11/04/2016
Directivos del IVAM revelan cómo se amañaban contratos con Císcar
Los trabajadores denuncian irregularidades en las áreas de publicaciones, informática y transporte de obras
La juez investiga, aparte de la exdirectora, a los subdirectores de Administración y Finanzas del centro de arte, Juan Carlos Lledó; de Gestión Interna, Juan Bría; de Publicaciones, Norberto Martínez; y Técnico Artística, Raquel Gutiérrez, así como un empresario, el administrador de Valsatrans y Logística del Arte, Enrique Martínez.
Los trabajadores dan cuenta a petición del Grupo de Delincuencia Económica de la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Valencia de diversas irregularidades que «empezaron a producirse desde la toma de posesión de directora del IVAM de Císcar» y, en algunos casos, remarcan que ningún predecesor suyo en el cargo «aprobó autorización para nada semejante».
LAS PUBLICACIONES
Ofertas muy económicas en el último minuto
Un responsable del departamento de Publicaciones explica cómo en este área se modificó tras la llegada de Císcar la manera de elegir las empresas de impresión de catálogos o de libros. El declarante informa de que el sistema de trabajo sufrió una serie de cambios que a su juicio «perjudicaban la transparencia y neutralidad del proceso».
Hasta entonces los proyectos salían a concurso o (por motivos de agenda) se ofrecía cada trabajo a un mínimo de tres empresas valorando su trayectoria. Finalmente de éstas se escogía a la que presentase el presupuesto más económico. Pues bien, según manifestaciones del personal del Departamento de Gestión Económica, en la etapa de Císcar sucedía algo sospechoso en algunos concursos y así se recoge en el sumario: «Momentos antes de cumplirse el plazo para la presentación de presupuestos, por las empresas que optaban a ganar la puja, Juan Carlos Lledó -anterior director económico del museo, también imputado-, recogía los expedientes de las propuestas recibidas hasta el momento, llevándose las supuestamente a su estudio, resultando 'extrañamente' que momentos antes de finalizarse el plazo se recibía por correo electrónico en las oficinas del IVAM el presupuesto de una de estas empresas, que hasta ese momento no lo había remitido, resultando ser más barato que cualquiera de los presentados hasta entonces, siendo finalmente adjudicado a esta imprenta, recordando que las mismas era propuestas ya por el señor Lledó Rosa».
Los testigos iban más allá y aportaban casos concretos, asegurando que estos supuestos «sucedieron varias veces en que coincidía que una de las empresas seleccionadas era Oficio Gráfico Vicent, cuyo propietario era Pablo Vicent, persona con conocida amistad con Juan Carlos Lledó».
Otro suceso que relatan fue la creación de la publicación 'Cuadernos del IVAM' y el modo en que se adjudicó su impresión: «El jefe de área de publicaciones, Juan José Bría Gómez, le comunicó que para esta nueva revista no se encargaría de su realización el Departamento de Publicaciones, puesto que todo el trabajo sería encargado a una empresa ubicada en Madrid, perteneciente a la empresa editorial a la que pertenece el periódico 'El Mundo', sin recordar el nombre de esta mercantil, llamando la atención del declarante que el primer encargo constaba un total aproximado de 60.000 ejemplares para cuyo pago debía gastarse gran parte del presupuesto asignado al departamento».
Otro hecho que declara el denunciante fue cómo, a propósito de la exposición 'Confines', una vez ya se había imprimido el catálogo hubo que incluir al pintor José Sanleón, lo que provocó «retraso y sobrecoste». «Hechos como el anterior ocurrieron en numerosas ocasiones», añaden.
EXPOSICIONES EN EL EXTERIOR
Todos los gastos a cuenta del IVAM, incluso cócteles
Otra de las denuncias la expone un trabajador en calidad de registrador de obras de arte del IVAM, que se encarga del control, el inventario de exposiciones y colecciones, así como la gestión de transporte. En el sumario se especifica que el denunciante informa de que el IVAM ha realizado multitud de exposiciones en el extranjero, «costeando la totalidad o gran parte de los gastos generados, hasta el punto de pagar incluso las invitaciones de estos eventos y los cócteles, máxime en casos de artistas desconocidos y de nacionalidad extranjera, cuyas obras se exponían en países o museos de poco prestigio, con dinero del IVAM». El trabajador explica que lo habitual es que los gastos generados por el montaje, transporte y exposición «corren a cargo de la sede que los recibe, nunca de quien presta las obras».
A pesar de esta irregularidad, lo que sí se cumplía era que junto a las obras prestadas viajaban tres registradores y tres restauradores de la plantilla del IVAM, algo que, según relatan, varió en 2005, fecha en que Císcar impuso que esa labor la acometiese «Jorge García, persona que no tenía la cualificación para asumir dicha responsabilidad», indica. En la misma declaración califica de «sospechoso» que las empresas encargadas del transporte de obras y montaje (propiedad de Enrique Bienvenido) comenzaron a realizar dichos trabajos a la llegada de Císcar, «careciendo, a juicio del declarante, de la especialización necesaria para realizar dicho tipo de trabajo». Califica su forma de trabajar como «poco ortodoxa».
Cuenta este denunciante una anécdota que resulta de lo más reveladora sobre el modo en que se operaba en la etapa de Císcar. «En una ocasión el compareciente hizo un informe desfavorable ante la realización de un transporte de una obra de arte, lo que remitió mediante correo electrónico a la directora del IVAM. Esa misma tarde se presentaron en la oficina del departamento del denunciante Císcar y Raquel Gutiérrez, la cual desempeñaba las funciones de jefa de Gabinete de la directora, transmitiendo la señora Císcar verbalmente y en tono imperativo 'que nunca más se enviaran informe o queja por escrito, que lo que tenía que hacer es decírselo verbalmente a ella'».
INFORMÁTICA
Coste de una aplicación, ofrecida antes gratis
Las graves irregularidades también se extendieron al área de Informática de la institución. Sorprendente resulta el episodio que relata uno de los testigos que acudió a la Jefatura Superior de Policía. Al museo llegó la propuesta de una empresa relacionada con el Instituto Tecnológico de Informática de la Universidad Politécnica que se ofrecía a diseñar una aplicación para móviles y tabletas. El proyecto parecía interesante porque no le costaba ni un euro al IVAM. Sólo le suponía horas de trabajo. Todo parecía beneficioso y el declarante se lo comunicó a su superior. El proyecto fue descartado por inconvenientes con los derechos de reproducción. Sin embargo, unos meses más tarde, el investigado Juan Carlos Lledó comenta al propio testigo la idea de hacer una aplicación, aunque en este caso con coste para el centro. De hecho, le solicitó autorización de su departamento para aprobar ese gasto. El ahora testigo se negó. No entendía cómo por algo que meses antes era gratis ahora querían pagar. Pese a esto, la aplicación siguió adelante. Se hicieron dos sistemas: 'Librería IVAM' y 'Colección IVAM'.
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