19/10/2016
ROMERÍA DE VALME Valme, una historia de adioses y bienvenidas
El Correo
Además, aquello está vallado y apenas queda un poquito de sitio en el bordillo para subirse mientras pasan las carretas. «Que no es por el césped ni por nada, hijo», dice, en tono más conciliador. «Es que ahí hay muertos tirados». Luego explicaría al cronista que algunos vecinos viejos de Dos Hermanas tienen dicho que cuando mueran arrojen sus cenizas a esa rotonda de la Venta de las Palmas, la del caballista, «para poder ver a la Virgen de Valme todos los años a la ida y a la vuelta». Una petición que, según este señor, ha sido atendida ya «unas cuantas veces».
La Venta de las Palmas es el lugar donde media Dos Hermanas, la que no hace el camino hasta el Cortijo de Cuarto tras la carreta de la Virgen, despide a la comitiva de papel a eso de las diez y pico de la mañana. Allí, apostados junto a los carricoches que aguardan su turno para incorporarse a una comitiva de más de cien vehículos –entre carretas, galeras y carruajes–, los nazarenos intercambian los últimos comadreos sobre la romería. «Pues este año dicen que no dejan entrar coches en Cuarto, ni siquiera los de los bares ambulantes»,
cuentan unos. «Pues entonces, el que venga de Sevilla a verla más vale que se lleve una cantimplora», protesta otro. Alguno cuenta un chiste: «Mi mujer me ha dado un ultimátum. Me ha dicho que o le echo cuenta... o no sé qué». «¿Has visto qué bonitas las colgaduras de la esquina de la calle Canónigo?», se maravillaban otras, con los pelos llenos de pétalos. En lo alto de los carros repartidos por los alrededores hasta que llegue la Virgen, la gente lleva desde las ocho de la mañana comiendo bistecs empanados y empinándose cervezas y anises. Un ratito antes, en la terraza del Bar el Niño –allá por el Arenal–, el Coro de Valme le ha cantado la Salve a la protectora de Dos Hermanas, en su trono de nardos coronado de florecillas rosas de papel de seda. Álvaro, una de las voces, dice: «¡Qué corte! Los de la tele estaban pidiendo gente que llorara, para grabarla. Y como yo me emociono fácilmente, me he escondido». Más petaladas.
La hermandad ha rescatado letras de antiguas sevillanas de Valme que se cantaban en los años sesenta y las había sacado en el periódico, así que toda la Dos Hermanas romera estaba haciéndole los coros a los cantores, entre abrideros de boca por el madrugón y lágrimas que no salieron por la tele.
Había caído ya la noche, la misma que doce horas atrás se difuminaba tras unos nubarrones inofensivos, y las carretas regresaban al fin poniéndole color a la negrura detrás de la Virgen iluminada. «No. No es que este año la gente se lo haya tomado con más ganas porque el año pasado no salieron, con la lluvia. No es eso. Es que siempre se lo toman con las mismas ganas», dice una paisana. A su lado pasa saludando una vecina con un vestido de flamenca premamá. Y añade la otra, señalando el bombo: «Y los que quedan».