24/12/2010
Juanjo San Sebastián Exalpinista bilbaino Juan Vallejo Alpinista gasteiztarra"Faltan objetivos más ambiciosos"
Juan Vallejo y Juanjo San Sebastián reflexionan sobre el pasado, presente y futuro del montañismo
JUANJO SAN SEBASTIÁN: Lo que han conseguido es importante porque es un alpinismo que se estila poco desgraciadamente en la actualidad. Me refiero a los alpinistas españoles, no lo digo por los de otros países, sobre todo del este de Europa o Asia. Es una travesía que estaba conseguida hace 30 años. Es decir que igual es algo que nos debe llevar a la reflexión sobre el tipo de alpinismo que se hace hoy. En cualquier caso, es una actividad de mucha categoría y sobre todo que se revaloriza cuando los primeros que hicieron esa travesía fueron dos polacos, Kukuczka y Kurtyka, hace treinta años. Y además no es un hecho aislado, porque Alberto Iñurrategi terminó sus catorce ochomiles con una ascensión espectacular a la arista este del Annapurna y también era una vía que se había hecho veinte años atrás.
J. V.: Nosotros hace años no nos planteábamos objetivos tan complicados. Ahora sí le dedicamos bastante tiempo a elegir los objetivos porque llevamos ya muchos años en esto y digamos que ya no nos motiva cualquier cosa. Entonces sí que tenemos que encontrar alicientes: buscar una ruta bonita, que sea interesante, difícil... Antes podíamos ir a cualquier lado; ahora le damos más vueltas.
¿Se echa en falta entonces un alpinismo más puro, más exigente?
J. S. S.: Yo diría que el alpinismo de vanguardia, de verdad, es en estilo alpino o si no, al menos enfocado a objetivos en los que exista la soledad, la incertidumbre, el riesgo y todas esas cosas. Siempre hay riesgo aunque vayas con cuerdas fijas a cualquier montaña, pero yo creo que hay que ir acorde con los tiempos, ir avanzando, no quedarse estancado.
J. V.: Creo que la gente busca el reconocimiento rápido y eso los ochomiles te lo dan. Ir a una montaña de más de ochomil metros hace que seas relativamente conocido en un plazo de tiempo corto. Es verdad que tenemos que hablar de que nosotros tenemos la suerte de llevar mucho tiempo en esto, de tener mucha experiencia y de que nos podamos plantear este tipo de retos. En gente sin experiencia es complicado hacer cosas diferentes. Si esta gente que empieza así luego evoluciona e intenta hacer cosas más originales estaría bien. Quizás lo que le falte es un poco de experiencia.
Juanjo, ¿ha cambiado mucho la montaña desde sus tiempos a ahora?
J. S. S.: En los años ochenta, que es la generación a la que yo pertenezco en cuanto a actividad, la gente se planteaba unos objetivos más audaces que los que se plantean, mayoritariamente me refiero, ahora. Todas las expediciones que salían eran más ambiciosas. Y es que simplemente por salir, aunque fuese a una vía normal, ya tenías que estar solo. Pero es que además, la gente se planteaba, aunque fuese con cuerdas fijas en muchas ocasiones, vías que no fuesen las normales, vías menos protegidas. Se tenía la garantía de que ibas a estar solo. Muchas veces, se iban sin sherpas, a veces sin oxígeno ¡en los años ochenta! Y hoy en día mucha gente está subiendo al Cho Oyu con oxígeno por ejemplo. Ochomiles que se abrieron sin oxígeno y sin sherpas se están haciendo con sherpas y oxígeno. ¿Una actividad como la de Juan está en la punta? No está la punta, pero sí mantiene objetivos audaces.
¿Están descontentos con el panorama actual?
J. V.: No. Hombre, podría ser mucho mejor. A nivel del País Vasco hay poca gente haciendo cosas realmente interesantes.
J. S. S.: Yo descontento no porque me da igual, cada uno puede hacer lo que quiera y me parece lícito que cada uno haga lo que quiere hacer. Pero desde el punto de vista de alguien que ha seguido la evolución del himalayismo, que conoce la historia también de nuestro alpinismo, como en mi caso, que sé lo que se hacía en los años ochenta y sé los modelos en los que nos inspiramos, pues todos estos planteamientos que se hacen ahora en la mayoría de la expediciones de por aquí queda muy vanguardista. Cuando no debería quedar porque lo lógico es que ahora se hubiese avanzado. Quiero decir, que la actividad de Juan, Alberto y Mikel es excepcional.
J. V.: Creo que nosotros estamos intentando dar la vuelta a la tortilla, demostrando a la gente que se pueden hacer cosas diferentes y que no hay que ir al sota, caballo, rey de toda la vida, que intentando hacer cosas originales y distintas también es posible conseguir cierta notoriedad. En esas estamos, esperando que la gente dé el paso y que no se conforme únicamente con hacer rutas normales y que intente plantearse retos más ambiciosos.
Juan, ¿han decidido cuál va a ser su próxima aventura?
J. V.: Tenemos dos o tres ideas ahí dando vueltas. Lo que sí puedo decir es que el año que viene algo vamos a hacer seguro.
¿Qué explica el tipo de alpinismo que abunda hoy en día: el papel de los medios de comunicación, de los patrocinadores...?
J. V.: Hay mucho desconocimiento. Los medios de comunicación no son capaces de distinguir actividades buenas de malas. Actividades muy mediocres pueden tener mucho bombo. Sí hay cierta culpa en los medios. Deberían distinguir más para que la gente que quiera hacer buenas actividades se sienta más valorada. Pero es un tema complicado.
J. S. S.: Ahora las cosas tienen mucha más difusión. Hoy en día, al alpinismo se le hace mucho más caso que antes. Hombre, es un poco la comercialización del deporte, que son cosas inevitables, y que ha influido en la práctica de un alpinismo con menos mérito que el que inspiró a la generación a la que yo pertenecí y a las anteriores.
Este año ha estado muy marcado por el final de la carrera femenina de los catorce "ochomiles". ¿Por qué ha levantado tanta expectación?
J. S. S.: Porque es una novedad. Como me imagino que en su día despertó la primera ascensión femenina a un ochomil, la de Junko Tabei. Era la primera vez que una mujer subía los catorce ochomiles y eso era noticia.
J. V.: Supongo que también influye que una de las implicadas fuese de aquí y que por eso la gente se ha fijado más. Me imagino que en otros países esto habrá pasado muy desapercibido.
¿Se vivió un fenómeno que se alejaba del montañismo y se acercaba al espectáculo o al morbo?
J. V.: A mí no me gustó. Al final parece que hemos llevado al alpinismo lo peor de otros deportes, como la competitividad. Se han trasladado a un deporte que en principio debería estar un poco exento de todo esto. Creo que no hemos dado un gran ejemplo.
J. S. S.: Era una pugna comercial. A ver, Messner cuando hizo sus catorce ochomiles, allá por el año 86, reconocía que ese hecho es un objetivo comercial. Si tú a un patrocinador le das un objetivo redondo, como es subir a las catorce cimas más altas del planeta se torna en un objetivo atractivo, porque hay una frontera rotunda, que es la que pasa de los ochomil metros. Y eso, treinta años más tarde casi, sigue siendo un objetivo comercial que mueve a patrocinadores porque es redondo. ¿Por qué el Everest es la montaña más deseada? Porque es la más alta, porque no hay ninguna otra. Si a eso le añadimos que en los últimos treinta años, el alpinismo ha dejado de ser un deporte marginal para convertirse en un deporte que tiene cierta referencia, aunque nunca será ni el fútbol o el tenis ni otros deportes, en el que los patrocinadores invierten una alta publicidad, es algo que se convierte en algo que la sociedad valora mucho más de lo que lo valoraba antes.
Pero eso sí se entiende como algo positivo, ¿no?
J. S. S.: Si se mantuvieran los criterios de rigor que caracterizaron al alpinismo de riesgo de verdad.
Otro de los hechos de este 2010 ha sido la muerte de Tolo Calafat en el Annapurna, que también generó muchísimos comentarios.
J. V.: Pasó un poco como en el caso de los ochomiles femeninos, que había gente de aquí involucrada y al final se hizo una bola gigante. Se empezó a hablar, luego Juanito hizo unos cuantos comentarios no demasiado afortunados... Hay carnaza y la bola se va haciendo cada vez más y más grande. Y se acababa hablando de montaña por esas cosas: por tragedias, por carreras... y es lo triste porque se debería hablar de otras cosas.
J. S. S.: Cuando muere alguien es noticia. Yo sí entiendo que eso sea así. En Pakistán el año pasado, por ejemplo, con el intento fallido del rescate de Óscar Pérez, allí no se generaría ninguna noticia porque allí los helicópteros los tienen para bombardear a alguien porque están en guerra. Aquí, donde afortunadamente no pasan esas cosas, que una persona muera y después sobre todo de que se le intentó sacar adelante pues sí es una noticia. Además, era verano, que se generan menos noticias. Sí entiendo que una muerte en el Himalaya tenga tanta repercusión. Y mucho más por las circunstancias en las que se produjo esa muerte. Es decir, que no fue un accidente que la persona cae y muere o que te llega la noticia de que alguien ha muerto. Cuando llegó aquí lo que ocurría, por el envoltorio que tienen las expediciones ahora, como es la comunicación inmediata o los teléfonos vía satélite, él habló con su familia cuando se estaba muriendo. Eso es durísimo y es noticia. Son cosas que me parecen penosas, pero que son inevitables. Hoy en día existe esa tecnología y la gente la lleva a sus expediciones y eso nos está permitiendo ver muertes en directo, establecer reality shows en torno a tragedias. Yo me alegro de tener ahora 55 años, me alegraría igual más de tener 60, y de haber vivido la etapa que he vivido. No me resulta atractiva esta época.
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