14/08/2011
La oportunidad de una buena temporada
Por contra, en esta temporada de 2011 se están confirmando los mejores pronósticos en cuanto a ocupación. Los hoteles están llenos hasta el extremo de que algunos touroperadores se ven forzados a improvisar sobre la marcha y desviar clientes de última hora hacia otras zonas. La regeneración de los mercados del Reino Unido y Alemania y la inestabilidad que se ha desatado en algunos de los países competidores han sido bazas decisivas para volver a poner a Balears en el primer puesto del atractivo y la demanda turística.
Sin embargo, estos excelentes niveles de ocupación, el lleno total, no se está correspondiendo con el grado de satisfacción o complacencia de un sector turístico y de una industria complementaria que, por lo general, es poco dada a admitir sus éxitos. Las quejas se orientan hacia el escaso nivel adquisitivo de los turistas actuales, hacia la proliferación del ´todo incluido´ y, en consecuencia, hacia la apatía del consumo.
Si los registros de ocupación no se corresponden con el grado de satisfacción empresarial y laboral ni de la oferta complementaria que, potencialmente, debe beneficiarse de ella, es evidente que algo sustancial está fallando. Ha llegado, por tanto, el momento de preguntarse qué está pasando y cómo debe corregirse la situación.
En tiempos de crisis el reto más inmediato estriba en sobrevivir, en procurar que las dificultades no te engullan dentro de su propio torbellino. En circunstancias adversas resultan comprensibles las políticas y las gestiones proteccionistas, como los pulsos con precios a la baja u otros alicientes que al final suponen un coste menor para el turista. La situación es otra en época de bonanza y de demanda abultada, como la actual. Se vuelve incomprensible, una vez más, esta permanente oferta de precios por los suelos que, aparte de los problemas de sobrepoblación en un territorio insular, desembocan en el descontento generalizado.
Una buena temporada es una excelente oportunidad para replantearse las cosas y reciclarse. Es el momento para reflexionar sobre si Balears se sustenta sobre la oferta y el modelo turísticos adecuados, si los productos que ofrece se corresponden con la calidad y el potencial de que dispone. También ofrece la ocasión, de una vez por todas, de mirar más allá del sol y playa y dar con canales de servicio abiertos a la desestacionalización y la diversificación compatible de la oferta. La cultura, el deporte, el senderismo, el turismo de salud... deben ser tomados ya en serio y entrar con rigor en la oferta en busca de un cliente que, por esta vía, aumentará el nivel humano del visitante y mejorará la solvencia económica, lejos del botellón o el incivismo. Hay que pensar en el futuro, incluso el más inmediato, y trabajar y programar en consecuencia.
Para lograrlo resulta imprescindible que la clase política y determinados sectores empresariales rompan con su incapacidad de consenso. Escenas como las de la aventura y el desgaste vivido en torno a la reforma de la Platja de Palma o las dificultades y las interrupciones en el Palacio de Congresos no contribuyen a poner al día la oferta turística de Mallorca. Una buena temporada como la actual no puede anegarse en la queja de bolsillos vacíos. Debe ser espoleta suficiente para saber encarar el futuro.