18/09/2010
Mikel Olaciregui Director del Festival de cine de Donostia: "En breve quizá tengamos que ofrecer un festival virtual además del presencial"
deia
Aún no me hago mucho a la idea. Supongo que cuando vas a una cierta velocidad, ves clara la necesidad de desacelerar, pero cuando vas despacio también echas de menos la velocidad. Imagino que tendré sensaciones contradictorias, pero si tomé la decisión de dar un giro y dejar la dirección fue porque hay más cosas que no voy a echar de menos que cosas que ahora quiero hacer y no puedo.
¿Por ejemplo?
Ahora necesito parar y reflexionar. Han sido 18 años en los que he seguido una ola y quiero dar por terminado un ciclo y parar.
¿Se va más tranquilo sabiendo que José Luis Rebordinos es su sucesor?
Obviamente sí. Desde 1993 y hasta ahora ha habido una estabilidad que en el futuro está garantizada con José Luis. En ocasiones hemos valorado la idea de dar un vuelco total al Festival, pero los riesgos eran mayores que las posibles ventajas. La inestabilidad presupuestaria, sumada a la incertidumbre que puede originar la llegada de alguien nuevo a la dirección, puede hacer tambalearse la estructura del certamen. Igual esa persona tiene ideas rupturistas, pero si carece de experiencia en el Festival y no conoce la ciudad ni su idiosincrasia, puede repetirse la situación de 1991 (cuando Rudy Barnet dirigió el Zinemaldia).
¿Por qué se impuso Rebordinos en el último consejo frente a la otra candidata?
Creo que por su conocimiento muy cercano de este festival. Es director de la Unidad de Cine de Donostia Kultura y tiene años de experiencia en los comités de dirección y de selección. También dirige y conoce certámenes más pequeños pero que tratan con el mismo tejido industrial. Tiene ya mucho camino hecho.
¿Y qué puede aportar él y usted no?
Él puede aportar una ilusión que en mí, tras 18 años en el Festival, quizá se ha convertido en repetición. Es obvio que alguien nuevo puede aportar un gran entusiasmo.
¿Se atrevería a darle algún consejo?
Sí, y de hecho ya se lo he dado. No seré un Pepito Grillo que vaya detrás de él diciendo: "Esto no se hace así o yo lo haría de otra forma". Responderé encantado a todo lo que quiera preguntarme, pero no necesita ningún tutor. Eso sí, aunque lleva años en la dirección, ahora su visión va a cambiar, y siempre le digo que las decisiones debe tomarlas con calma, no hace falta que sea en el primer mes ni en el primer año.
Según parece, usted seguirá vinculado al Festival como encargado de las relaciones internacionales.
Sí, por ahí van los tiros. En principio mi intención era desvincularme del Festival por completo, pero José Luis me pidió contar conmigo. Eso sí, no quiero una vinculación cotidiana ni seguir en el día a día. Haré lo que me encargue, que parece que estará relacionado con las relaciones internacionales, en especial con el mundo anglosajón, porque es un tema que principalmente he llevado yo en los últimos 18 años.
En varias entrevistas ha citado los adjetivos "discreto" y "eficaz" con los que titulamos su perfil en este diario cuando anunció su marcha. ¿Cree que así ha sido su gestión?
Es lo que he intentado. Cuando entré como gerente en 1993 encontré una estructura de gestión obsoleta y desde entonces mi obsesión ha sido controlar la logística para que la maquinaria del Festival esté preparada cuando llega el primer día. Respecto a la otra cuestión, siempre he intentado representar al festival con una presencia discreta, sin estar en primera línea ni aparecer constantemente en la foto. Eso me ha permitido seguir viviendo en esta ciudad casi como un ciudadano anónimo.
¿Se va con alguna pena en concreto?
No me voy con grandes penas. Si sigo colaborando con el Festival, quizá aún pueda materializar algunos proyectos de mi libro de sueños. Siempre he dicho que uno de los personajes que me habría gustado traer a Donostia es Jack Nicholson. Aunque hemos estado cerca varias veces, no lo hemos conseguido todavía. Quién sabe si en el futuro...
¿Algún sueño más?
Mi sueño es que, al menos en los próximos diez años, el Festival se mantenga en su actual situación privilegiada, que siga siendo uno de los cuatro certámenes más importantes del mundo en una ciudad como Donostia. Pero no tengo especiales sueños que se hayan quedado en el tintero. ¿Deseos? Muchos, pero todos van en la misma línea, pues vienen tiempos difíciles para el cine.
¿A qué retos inmediatos tendrá que enfrentarse Rebordinos?
Hay algo que afecta a todos los festivales del mundo. Los hábitos de consumo de cine cambian a velocidad de vértigo y en casa hay pantallas de casi cien pulgadas que permiten ver filmes en 3D, cosa que hace sólo un año era impensable. Ello está relacionado con el descenso de espectadores en las salas de cine e influye también en los festivales, que son eventos presenciales en los que hay que estar físicamente. Así que en breve puede ocurrir que haya que ofrecer un festival alternativo que sea también virtual.
Suena casi a película de ciencia ficción.
Pero en realidad hace años que comenzamos a hacerlo, cuando dejamos de emitir las proyecciones del festival por vía terrestre para utilizar Internet. Un día comprobamos que una rueda de prensa de Kim Ki-duk emitida en streaming tuvo 30.000 visitantes, buena parte de ellos periodistas, en Corea del Sur.
¿Y qué hay de la industria?
En el Industry Club, lo que antes era conocido como Sales Office, estamos investigando la parte no presencial del Festival. Hay muchos compradores a los que les interesa la línea de películas que traemos a Donostia, pero no vienen aquí porque ya van a Toronto. La idea es habilitar un sistema sin ánimo de lucro por nuestra parte para que durante varios días -también después del Festival- los posibles compradores puedan ver las películas que hemos proyectado estos días conectándose a un servidor a través de una clave desde cualquier parte del mundo. Seguiremos dando prioridad al festival presencial, porque es lo que te hace tener interés mediático y patrocinadores, pero eso puede ser una plataforma útil para la industria, que debe ser la columna vertebral del Zinemaldia.
"La selección de películas de este año ofrece una mirada curiosa y provocativa"
Si hoy ya fuera usted libre de su responsabilidad como director del Festival, ¿qué le gustaría hacer en la presente edición?
Ver películas. (Risas) Me apasionaría ir a descubrir películas fiándome de una pequeña reseña o de la sinopsis del festival. Me gustaría perderme en la programación, descubrir cosas, huir de las ofertas obvias y rastrear esas joyitas que si no se ven aquí no se ven en otros sitios.
Este año, como el anterior, sólo habrá un Premio Donostia. ¿No se había abierto ninguna línea más?
No, hubo una propuesta que se estudió y no se materializó, pero a Julia Roberts la teníamos confirmada casi desde mayo. Por eso no quisimos mover más piezas, porque cuando tienes un premio de su nivel, a no ser que consigas otro que lo pueda igualar, es mejor tener sólo uno, porque de lo contrario, uno de los dos puede salir perjudicado en la comparación.
¿Ha habido problemas para configurar el jurado oficial? No hay muchas celebridades y es poco equilibrado en cuanto a profesiones.
No voy a ocultar que ha sido una tarea difícil. Hemos convocado a varias personas que, por suerte para ellas, estaban trabajando. El jurado es equilibrado en cuanto a sexo y procedencias, pero sí, de siete miembros, cinco son directores.
Este año huyen del cine anglosajón para inaugurar la Sección Oficial…
No es, ni mucho menos, la primera vez, pero este año nos hacía ilusión recuperar al maestro Felipe Cazals, que ya ha presentado otras películas en San Sebastián y que ahora trata de manera intimista un tema épico, la revolución mexicana, cuando se cumple su primer aniversario. Como ocurre con el cartel de este año, creo que la selección de películas ofrece una mirada curiosa y provocativa. No me preguntes las razones, porque seguro que están relacionadas con la cosecha y las cosas que hemos podido ver, pero hemos sido más osados a la hora de presentar la programación. Hay películas minoritarias, de corte casi experimental, hasta títulos que rozan el gore. Hay un abanico de películas que habitualmente no se veían en la programación.
Tras la última rueda de prensa, varios medios publicaron que usted había dicho que ésta iba a ser una edición sin grandes películas. Da la impresión de que no se le entendió bien…
Me sentí traicionado por mis propias palabras, no se me entendió bien... Parecía que hablaba de la totalidad del festival, pero me refería a las Perlas de Zabaltegi. En los festivales de este año no ha habido grandes locomotoras que tiran de la sección como Tarantino, Jarmusch o Haneke, que el año pasado nos facilitaron mucho el trabajo. Eso nos ha obligado a profundizar, a ver más películas y a verlas con otros ojos. Nos hemos centrado en la importancia del documental, que protagoniza la retrospectiva temática de esta edición, y para las Perlas hemos recurrido a títulos en los que no hay grandes nombres pero sí grandes ideas.
Recientemente ha aludido usted a los problemas presupuestarios del Zinemaldia. ¿Cómo se imagina un festival aún más recortado?
Me cuesta imaginarlo, pero por una cuestión de años, porque siempre lo he conocido de una determinada manera. Hemos hecho una reconversión bastante potente y hemos reducido el presupuesto del orden de un 15%. Si continúa habiendo recortes, tendremos que tocar cosas que eran intocables. Yo establecí que si se reduce más de un 5% la ayuda de un millón por parte de cada una de las cuatro instituciones, la situación será muy grave. Un recorte adicional de presupuesto puede hacer tambalearse al Zinemaldia, porque si de 2008 a 2010 hemos reducido el presupuesto casi en un millón de euros, habría que replantearse muchas cosas que hasta ahora se dan por supuestas. Rebordinos tendría que hacer un plan de reconversión que afectaría a muchísimas cosas...