09/09/2016
La particular despedida de la biblioteca de Montequinto al párroco del barrio
ABC
Así, la biblioteca Miguel Delibes ha aprovechado su presencia en las redes sociales para publicar en su página de Facebook unas palabras de recuerdo y agradecimiento hacia el sacerdote por su colaboración con este centro municipal, que a lo largo de los años se ha convertido en el principal foco cultural del barrio. «En su despedida después de 30 años de párroco de Montequinto, queremos tener un sencillo recuerdo de agradecimiento para el sacerdote D. Francisco José Blanc Castán, por su colaboración y participación con la biblioteca en todos estos años», explica el centro en el inicio de su entrada, que se acompaña con diversas fotografías de Blanc Castán participando en actividades de la biblioteca.
Como no podía ser de otra forma, el centro ha querido recordar, en concreto, la vinculación del párroco con la biblioteca desde los inicios a través de lostextos e ilustraciones que se han hecho en los diferentes libros gigantes –encuadernaciones a gran tamaño en las que participaban los usuarios de la biblioteca y vecinos del barrio- realizados desde 1994 y en los que el clérigo ha participado de una u otra manera. Se pueden ver imágenes del sacerdote durante su presencia en la creación de los libros gigantes de la biblioteca, realizados en los años 2007 y 2014, así como leer los textos que escribió para dichos libros conmemorativos.
Además, la biblioteca Miguel Delibes ha destacado igualmente en este agradecimiento las palabras, en forma de cuento, que escribiera la actual directora de la biblioteca Pedro Laín Entralgo de Dos Hermanas, María del Carmen Gómez, para rememorar los orígenes de la de Montequinto y el papel que en ella tuvo el párroco Blanc Castán, en el libro gigante que se elaboró en 1994. «Había una casa que llevaba mucho tiempo vacía. Nadie sabía cómo se iba a utilizar. El cura quería que tuvieses una función social y que sirviese como punto de encuentro para todos. El político quería un servicio público que fuese necesario para la sociedad y que diese categoría al municipal. Se sentaron en una mesa de camilla. El político frente a un café, el cura con una humeante taza de chocolate. Discutieron, hablaron, dejaron de fruncir el ceño y empezaron a sonreír porque ya habían encontrado la solución: la casa sería la nueva biblioteca pública».