15/10/2015
Del tirón de la plaza de abastos al de las tarjetas de crédito
ABC
Justo al lado del mercado de abastos de Dos Hermanas arranca la que es, sin lugar a dudas, la vía comercial por excelencia de la ciudad nazarena. La calle San Sebastián, peatonalizada desde hace años, acoge en su interior a grandes firmas del imperio textil que se intercalan con negocios de toda la vida. El carácter señero y popular de esta calle se mantiene, eso sí, prácticamente intacto pese a la llegada de firmas internacionales, que siguen siendo minoría en una vía donde es fácil alquilar un esmoquin y justo al lado comprar pescado.
Y es que, lejos de suponer un problema, la llegada de grandes marcas –entre ellas algunas pertenecientes al grupo Inditex y a Cortefiel- ha servido para atraer a un mayor número de consumidores hasta el centro de la ciudad, según apuntan muchos de estos comerciantes, que ven en ello el tirón perfecto para sumar ventas. Es el caso de Juan Antonio, uno de los últimos comerciantes en sumarse a esta calle, que decidió abrir su tienda de complementos de telefonía móvil en este punto, por ser el centro neurálgico del comercio en Dos Hermanas. El valor de sus locales, desde luego, deja buena cuenta también de su importancia, con alquileres a partir de los 600 euros.
Junto a la llegada de nuevos establecimientos y grandes firmas de moda, resisten negocios de toda la vida como Tejidos San Sebastián, abiertos desde 1959. Joaquín Cárdenas, ya jubilado, trabajó como empleado en ella desde los 16 años y conoce como la palma de su mano la calle y sus comercios. «Aunque ganó mucho con la peatonalización, aquí siempre hubo mucho ambiente, pasaba todo el mundo para ir al mercado», explica. En efecto, la plaza de abastos es el gran baluarte de esta calle San Sebastián, tal y como también apuntan desde Factory Domínguez, un establecimiento de electrodomésticos afincado en esta calle desde hace 40 años.
«Lo que mueve todo esto es el mercado, aunque el problema es que se han cambiado los hábitos de compra, antes todo el mundo compraba en el pueblo y ahora no», explica Francisco Domínguez, quien es también vicepresidente de la asociación de comerciantes de la calle San Sebastián. Con el fin de suavizar esta merma de consumidores que cambian el comercio tradicional por las grandes superficies, la asociación promueve a lo largo de todo el año diferentes iniciativas para animar las ventas. Cada viernes, las tiendas sacan sus artículos a la calle y junto a otros puestos de artesanía conforman un mercadillo que suele tener una gran aceptación entre el público, a tenor de la afluencia que se registra.
Calle Pachico
A lo largo de todo este tiempo, pese a la transformación de su fisionomía con la peatonalización, la calle no ha perdido su esencia. Tal es así que, a día de hoy, muchos se siguen refiriendo a ella como calle Pachico, nombre por el que popularmente se la conoce, debido a la importancia que tuvo uno de sus comerciantes, Francisco «Pachico», que regentaba una droguería donde se hizo muy conocido entre los vecinos, de forma que estos aludían a esta zona con formas como «vamos a la calle del Pachico» o «vamos a donde el Pachico».
En ella hay sitios como la Joyería Alba, que lleva abriendo cada día al público desde hace 55 años. Igual pasa con otros establecimientos comoEl Tinajero, regentado por José Manuel Ruiz que heredó el negocio de su padre, José Ruiz, siendo en la actualidad la tienda más antigua de toda la calle. «Antes se vendía más, porque toda la gente venía al mercado y, de paso, visitaba la tienda», comenta.
El gran crecimiento que experimentó y sigue experimentando a día de hoy Dos Hermanas, con una población en constante aumento, ha hecho también que el centro pierda fuerza frente a otros núcleos, sobre todo en el extrarradio, que gozan de grandes avenidas y zonas de aparcamiento. «Antiguamente si querías ir a una tienda buena, te tenías que venir al centro, pero ahora en cualquier avenida te montan un buen negocio», explica Alejandro Santos, otro comerciante, propietario de la papelería-librería San Sebastián, que abrió hace cinco años en el sitio donde antaño se ubicaba la también papelería Marina, donde trabajaron como empleadas sus tías. El encanto de la calle, desde luego, lo dan sus propios comercios tradicionales, que buscan ahorarevalorizarse con la llegada de las grandes firmas. «Ojalá vinieran más», reconocen.