31/05/2012
"Los adultos, los padres y pediatras no piensan que los niños pueden tener cáncer y eso retrasa el diagnóstico"
Deia
PAMPLONA. Usted es especialista en tumores sólidos. ¿Qué son?
La mitad de los cánceres en los niños suelen ser tumores del sistema hematopoyético linfático, es decir, sangre y linfomas, y la otra mitad son tumores sólidos, cualquiera que no se origina en la sangre, puede ser cerebral, del hueso, del riñón, del hígado, de los músculos. A diferencia de los niños, en los adultos son predominantes los tumores sólidos.
¿Es simplificar decir que en los adultos el cáncer se debe al estilo de vida mientras que en el niño es como una bomba oculta en su organismo?
No es una mala simplificación. En los adultos el estilo de vida es importante, muchos de los cánceres - el de pulmón, vejiga, el melanoma por la exposición solar, el cáncer de colon con la dieta- tienen que ver con el estilo de vida. A veces, sin embargo, no se debe a esto sino al tiempo: las células van sufriendo cambios y no los pueden limpiar ni reparar. En niños, el origen es distinto porque ellos no han tenido tiempo para desarrollar el cáncer. Los tumores en ellos son embrionarios, se generan en células embrionarias que deben dar origen a las células adultas y en ese rápido proceso de transformación pueden sufrir cambios genéticos que las separan del camino.
¿Hay más cáncer infantil que antes?
No, lo que ocurre es que se detecta mejor. No digo que antes no fuera una prioridad, pero había otras enfermedades que tomaban preferencia porque el número era superior. Ahora que la salud de los niños es mejor, el cáncer es el punto más caliente, de hecho es la mayor causa de fallecimiento infantil por enfermedad después de los accidentes.
¿Se curan más que los adultos?
Se están curando el 80% de los niños, en los adultos la cifra puede bajar hasta el 60%. El cambio habido en los últimos años en incrementos de supervivencia ha sido muy superior en los niños que en los adultos.
¿Se debe a la investigación o a la naturaleza infantil del paciente?
Seguramente a las dos cosas. El niño es mucho más resiliente, más fuerte, pero también hemos avanzado mucho en el entendimiento de las enfermedades infantiles. El tratamiento del cáncer del niño es más satisfactorio que el de los adultos.
¿Ese tratamiento es el mismo?
Un cáncer en adulto se trata con cirugía, si se detecta pronto, o con radioterapia. Solo se da quimioterapia cuando el tumor está más avanzado, si no se puede resecar o hay metástasis. En niños, por definición, desde el primer día en el 90% de los casos damos quimioterapia, ya que damos por hecho que el tumor está diseminado.
¿El diagnóstico es más difícil porque los síntomas son más sutiles en la infancia?
El cáncer es difícil diagnosticar en niños. En adultos tenemos las pruebas de screnning, con un buen rastreo de cáncer de mama, de próstata o colon, por ejemplo, puede diagnosticarse temprano, antes de que los síntomas se manifiesten. En los niños no tenemos ningún cáncer que lo podamos rastrear de esa manera, así que todos los niños vienen con síntomas. Además, en los primeros años no hablan, no se comunican bien y los síntomas pueden ser muy inespecíficos. Un niño puede estar irritable por el dolor, pero los adultos no saben por qué lo está, también hacen deporte y le puede doler una pierna, pero hasta que nos damos cuenta de que no es por un golpe jugando al fútbol sino un tumor pasa tiempo. O sufre vómitos y los padres creen que no quiere ir a la escuela cuando en realidad tiene un tumor cerebral. Los adultos no piensan que el niño pueda tener cáncer y eso retrasa el diagnóstico. Además, los niños aguantan mucho, suelen ser más resistentes al dolor, por todo ello los síntomas son más difíciles de entender. Es importante que la gente conozca los síntomas, que los pediatras sepan que el cáncer existe en niños y que se puede curar.
Es duro reunir en la misma frase las palabras niño y cáncer...
El niño puede tener cáncer de la misma manera que el adulto. Y puede morir de cáncer de la misma manera que el adulto. Lo más importante es que los médicos de Atención Primaria entiendan que el cáncer existe y que cuando un niño llegue con un abdomen un poquito más grande de lo normal o con una pierna que le duele desde hace dos semanas, lo miren y no lo tomen como un síntoma normal. Que estén pendientes...
¿Es una enfermedad de países ricos? ¿Mata más niños que el hambre?
No. Es la segunda causa de muerte en un país desarrollado como este, donde es un problema porque nuestra mortalidad infantil es tan baja que los niños desarrollan cáncer. Si viajamos a África, a zonas de Latinoamérica o Asia, la incidencia es muy inferior debido a que allí la mortalidad infantil es tan alta que muchos de estos niños no llegan a desarrollar el cáncer. Y, además, porque las prioridades sanitarias ni siquiera contemplan el cáncer, allí no existe, los pocos que hay ni se diagnostican. En países en vías en desarrollo será la tercera o cuarta causa de muerte tras infecciones, malnutrición, cardiopatía, enfermedades congénitas.
¿El objetivo es la supervivencia a cualquier precio? ¿Y las secuelas?
En los años 70-80, cuando el cáncer pediátrico se empezó a curar, ese fue el gran objetivo: curar. Los tratamientos se desarrollaron bastante intensivamente para conseguirlo. Hemos logrado curar al 80%, pero ahora estamos viendo las secuelas en las generaciones que hemos curado, con las mejores intenciones y los métodos que hemos tenido: quimioterapia, cirugía, radioterapia. El problema del sobreviviente del cáncer infantil es muy diferente del sobreviviente del cáncer de adultos. Este puede sobrevivir con secuelas y muchos de ellos no están en la fase productiva de la vida, no tienen que ir a la escuela, a la universidad, casarse, mantenerse por sí mismos... Hemos generado una nueva población, uno de cada 500 o 600 adultos jóvenes, entre los 15 y los 30 años, es un sobreviviente de cáncer infantil. Eso significa que en la población joven que está entrando en las universidades o el campo laboral hay muchos que son sobrevivientes. Lo que tenemos ahora es la nueva ciencia del sobreviviente.
¿De qué tipo de secuelas hablamos?
En algunos cánceres no hay apenas secuelas, pero en otros son muy severas. Los tumores sólidos pueden ser muy mutilantes para un niño. Una leucemia se cura con quimioterapia, uno no viola el cuerpo, pero los tumores sólidos de los niños suelen requerir cirugías radicales, amputar una pierna, hueso, un ojo o irradiar la cara a un niño de 3 años, lo que se la deformará. Además, la quimioterapia tiene efectos a largo plazo sobre el corazón, el hígado, los riñones, pulmones... causa gran cantidad de efectos tardíos. De hecho, los niños que se han curado del cáncer infantil tienen 10 o 15 años menos de expectativa de vida una vez curados que los niños de la misma edad cuando llegan a adultos por los problemas que puede haber generado en otros órganos. Ahora el gran reto es superar el 80% de las curaciones y disminuir los efectos tardíos. La ciencia del sobreviviente debe ayudar a desarrollar tratamientos nuevos, menos tóxicos, que permitan mejor calidad de vida a la siguiente generación de sobrevivientes. No obtener solo efectos funcionales sino también de calidad de vida, de incorporación a la sociedad, de preservación de la fertilidad, por ejemplo.
El espectacular aumento de la curación que refiere no se debe al desarrollo de nuevos medicamentos pese a que parece una idea generalizada...
Los medicamentos que estamos utilizando son los mismos que en los años 70 y 80. No estamos utilizando fármacos mágicos sino los mismos que cuando empezamos, sin embargo, la curación ha aumentado en 40 puntos al pasar del 20-30% de hace 20 años al 75-80% actual. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Hemos mejorado nuestra conocimiento del cáncer y lo hemos sabido hacer mejor.
¿Algún otro problema pendiente además del de reducir las secuelas?
Los adolescentes. Hemos llegado a la curación del 80% en cáncer infantil, pero los adolescentes se quedan a mitad de camino entre los adultos y los niños. No hemos sabido manejar bien el problemas de estos pacientes de entre 18 a 21 años, que pueden tener enfermedades de niños pero ser tratados por adultos o tener enfermedades de adultos pero estar tratados por pediatras. Ese es el grupo que debemos desarrollar.
¿Es real la posibilidad de un tramiento personalizado?
El futuro está en la terapia personalizada. Ahora sabemos mucho más del cáncer, podemos abrir la célula cancerígena y analizar todos los genes, lo que llamamos el genoma del cáncer, para cada enfermo. En 2001, analizar el genoma de una persona costó 100 millones de dólares, ahora cuesta menos de 10.000 dólares, dentro de dos años costará 2.000 y dentro de cinco, 1.000. Con 1.000 dólares se puede analizar completamente el genoma de una persona con cáncer para entender mejor la enfermedad de esa persona, cuáles son los eventos genéticos que le han llevado hasta donde está y ver si eso ayuda a aplicar tratamientos más inteligentes. Hacia eso vamos, a aplicar la ciencia de la terapia personalizada dentro del contexto de la terapia general del cáncer. Por lo menos debemos empezar a crear grupos y que cada enfermo tenga el DNI de su cáncer, y eso nos lo dará la genómica.
¿Apoya como oncólogo el estudio genético de todos los niños al nacer?
Hablamos de tomar decisiones por un niño, que no tiene capacidad de decisión. Al establecer el código genético de un niño prediciendo lo que pueda ocurrir para el resto de su vida le estamos quitando poder de decisión. Si no es necesario, hay que esperar a que tenga 18 años y decida qué quiere hacer con sus genes. Sólo para algunos casos concretos, de algunos genes en concreto que puedan originar alguna enfermedad pediátrica, lo haría.