19/10/2015
Porque Valme es todo el año
El Correo
Fue la frase más repetida ayer a lo largo y ancho de Dos Hermanas, donde los miles de romeros que esperaban impacientes la llegada del tercer domingo de octubre no tuvieron más remedio que resignarse a vivir uno de los días más grandes de la ciudad yendo y viniendo a la parroquia de Santa María Magdalena, donde la Protectora de los nazarenos estuvo expuesta durante toda la jornada de un domingo gris, frío y lluvioso.
No fue una decisión fácil para la junta de gobierno de la hermandad, encabezada por el hermano mayor, Hugo Santos, quien visiblemente emocionado tuvo la «responsabilidad» de transmitir a los fieles, apostados desde bien temprano en la iglesia, que se había tomado la determinación de no procesionar hasta el Cortijo de Cuarto, en un día sin precedentes en la historia de esta más que centenaria fiesta religiosa. Existen suspensiones documentadas en la historia, pero por inclemencias meteorológicas ni los más mayores las recuerdan. Motivos económicos a principios del siglo XX, los primeros años de la Segunda República o la Guerra Civil sí que provocaron que la romería no se celebrase y, hasta ahora, el tiempo –aunque en algunos años los devotos se han puesto «como sopas» por chaparrones aislados– nunca había impedido el discurrir del cortejo por calles nazarenas y sevillanas.
El domingo 18 de octubre, no obstante, amaneció«completamente metido en agua», tal y como lo describió Santos en su discurso tras la misa de romeros. Y las previsiones para las horas centrales del día, justo cuando la procesión debería estar a la más absoluta intemperie por la antigua carretera de Bellavista, hacían temer lo peor.
Efectivamente, durante toda la mañana se sucedieron loschaparrones intensos que hubieran deslucido la romería y, lo que es peor, incomodado y puesto en riesgo «a cientos de vehículos, muchos animales y, sobre todo, a las personas», nada menos que a 200.000 que se esperaba que acompañaran ayer a la Virgen hasta la ermita de Cuarto, un paraje que echó de menos el trasiego, el jolgorio, el colorido y la devoción propias de la tradición nazarena por excelencia. Por lo tanto, la decisión de quedarse en casa, aunque «dolorosa», no dejaba de ser menos acertada.
Pero, precisamente porque «Valme es todo el año», el templo ubicado en la céntrica plaza de la Constitución fue un hervidero de fieles durante todo el día –salvo a alguna hora crítica–, unos aguantando el chaparrón –nunca mejor dicho– de manera más llevadera que otros. Porque la fiesta, por mucho que se hubiera aguado de puertas para afuera, tenía que seguir su curso para no desmerecer el arduo trabajo que durante meses han estado llevando a cabo de manera manual para decorar con tanto arte las carretas y galeras que iban a acompañar a la Virgen. Así, la caseta municipal del recinto ferial se convirtió en un Cortijo de Cuarto improvisado donde resguardarse de la lluvia y donde aprovechar las viandas que se habían preparado para la ocasión. No faltaron el cante, el baile, un altar con una réplica de la imagen ni tampoco el paseo de caballos por el barrizal en el que se habían transformado las calles del recinto ferial nazareno.
Pero a eso de las 21.00 horas, se pararon, aunque fuese solo un rato, los sones de fiesta –máxime teniendo en cuenta que hoy es festivo local– y tocó volver al lado de la Protectora, porque tras la última misa en su honor, el broche final a este domingo agridulce lo puso el «improvisado» acto que la hermandad anunciaba, a primera hora de la mañana, tras dar la mala nueva y en el que se convocaba «a todo el pueblo». Y aunque era cierto que gran parte se había quedado en la feria, la parroquia se abarrotó para dar el último adiós religioso a la romería, que consistió en un Via Lucis,«el camino de la vida de la Virgen», en el que el coro de la hermandad cantó en cada estación. Un emotivo cierre que dio paso a que muchos de los allí presentes (algunas aún ataviadas con el traje y la flor) volvieran a ahogar las penas con la imagen de Valme, la fe de un pueblo, siempre en la retina, y contando los días que ya faltan para volver a verla en todo su esplendor por las calles de su ciudad.