14/01/2015
Nueve de cada diez mayores cuida su alimentación para proteger la salud
Encuesta a 1.200 personas de entre 65 y 80 años en 17 comunidades autónomas para conocer sus hábitos en el consumo de alimentos
· Solo un 5% dice tener problemas para seguir una correcta alimentación, aunque el 10% admite saltarse alguna comida
Nuestro planeta envejece y lo hace a pasos agigantados. En España, según el INE y el IMSERSO, el 17% de la población española tiene 65 años o más (un total de 7,5 millones de personas). Salvo que se produzca una fuerte inmigración, esas personas supondrán un 31% de la población en unos pocos años (16,4 millones de habitantes). En definitiva, en 2050, España será el segundo país del mundo con la población más vieja, solo por detrás de Japón.
Habrá, por tanto, más gente con 65 años en plenas facultades físicas, mentales y con vida activa. Para no perder de vista a esta población de futuro, HISPACOOP (la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios a la que pertenece Fundación EROSKI) ha querido acercarse a ellos con el fin de conocer sus hábitos y sus dificultades y necesidades en el consumo de productos alimenticios. Para ello, entre octubre y noviembre, realizaron un total de 1.200 entrevistas a personas de entre 65 y 80 años. Todos ellos vivían en su propio hogar en las 17 comunidades autónomas del país (no se incluyó a la población mayor residente en unidades y centros asistenciales).
La alimentación importa
La alimentación es fundamental para las personas mayores de 65 años encuestadas y el 98% aseguran cuidar de ella porque están convencidos de que hacerlo les ayuda a mantener un buen estado de salud.
En este sentido, el 95% asegura comer pan y cereales diariamente, y el 92% también leche. Además, el 85% incorpora fruta a su dieta diaria. En el caso de las verduras, las hortalizas y los tubérculos, solo el 57% manifiesta consumirlos todos los días y el 29% realiza tres o cuatro tomas semanales. Las legumbres suelen tomarse una o dos veces por semana, tal y como indica el 79% de los consultados. Por su parte, las carnes y sus derivados, y el pescado o el marisco se comen preferentemente una o dos veces por semana, como señala el 61% y el 55%, respectivamente. Asimismo, los huevos se consumen en su mayoría entre 1 y 2 veces a la semana (lo dice el 66% de los encuestados).
Por último, los productos precocinados o preparados no les interesan. De hecho, el 74% asegura que no los toma. Tampoco los snacks o los azúcares y la bollería industrial forman parte de su cesta de la compra. El 86% nunca los consume o lo hace esporádicamente.
En ocasiones, los mayores complementan su dieta con productos funcionales o modificados. El 51% de las personas consultadas los toma con el objetivo de mejorar su calidad de vida y para prevenir o paliar los síntomas de enfermedades. Esta preocupación por complementar la dieta tiene mayor incidencia entre los más jóvenes, de los 65 a los 69 años, y las mujeres. Por lo general, toman especialmente productos bajos en sal (los adquiere el 25% de quienes complementan su dieta) y bajos en grasas (el 23%).
Sin dificultades, pero a veces ayunan
Aunque la gran mayoría de los consumidores mayores consultados asegura no tener problemas para seguir una dieta rica que combine diferentes grupos de alimentos (solo un 5% de los consultados aprecia algún tipo de limitación por el encarecimiento del nivel de vida o la pérdida de apetito), casi uno de cada diez entrevistados reconoce saltarse alguna comida, un problema que tiene una mayor incidencia a partir de los 70 años. Y el ayuno también puede provocar déficit nutricional.
Quienes prescinden de alguna ingesta básica lo hacen, en su mayoría, de forma esporádica, si bien un 15% reduce la toma de productos todos o casi todos los días. Este grupo de riesgo representa en el conjunto de entrevistados un reducido 1,4% de la población mayor de 65 años.
Los motivos para saltarse alguna comida tienen que ver, sobre todo, con la falta de apetito o con la pereza de cocinar solo para una persona. También los problemas digestivos inciden en la eliminación de las cenas o las dificultades para conciliar el sueño, fruto de malas digestiones.