04/02/2016
Pidan perdón a la afición ( F.C Barcelona 7 - 0 Valencia C.F)
El Valencia sufre una humillación histórica en la ida de la semifinal de Copa del Rey y Neville agota el crédito
Es impropia la actitud con la que salió el Valencia a jugarse unas semifinales de la Copa del Rey. Indolencia es un calificativo suave para lo que mostró el conjunto de un Neville que ya ha agotado el crédito. A los 11 minutos Luis Suárez ya había marcado dos. Ante la pasividad del Valencia. Lo peor no era el resultado. Fue la actitud. La falta de ganas. El escudo no se lo merece. Los casi cien años de historia. Maltratada por una plantilla que no da el nivel. Por un entrenador novato, que todavía no se ha enterado de qué va esto. La exigencia a unos profesionales que ganan cada año millones de euros. Fue humillante por momentos. Ridículo. Vergonzoso para los cientos de aficionados que se desplazaron a Barcelona. Caños, bicicletas, filigranas. Desesperante. Neymar, que un día antes hacía el paseíllo por la Audiencia Nacional, se rió en la cara de los defensas del Valencia.
El equipo no juega a nada. Es un puro desastre. Una caída libre que no tiene fondo. Como un agujero negro. Cada alineación es un experimento. Rotación de jugadores. Defensas probetas donde hay futbolistas que no tienen nivel para jugar en un Valencia. ¿Alguien va a rendir cuentas por el tema Santos? La culpa no es del chico, sino del que creyó que tiene nivel para venir al Valencia.
A la media hora el Barcelona ya había metido tres. Y lo peor es que la sensación era que no quería meter más. Una pachanga señores. Profesionales contra juveniles. Y Gary, ¡ay Gary!, en el borde del área técnica como un don Tancredo. Si saber qué hacer. Sin soluciones. El mercado de invierno ha puesto de manifiesto la falta del rumbo de este Valencia. Se pensó en un central, se buscó un mediocentro y se optó por dos jugadores de banda izquierda para no se sabe qué. Ayer, en pleno Camp Nou, con la ilusión del valencianismo con la Copa como clavo ardiendo, Neville optó por un Siqueira que hacía semanas que no pisaba un campo de fútbol. Surrealista.
El equipo no presiona. El balón pesa una tonelada en los pies. No dieron ni tres pases seguidos. Ni un tiro con peligro. La nada. Pero lo peor de todo es que no hubo sacrificio. Ni una sola falta en la disputa por el balón. Si no tienes calidad, pon ganas. Como último recurso. Por dignidad, aunque sólo sea por la dignidad que implica llevar la camiseta del Valencia Club de Fútbol.
¿Qué hace Neville en Paterna?, ¿qué entrena?, ¿tan complicado es trazar un plan para hacerle frente al Barcelona? Algo. Un poquito de fútbol. La presidenta, Layhoon Chan, tras el adiós de Nuno aseguró que llegaría un líder al vestuario. Para llevar a la gloria a una plantilla excesiva en su juventud pero de brillante futuro. O eso dicen. La realidad es que lo que ha llegado es un meritorio que corre el riesgo de no volver a entrenar nunca más con semejante currículum. Ni un sólo partido de Liga ganado. Un drama. Si recursos tácticos. Un atrevimiento diario. El sistema fue un desastre. Cuatro laterales con recorrido para no jugar ni un sólo balón por las bandas. La apocalipsis se fraguó en el centro tras una pérdida de André Gomes. Dos toques y gol. A partir de ahí la hecatombe. Una de las mayores vergüenzas que se han vivido en la historia del club de Mestalla. Maltratando aquel espíritu de bronco y copero.
Neville sigue empeñado en un Danilo que no está para jugar en el Valencia. El brasileño fue el primero en ser sustituido. Feghouli al campo... ¡de mediocentro! Un chiste. Una broma macabra. Los goles cayeron por inercia. Y no fueron más porque el Barcelona tuvo piedad. Incluso Neymar, tan maleducado sobre el campo con el rival, falló un penalti tan irrespetuoso en su lanzamiento como dudoso. La roja a Mustafi, el único que había hecho algo, terminó de matar al Valencia. Discutir si era o no penalti es una excusa mediocre. Burda después de lo visto.
En la segunda parte, con uno menos, mejoró una pizca la actitud aunque no el juego. El Valencia siempre estuvo sometido a su rival. A su merced. El Barcelona hizo y deshizo. A su gusto. Bailó al equipo de Neville, que sacó a Vezo a recomponer filas. Los de Luis Enrique se gustaron. En exceso. Incluso sin apetito. Una marcha más y el Valencia se lleva una docena del Camp Nou. Sin exagerar. El valencianismo no se merece. Y Lim tiene que tomar decisiones. Empezar de cero. Refundar la plantilla. Con los que están comprometidos. Y poner en el banquillo a alguien que sepa lo que es estrenar a un equipo de fútbol. Esto es el Valencia. El club que presidió Milego, de Montes y Cubells, que lideró Mundo, Kempes, Albelda, Mendieta... El descenso a Segunda ya toca a la puerta. ¡Reaccionen ya!
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