03/02/2016
El Sorolla que respiraba dibujos
«El artista producía estos dibujos casi a diario. Iba a todas partes cargado con su cuaderno y sus lápices, de ahí esa soltura que tenía al dibujar y el músculo que posteriormente tendrían sus grandes obras», narró Luca de Tena para destacar la importancia de una exhibición que se ha realizado tras seleccionar estos esbozos de entre más de 5.000 dibujos.
'Apuntes en la arena' devuelve a Sorolla al Centro del Carmen, un museo que hace unos meses cerró la sala dedicada al genio que estaba instalada en la pinacoteca y que, además, vio como la institución encargada de la investigación y estudios sobre la obra y figura del genio, que también tenía su sede en el antiguo Convento del Carmen, se trasladó al Museo de Bellas Artes San Pío V. Así que, pese a los desagravios, Sorolla regresa al lugar donde se formó como artista, a la desaparecida Escuela de Bellas Artes de Valencia.
Un conjunto de 123 obras, entre dibujos, notas de color y cuadros al óleo -estos últimos la prueba palpable de cómo esos primeros trazos se convertían en cuadros- conforman una exposición inédita, en la que, salvo dos o tres dibujos, el resto nunca antes habían sido expuestos. Para la directora de la Casa Museo Sorolla esta exposición no es tanto una reivindicación de la faceta como dibujante del artista sino la posibilidad de dar a conocer una producción que está considerada como el paso previo a las grandes obras creadas por el genio. «Al ser dibujos de trabajo parecía que no tuvieran importancia. Pero fueron el paso previo. Sorolla era un trabajador infatigable de una enorme disciplina», afirmó.
La casi obsesión del pintor por la luz, el mar y el reflejo de la vida cotidiana dividen la exposición en cinco apartados. En el primero, 'El trabajo en el mar', se recopilan los primeros dibujos allá por el año 1890. Los pescadores, la reparación de la redes, las velas y la pintoresca figura del 'pícaro de playa', -un personaje que da nombre a uno de los cuadros que se pueden ver en la muestra- forman parte de estos ensayos.
'Barcas y bueyes', la segunda parte de la exhibición , ejemplifica cómo el trazo de Sorolla va adquiriendo mayor agilidad y se vuelve más sintético. En 'Mujeres en el mar' dibuja, nunca mejor dicho, a las féminas como casi una figura mitológica. El valenciano, con el paso del tiempo, se siente más libre y su mano «parece seguir su propia mirada».
Ya en 1900, las escenas de playa ocupan el lugar central de su producción artística. En ese periodo se centra 'La alegría del agua' donde Sorolla traslada al óleo sus propios dibujos. Las notas de color en pequeño formato llenan de alegría sus experimentos con el agua, la luz y los movimientos de los bañistas. Finalmente, 'Elegantes en la playa' traslada al visitante a Biarritz, Zarauz y San Sebastián, donde el artista recurre a mujeres y hombres de la burguesía en actitudes más relajadas y vestidos de blanco.
Según Luca de Tena, que ejerce como comisaria de una muestra que estará abierta hasta el 29 de mayo, la evolución del artista hizo que, tras años de trabajo, la transposición de los esbozos a los cuadros se fuera diluyendo. La mayor parte de las creaciones, según los expertos, se realizaron al aire libre. Sorolla se valía de su cuaderno y un lápiz para dibujar. Pero también empleaba la pluma, la acuarela o el clarión.
Para el director del Consorcio de Museos, Felipe Garín, la excepcionalidad de la muestra da un golpe sobre la mesa y se convierte en «un elogio al dibujo, un género que no ha gozado de la importancia que merece siendo el primer paso del pintor».
Sorolla respiraba a través de sus dibujos. Era su forma de expresión. Y ahora, en su antigua escuela, vuelve a trazar para los valencianos su visión luminosa del mar, descubriendo sus apuntes en la arena.
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