25/11/2015
El Valencia CF ya no depende de sí mismo
El Valencia se congela en San Petersburgo y se queda como tercer clasificado tras el agónico triunfo del Gent en Lyon
Por duro que resulte, al Valencia se le oscurece la Champions y se acerca a la Europa League. Toda una sorpresa a priori. Como la que hubo ayer cuando se conoció la alineación. La de Rafa Mir, un postadolescente en el once titular. Debutando a lo grande. Un recién alistado a combatir en Rusia con De Paul preguntándose a qué dedica su tiempo libre. Al margen del arrebato de Nuno, no hubo más novedad, porque el partido empezó según lo anunciado. Los rusos le dieron el balón al Valencia. El desprecio por la posesión es petróleo. Ya lo dijo Villas-Boas en la previa y el que avisa no es traidor. Si la fórmula en Mestalla sirvió no había motivos para cambiarla. Danny, el tipo que juega en manga corta pero con guantes, maneja con y sin balón. El excelso Witsel y el abnegado Neto fueron los encargados de barrer en un sistema en el que Hulk y Shatov le ponen la velocidad. Endiablada. Demasiadas revoluciones para una defensa desordenada. No es posible que la ausencia de un sólo jugador como Otamendi haya derribado lo que la temporada pasada era un muro. Abdennour está a años luz. En otra galaxia. La roca es gravilla. La causa de que el Valencia lleve tan pocos goles en contra en Liga es Jaume. No busquen más. Si no hubiera portero, los números sonrojarían.
El frío ablanda a los ejércitos. En Rusia cayeron muchos de aquellos osados. Destruye a la tropa. Jugarte la Champions sobre un terreno en el que claudicaron Napoleón y Hitler es intentar un imposible. El brasileño Hulk es fuerza sobrenatural. Se las vio con Cancelo, al que destrozó en la ida y machacó en la vuelta. Sin piedad. El técnico del Zenit incidió en esa pesadilla como materia prima. El Valencia no aprendió la lección del partido de casa. Hasta un tronco como Dzyuba le vaciló al luso.
El primer gol vino por la derecha. Por la banda de Cancelo. Hulk cogió un balón pegado a la banda y su centro, con una serie de rebotes, le pasó por encima a Vezo, y cayó a los pies de Shatov que la levantó por encima de un Jaume vendido. Al cuarto de hora, la moneda al aire ya dibujaba la cara del miedo. No por el resultado, sino por las sensaciones. Antes del gol, Gayà ya había sacado una en la línea de gol. Canguelo generalizado.
El Zenit jugó en superioridad en el centro del campo. Sin la necesidad de poseer el balón pero con la ventaja de disponer de más hombres para ahogar el centro de operaciones del Valencia, donde el trivote nunca engrasó. ¿Y la pizarra? Una estrategia de guerra rusa. El frío y la desesperación hirió al Valencia. Sin ideas. Alcácer tenía que bajar a buscar el balón casi hasta su campo. De ahí a la portería de Lodygin, tanto terreno como el que hay en Siberia. Cuando el balón estuvo en poder de los rusos, más de lo mismo, la nada.
A partir de la media hora el Valencia empezó a descongelarse. Sin excesos, pero palpitó un corazón aterido de frío y encogido de miedo por el partido en Lyon, donde se jugaba la vida. La económica y la deportiva. Demostró que tocando el balón, con un poquito de fútbol, se podía llegar al área rusa. Mejor por bajo. Raseando. Ir por arriba, como en Mestalla, era tirar el balón a la basura. En la primera jornada, 52 centros y sólo siete remates. Intentar lo imposible era perder el tiempo. Antes del descanso, Alcácer tuvo dos minioportunidades. Limosna para lo que se le presupone al Valencia de Peter Lim.
La segunda parte sirvió para mejorar. Para abrir las esperanzas en sus inicios. Nuno decidió que Rafa Mir ya había cumplido su mili y sacó a Santi Mina. El Zenit aflojó, de manera descarada. Y el Valencia se dio cuenta de que tocando el balón sin levantarlo ni un milímetro del suelo se podía sacar beneficio. Toque y toque con el beneplácito ruso. Y Mina la coló, con el línea con la bandera en alto. Al menos fue una bocanada, ilegal pero oxígeno era. El Zenit salió al paso para buscar la sentencia al galope.
Y así paso. Con Enzo Pérez al banco con la mano en los isquios y Danilo recién llegado, los rusos mataron entre Hulk, Danny y Dzyuba. En una jugada al toque, con paredes de pizarra, con la crudeza de desnudar todas las carencias del Valencia. Un desastre. La moraleja de lo que se lleva viendo toda la temporada. Sin ideas, sin sistema.
En el suicido deportivo, Nuno retiró a Cancelo. Derrotado. Con el coco comido por una bestia parda. Y le dio minutos a De Paul, como una oportunidad para no se sabe qué. El argentino se tuvo que trabajar el jornal bajo cero, con un equipo desarbolado. La ausencia de lateral derecho se llevó por delante a su primera víctima. Rubén Vezo tumbó a Evseev y se fue a la ducha antes de tiempo. La roja de la sinrazón. El Valencia nunca debió llegar a Rusia a jugarse la vida. Los males soplan desde Gante.
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