30/09/2011
Somos progresistas, pero hemos estado en el armario´
—¿Se identifica con el calificativo de oficialista?
—Si se utiliza para decir que personas con responsabilidad en la ejecutiva del partido mostraron su confianza en mí, me siento cómodo. Si por el contrario significa que porque esas personas opinaran así parecía que el partido al completo estaba obligado a aceptar su propuesta, no sólo no me gusta, sino que me parece injusto. Como ha demostrado el procedimiento seguido para la elección de la lista electoral, muchos compañeros del partido han podido expresarse sin que nadie les haya obligado a hacerlo en una u otra dirección.
—¿Era consciente, en ese proceso, de que la batalla de su principal rival, Ramón Socías, no era tanto estas elecciones como el próximo congreso del partido?
—La realidad es que cuando visitábamos las agrupaciones y hablaba con los compañeros, lo único que les interesaba era saber quién podría ser la persona que encabezara o formara parte de la lista al Congreso de los Diputados.
—Pero a usted no se le escapa que existía ese interés
—No niego que sea posible que hubiera otras personas que tuvieran esa intención, pero por lo que a mí respecta, igual que a otros que se postularon, sólo nos movía las ganas de estar en las listas electorales.
—¿Por qué cree que obtuvo tan poco respaldo en las agrupaciones del PSOE palmesanas?
—Los resultados del PSOE de Palma pueden tener muchas lecturas, pero al final de los 200 militantes que se pronunciaron se ha producido una diferencia de apenas 20 votos entre Socías y yo. Es una diferencia demasiado pequeña como para sacar lecturas concluyentes sobre el sentido del voto. Habría que preguntar a cada militante, pero creo que lo hacían pensando en la lista electoral. En agrupaciones como la de Eixample estoy convencido de que fue así, aunque quizá en otras no.
—¿Se refiere a la agrupación de Ponent?
—A ninguna en concreto. En Eixample gané yo por cuatro votos, en Ponent ganó Socías holgadamente.
—Será el cartel electoral de un partido al que todo el mundo considera perdedor. ¿Ha pensado en cómo dará la cara ante los potenciales electores?
—En estas condiciones la cara se da sobre todo explicando muchas cosas que nos ha faltado explicar. Los ciudadanos se encuentran muy confusos ante una situación económica y social difícil y todos los esfuerzos por tratar de explicar lo qué hacemos y por qué lo hacemos son insuficientes.
—Quizá lo que no se entienda es que el PSOE aplique recetas no socialdemócratas ante la crisis.
—Algunos errores nuestros, del PSOE, que se cometieron entre el final de la pasada legislatura y el principio de esta, sobre los que ya hemos pedido perdón y lo haremos las veces que sea necesario, nos llevaron a tener que adoptar después decisiones inmediatas muy duras y de difícil comprensión para el electorado socialista.
—¿Por ejemplo?
—Cuando el ahorro que tienes que hacer es inmediato y dices que vas a congelar las pensiones contributivas más altas y que eso es un ahorro de 1.550 millones de euros para las arcas del Estado. De no haber eliminado el impuesto del patrimonio que generaba 2.100 millones de euros no hubiéramos tenido que congelarlas. Ese es uno de los errores y ahora, aunque tarde, hemos reimplantado este impuesto pero con una importante modificación, que es que no afectará a las rentas medias, por lo que es mucho más equitativo desde el punto de vista de justicia social.
—De modo que, como candidato, deberá dedicar más tiempo a explicar la gestión de Zapatero que a medirse con el PP
—En estas elecciones no nos enfrentamos al PP, sino a la abstención y desconfianza que pueda haber entre nuestros simpatizantes. El resultado de las urnas dependerá de nuestra capacidad para recuperar su confianza y no de cuántas personas voten al PP. En este país existe una mayoría progresista y de lo que se trata es de que vuelvan a identificarnos como un partido progresista. Lo somos, pero hemos estado metidos en el armario unos cuantos años. Espero una dura campaña electoral, pero no contra el PP, sino contra esa desconfianza. Estoy convencido de que podemos hacerlo.
—Usted es defensor de la socialdemocracia, pero da la impresión de que los socialistas, no sólo los españoles, hace años que han abandonado muchos de sus postulados.
—Es el momento de decir en voz bien alta el daño que puede haber hecho la tercera vía a la ideología socialdemócrata. La falta de regulación del sistema financiero a lo que nos conduce es a que los países tengan gobiernos, pero los capitales no y acaban siendo más poderosos que los gobiernos. Todos, de un modo u otro, nos cegamos y nos dejamos llevar impulsados por Blair, por el laborismo británico. Cuando debimos decir basta, no supimos hacerlo. Ahora lo estamos pagando.