03/06/2013
"Lo que está pasando en el periodismo es lo peor de lo peor: desidia y prepotencia"
Deia
La Casa del Almirante, sede de la Fundación María Forcada de Tutera, acoge hasta el 15 de septiembre Antología, el "paseo por la muerte y la supervivencia" del fotoperiodista cordobés, que en todos los conflictos que ha cubierto ha tomado parte disparando con dos armas: una cámara y la palabra. Sus fotografías y sus crónicas ilustran una batalla implacable contra el olvido de las víctimas.
En la presentación de la exposición, tanto la edil de Cultura como la delegada del Gobierno en Nafarroa se mostraron en contra del olvido de las víctimas ¿Qué opinión le merece teniendo en cuenta el manifiesto rechazo de ambas a la Ley de Memoria Histórica?
No sabía lo que iban a decir. Cuando vengo a este tipo de actos lo único que sé es lo que voy a decir yo. Evidentemente, es mucho más inteligente expresar algo que pueda acercarse al sentimiento que produce una exposición como esta que decir lo contrario. Al fin y al cabo, si has aceptado que la exposición esté aquí, la has aceptado con todas sus consecuencias. Lo que no acabo de entender muy bien de la política española es esta especie como de trincheras vinculadas a intentar creer que quien dice una cosa es porque es de una ideología y quien dice otra es porque es de otra. En el tema de la búsqueda de desaparecidos, porque el término Memoria Histórica no me gusta mucho, ha habido comportamientos vergonzosos por parte de todo el mundo y cobardía por parte de todos los partidos políticos. Como verdaderamente ya no creo en las visiones de los de uno y otro lado, llego a un sitio y digo: Ahí está mi trabajo y que cada uno lo vea, reflexione y tome sus propias conclusiones.
Últimamente está usted siendo muy crítico con el periodismo ¿Por qué?
Si yo quiero ser crítico, debo ser autocrítico; y si soy autocrítico y crítico con mi profesión, llego a conclusiones demoledoras. Porque lo que está pasando en mi profesión es lo peor de lo peor. Ni los políticos ni los jueces ni los banqueros ni ninguna otra especialidad de poder que hay en la sociedad ha actuado con tanta desidia, con tanta desvergüenza, con tanta prepotencia como lo que ha ocurrido en el mundo periodístico. No estoy hablando de los periodistas de a pie, del 95% que hace bien su trabajo a pesar de todas las dificultades, censuras y presiones. Estoy hablando de empresarios de la comunicación, de jefecillos que hay en los medios, de directores pusilánimes, de gente a la que solo le interesa subir escalones y que es capaz de aceptar censuras, entrevistas pactadas... Hay que ser críticos, no hay otro remedio. Hemos llegado a una situación en la que los ciudadanos nos ven como vendidos al poder porque la prensa se ha vendido al poder político y económico. Otra cosa que me pone muy nervioso es ese fenómeno de los modelos de comunicación alternativos que están surgiendo en internet, dirigidos en muchos casos por personas que han jugado a este juego, personas que estaban hace cuatro o cinco años en las estructuras superiores de los medios de comunicación, que en aquellos momentos tragaron sin contemplaciones y ahora, como resulta que han abandonado los medios de comunicación, se han vuelto independientes. Para mí la persona independiente de verdad, el valiente, el buen periodista es aquel que siendo un director adjunto o un subdirector o un director de un diario se atreve a decir esto no lo voy a hacer, aunque le cueste el trabajo.
Si la premisa para ser periodista es aprender a decir siempre no, ¿cuántos nos salvaríamos?
No tengo ni idea. El periodista ejemplar no se demuestra por el puesto laboral que ocupa sino por las veces que ha dicho no a lo largo de su vida. Si yo quiero ver qué ha pasado con un periodista, quiero saber cuántas veces ha dicho no. Si es director general de un diario me da exactamente igual, eso no implica que yo a esa persona le vaya a tener más respeto. Hay mucho periodista de a pie que ha dicho muchas veces no y se la ha jugado y ha tenido que abandonar el periodismo, y conozco gente que tiene un alto cargo que siempre ha dicho que sí y, evidentemente, por eso está en su puesto.
Conocemos la actualidad al instante. Esto va muy rápido y una noticia tapa la siguiente. ¿Se sostiene una buena información sin profundizar en los temas?
Vamos muy rápidos, al punto de que las portadas de los periódicos nacen muertas. Y esto es así porque la cuestión no es poner un titular que diga Ayer hubo 50 muertos en Siria, que es algo que ya sabemos todos por internet o la televisión. El tema es que tú tengas una persona allí que te cuente qué está pasando sobre el terreno. El tema es tener un equipo de directivos periodísticos, directores y adjuntos dispuestos a jugársela, que los periodistas de a pie tengan confianza en sus jefes. Y segundo, que estén dispuestos a ser indeseables con el poder. Ese sería el modelo. Si yo dirigiese un periódico, lo pondría por contrato: nadie se mete en mi parcela, no recibo llamadas de ministros, de consejeros delegados… Todos esos se pueden ir a la mierda porque este es mi trabajo, no el vuestro. El problema está en que tenemos una estructura de medios que han destruido la esencia del periodismo, han dejado de vigilar el poder y se han convertido en sus mejores amigos. Y todo el mundo ha tragado.
Comenzó su carrera en Guatemala, en 1984. En una ocasión le oí decir que se vio incapaz de desempeñar su trabajo. ¿Es así?
Era muy joven. El problema fue que las personas que iban a ser mis fuentes de información estaban amenazadas de muerte. Guatemala está hoy lleno de turistas y un periodista se puede camuflar. En aquel tiempo no había extranjeros. Te tenían controlado. Si estás en un país en que los servicios de seguridad demuestran que son muy eficientes y te encuentras con alguien que está siendo vigilado, buscado o se lo pueden cargar, lo último que voy a hacer es poner en peligro su vida. Jamás pondría en peligro la vida de otras personas por una información.
¿Se ha autocensurado por otros motivos?
Ahí estamos hablando de fotografía. Yo te hablo de situaciones periodísticas, de situaciones en las que sabes que tu fuente está en peligro, en dictaduras muy férreas, bajo estado de sitio o con toque de queda. Eso no es un acto de autocensura, es simplemente responsabilidad.
¿Cambia su manera de relacionarse con los demás en situaciones de guerra y en situaciones de paz?
Yo hago una especialidad del periodismo que tiene sus complejidades, pero no es muy diferente a la de otras personas que hacen periodismo. Yo siempre he dicho que para mí el periodismo más peligroso es el local. En mi especialidad conozco todo lo que puede pasar y los riesgos que conlleva, pero a mí nadie me va a criticar ni me va a censurar ni tocar si pongo que el presidente de Afganistán es un corrupto. Pero si te atreves a decir que el banco de tu ciudad, la Caja de Ahorros de tu ciudad, el tipo de tu ciudad que tiene negocios en tu ciudad y además pone publicidad en tu medio es un corrupto... Ahí cambia la cosa. ¿Cuánta gente en este país ha investigado en tiempo real el comportamiento de los bancos y las cajas? Ahora Blesa es lo que es, pero en este país, periodistas, políticos, empresarios han estado a su lado, como han estado al lado de los sinvergüenzas de Caixa Catalunya, unos del PP y otros del PSOE, y de esos nadie se ha acordado. Si yo hablara y actuara en la sección local de un periódico como actúo en la de internacional hace tiempo que me habrían guillotinado.
¿Las nuevas tecnologías están ayudando a hacer un mejor periodismo? ¿Una foto con un iPhone puede estar a la altura de las que hay en su exposición?
No, pero una foto con iPhone fue, hace mes y medio, portada de The New York Times. Tengo amigos que hicieron fotografías fantásticas en los Balcanes, pero que no se pueden ampliar porque el archivo no te da para más y se pixela. Las primeras digitales no tenían la calidad del iPhone, que te puede resolver la papeleta. He estado hace poco en Afganistán y Bosnia y he trabajado en digital, película y, por primera vez, con el iPhone. Lo importante es si lo que has hecho merece o no la pena; el sentido del trabajo y no con qué tipo de máquina está hecho.
¿Ha necesitado alguna vez echar mano del olvido para poder seguir conciliando el sueño?
Cuando encuentro historias duras intento hacer una digestión, aunque sea pesada, intento digerir lo que estoy viendo. Veo gente morir y eso es muy doloroso. Y a veces les ves morir sabiendo que si hubiese una mínima intervención internacional humanitaria esa gente no moriría. Hablo de epidemias de cólera o bombardeos salvajes, porque nadie se atreve a parar los pies al poder, como pasó en los Balcanes, pasó en Irak, está pasando en Siria y pasará mañana en otros países. Los intereses estratégicos de las grandes potencias influyen para que no se haga nada y después de un gran baño de sangre parece que ya se ha acabado la guerra. Ni hablar, no es así. Yo no soy el culpable de todo esto, lo único que puedo hacer es señalar a los culpables. Cuando tengo posibilidad de decirlo, lo digo, yo estoy allí y encima ha habido veces que me han preguntado que qué hago para ayudar a esa gente.
¿Qué contesta en esas ocasiones?
Que se dejen de rollos. Ya tengo suficiente con centrarme en mi trabajo y darle cierta salida laboral. La mayor parte de los periodistas que están trabajando en zonas de conflicto son o periodistas locales con salarios vergonzosos, que se están jugando la vida y que están muriendo, o freelance que no llegan a final de mes. Manu Brabo ha ganado ahora el premio Pulitzer y parece que sea la hostia, pero dentro de cuatro días si no sigue trabajando no come. Esa gente está documentando el drama de sus vidas y eso es durísimo. Muchos de los que están cubriendo lo que ocurre en Siria llegan a su casa y se la encuentran reventada de un bombazo. ¿Qué les vas a pedir? ¿Que salven vidas, que sean los interlocutores de nuestras contradicciones? ¿Que busquen cómo salvar niños? Para eso hay que buscar una sociedad que presione más a sus políticos, que se ponga más en el lugar del otro, que vea con otros ojos lo que está pasando más allá, una sociedad que no solo se queje cuando le afecta lo que está ocurriendo.