fiesta. Solo los carteristas pueden rondar el medio centenar. Las prostitutas africanas, muchas de ellas implicadas en robos al turista desprevenido, oscilan entre 20 y 25. A estos hay que sumar los traficantes de droga a pequeña escala. La venta ambulante es su camuflaje para tratar de pasar desapercibidos.
Los trileros son el gran colectivo en la Playa de Palma. A cualquier hora del día o de la noche tratan de captar incautos para esquilmarle el dinero de los bolsillos.
Efectivos del Cuerpo Nacional de Policía y la Policía Local patrullan constantemente la Playa de Palma. Pese a la vigilancia, los delincuentes se las ingenian para lograr su propósito. El exceso de consumo de alcohol entre muchos turistas hace que se les pongan en bandeja.
A medida que avanza la noche, el riesgo se multiplica exponencialmente. "La Playa de Palma es el lugar más peligroso de Balears. El turista se siente aquí más indefenso y desprotegido", asegura sin titubear un policía acostumbrado a patrullar cotidianamente sus calles.
La vigilancia policial da resultado, al menos en parte. Su presencia tiene un claro efecto disuasorio entre los delincuentes. No obstante, los malhechores aprovechan los resquicios que les quedan para lograr sus propósitos. Los trileros desmontan su chiringuito a toda velocidad antes de que se lo confisquen. Otros carteristas se volatilizan en algunas de las callejuelas —Joaquim Verdaguer y Germá Bianor son algunas de las más recurrentes— en busca de que llegue su momento propicio.
Entre las cuatro y las seis de la madrugada, la hora de salida de las discotecas, todos los delincuentes que pululan por la zona despliegan todo su arsenal de recursos. Un turista solo, con evidentes síntomas de embriaguez, en una zona oscura y apartada pasa automáticamente a convertirse en una presa potencial.
A cualquier hora del día o de la noche, los trileros intentan captar al incauto turista. Hasta seis ´collas´ de trileros tienen su campo de actuación en la Playa de Palma. Rumanos y algunos españoles se disputan el mercado. El ingenuo apostante desconoce que las posibilidades de obtener premio son completamente nulas.
En el supuesto de que el apostante acierte con la carta, el disco o dónde está la bolita, tampoco obtendrá premio. Todos los compinches desmontan con celeridad el tenderete y simulan que aparece la Policía. El turista verá estupefacto cómo la ´colla´ de trileros desaparece con su dinero.
En unos pocos minutos, unos turistas alemanes se acercan a una patrulla de la Policía Local con la misma cantinela. Las denuncias son prácticamente idénticas. "Había elegido y he ganado. He puesto el dinero y han salido corriendo con él", relatan a los agentes, que toman sus datos. El trile, a lo sumo, constituye solo una infracción administrativa. En el caso de que les sorprendan, no les pueden detener.
Los carteristas son el otro gran colectivo de delincuentes de la Playa de Palma. Las líneas de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) 15 y 25 son la más frecuentados por los especialistas en hurtos al descuido.
Otro de los puntos especialmente conflictivos a altas horas de la madrugada en la Playa de Palma es la calle Joaquim Verdaguer. Pequeños traficantes y, sobre todo, carteristas rumanos han establecido aquí su cuartel general. Algunos de ellos abusan de su corpulencia para aplacar cualquier atisbo de resistencia de su víctima.
Otros carteristas, hombres y mujeres, se hacen los encontradizos. Mientras la víctima se encuentra en un local bajo los efluvios ios del alcohol, aprovechan para hacerse los encontradizos. Manosean a la víctima y le sustraen la cartera sin que se entere. En otros casos, una oportuna zancadilla puede hacer caer fácilmente al turista ebrio y deja su billetera a merced del delincuente.
Otra variante se da en la arena de la playa. Las pareja apasionadas también son un claro objetivo. Si dejan de lado sus pertenencias, los carteristas practican la técnica del gateo para robarles los billetes.
La molesta cartera
La cartera en sí es un objeto incómodo. Constituye la prueba evidente de que han cometido un delito. El dinero es el único interés del carterista. Las jardineras, papeleras, y otros lugares recónditos se pueblan de carteras desvalijadas.
Las prostitutas nigerianas que pululan por algunas calles también se han demudado en carteristas. Un turista ebrio, solo, que se adentra en un callejón oscuro constituye siempre una presa fácil. El reclamo son los supuestos servicios sexuales, el objetivo es la cartera de la víctima.
La violencia gratuita, aderezada con altas dosis de alcohol, es otro de los factores de riesgo en la Playa de Palma. Hace unas semanas, un grupo de skinheads alemanes protagonizó una serie de altercados en la calle del Jamón. Rompieron taburetes, cristales, rociaron un local con spray de pimienta y golpearon a un camarero negro. Nueve alemanes y un austriacos fueron detenidos en el transcurso de una operación conjunta de Policía Nacional y Policía Local.
Francisco Nogales, presidente de la Asociación de Vecinos de la Playa de Palma, se queja de los cambios de turno de la policía. Los delincuentes tienen la lección bien aprendida y en este instante creen ver el momento propicio para actuar con impunidad. "Queremos que queden completamente cubiertos", subraya.
Nogales atribuye a "problemas de legislación" muchos de los problemas de delincuencia que sufre la Playa de Palma. "A un trilero se le toma el nombre, se le levanta acta y se le deja ir", insiste el líder vecinal.