02/09/2011
Un rayo de sol... un ´raor´
Como si de una procesión se tratara, a las siete y media de la mañana una retahíla de embarcaciones abandonaban el puerto de la Colònia de Sant Jordi con un único objetivo: dar con el pez por excelencia de las aguas baleares. Na Lluneta era una de ellas y a bordo cuatro aficionados a la pesca: Benet y Sebastià Mora, Miquel Àngel Sastre y Miquel Joan Estelrich. A las ocho de la mañana, las cañas ya estaban en las aguas de Cala Màrmol, en Cap de ses Salines. El lugar era el idóneo ya que la reserva de Migjorn es la zona de "más calidad" para la pesca del raor, apuntan desde la conselleria de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio.
Conocer bien el lugar donde habita este pez es uno de los secretos de su pesca. Con la zona bien elegida, luego ya fue cuestión de paciencia. Paciencia porque la preciada presa no fue fácil de engañar. Sebastià fue el encargado de estrenar el botín. A las ocho y media de la mañana, una sonrisa se dibujó en su cara cuando el color rosáceo con rayas azuladas iluminaban la superficie del agua. ¡El primer raor de la temporada!
Y luego, de nuevo a esperar el brusco movimiento del raor al picar el anzuelo. Con la jornada de pesca de ayer, quedó demostrado que estos peces requieren los rayos de sol para que muerdan el anzuelo. Aunque los cielos amanecieron cubiertos, era asomarse un poco el sol para que el deseado pez se dejara engañar por el cebo, la gamba fresca. Y entre padàs y padàs, los raors iban apareciendo enganchados a los anzuelos de los cuatro pescadores, que regresaron a puerto con unas 90 piezas.
Piezas más grandes
Esta temporada, aseguró Benet, las piezas son más grandes. De hecho, la presa más larga midió 21 centímetros y se pescó en aguas de Llevant, remarcaron fuentes de la Conselleria. El balance de la primera jornada se cerró con 326 embarcaciones en busca del mito gastronómico de las islas en aguas de la reserva marina de Migjorn; 270 entre Cap de ses Salines y Cala Figuera y otras 56 entre Cap de ses Salines y Cap Blanc. Precisamente fue en esta zona donde se levantó una sanción a una embarcación por pescar en la reserva integral. Otras 130 embarcaciones eligieron los fondos arenosos del Llevant mientras que otras 75 optaron por la reserva marina de isla del Toro, en Calvià. Unas 65 faenaron en el Cap Enderrocat. Y en cada una de las barcas había dos o tres pescadores decididos a dar con la preciada presa.
La pesca del raor, que vive en grupos aislados, se procede a través de una caña o una liña con anzuelo fino. El cebo para atraer y engañar al pez típico de nuestras aguas es la gamba fresca. Luego empieza el ejercicio de paciencia. El pescador debe sujetar la caña con pulso firme hasta notar un movimiento brusco. El pez ha mordido el anzuelo. Que la pesca sea fructífera depende de la destreza del deportista ocasional para anular los saltos, el movimiento serpenteante y los mordiscos de la presa.
El sol no fue el gran aliado de los aficionados y ayer los raors se resistían a moder el anzuelo. La jornada requirió grandes dosis de calma porque la exquisitez se hacía esperar, hecho que incrementó la alegría de los pescadores al pescarla y, por supuesto, la suavidad de su carne cuando la degusten.