11/01/2016
La infanta, con gesto inmutable, escucha como la acusación pública le reclama ocho años de cárcel
En un insulso edificio del destartalado polígono industrial de Son Rossinyol, a las afueras de Palma y frente a la cárcel de Mallorca, comienza la vista oral con un operativo policial similar al de una cumbre internacional
Casi un centenar de medios cubren el inicio del histórico proceso de Nóos, en el que los 18 imputados deben responder de haberse apoderado de seis millones de euros públicos
Llegó el día. Cinco años y medio después del inicio de la investigación del caso Nóos, ha comenzado el juicio más mediático de la historia reciente de España con nada menos que la hermana del Rey Felipe VI y su marido entre los 18 imputados. Están acusados de haber participado en una trama corrupta que durante casi un lustro se apoderó de más de seis millones de euros públicos a través de concursos asignados a dedo por parte de las administraciones valenciana, balear y madrileña.
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, ambos con trajes oscuros, han llegado juntos al juzgado, una hora y cinco minutos antes del inicio de la vista oral, en una berlina gris metalizada. Los exduques, con gesto serio, no se han parado ante los medios de comunicación ni han saludado, pasando directamente a la sala de imputados. Allí se ha vivido un momento de máxima tensión al estar el matrimonio junto a Diego Torres y su mujer, Ana María Tejeiro -que han llegado a las 8.35 horas acompañados de su letrado, Manuel González Peeters-, con los que hace ocho años que no tienen contacto y horas después de que el exsocio de Urdangarin criticase al cuñado del Rey en un programa de televisión.
En un insulso edificio del destartalado, y hoy colapasado por el tráfico, polígono industrial de Son Rossinyol, a las afueras de Palma y frente a la cárcel de Mallorca, ha comenzado la vista oral más esperada con un cuádruple cordón de seguridad para acceder a los juzgados dentro de un operativo policial similar al de una cumbre internacional, con más de 250 agentes -50 de ellos antidisturbios desplazados desde Valencia-, y con un despliegue de medios informativos sin precedentes para un acontecimiento así. Cerca de 600 periodistas y técnicos acreditados de 90 medios diferentes, entre ellos casi una treintena internacionales, dan buena cuenta de la expectación que ha creado este juicio en todo el mundo. La imagen del primer miembro de la Familia Real española sentando en un banquillo ha despertado más interés, incluso, que el paseíllo de Cristina de Borbón aquel 8 de febrero de 2014. Sin embargo, tan solo ocho miembros de Unidad Cívica por la República han acudido para manifestarse.
Las primeras imágenes del interior de la sala, que han comenzado a retransmitirse sin audio por lo que se ha retrasado durante unos instantes el comienzo de la vista, han mostrado a los acusados de espaldas. Sin duda, lo más llamativo ha sido ver charlando, con cierta frialdad eso sí, a Iñaki Urdangarin y Diego Torres al fondo del banquillo de los acusados. Separada de ellos y en silencio, esta Cristina de Borbón.
La vista ha comenzado a las 9.20 horas con la lectura por parte del letrado de la Administración de los cargos de todos los imputados. La infanta, con gesto inmutable, a veces mirando al techo, ha escuchado como la acusación pública le reclama ocho años de cárcel por la cooperación en los delitos fiscales de su marido.
La exduquesa es el foco de todas las miradas, aunque, en realidad, es la imputada que se enfrenta a menos pena. De hecho, ni la Fiscalía ni la Abogacía del Estado (representante de Hacienda) la acusan de nada. Solo Manos Limpias le pide ocho años de cárcel por ser "cooperadora necesaria" de los delitos fiscales de Urdangarin, quien ocultó al fisco 182.005 euros de IRPF en 2007 y 155.138 euros en 2008. Ella, la más buscada, estará sentada en la última fila, a la derecha, separada de su marido, Iñaki Urdangarin, quien se enfrenta a una petición fiscal de 19,5 años de cárcel por un lista de delitos que parece inacabable (prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias, delitos contra la Hacienda Pública, falsedad, estafa, falsificación y blanqueo de capitales).
La infanta va a pasar, sin duda, el peor trago de su vida este lunes, pero ella y sus abogados están convencidos de que este 11 de enero será el único día que la hermana del Jefe del Estado se deba sentar en el banquillo. Los letrados Miquel Roca y Jesús María Silva -los primeros en llegar al juzgado, a las 7.50 horas-, confían en sacarla del proceso en esta primera sesión, reservada a las llamadas 'cuestiones previas'. Se trata del trámite procesal previo al inicio de la vista oral propiamente dicha, y habitualmente exhibe momentos muy tediosos y técnicos que los defensores aprovechan para buscar defectos en la instrucción que beneficien a sus clientes.
Momento clave
Pero este lunes, el hecho de que en esas cuestiones previas se plantee la salida de la infanta, convertirá a este trámite en uno de los momentos claves del juicio del 'caso Nóos'. Roca, Silva, pero también el fiscal Pedro Horrach, reclamarán al tribunal la aplicación inmediata de la ya archifamosa doctrina Botín del Tribunal Supremo, aquella según la cual nadie puede ser procesado por fraude a Hacienda si los presuntos damnificados de ese delito (la propia Agencia Tributaria y la Fiscalía) no se sienten perjudicados ni reclaman nada.
A pesar de las expectativas generadas por esta primera sesión, ninguno de los imputados -tampoco la infanta o Urdangarin- intervendrán en el plenario. Será el turno exclusivamente de los abogados. En esta primera jornada del juicio del 'caso Nóos' no se entrará en el fondo, solo en cuestiones técnicas, que al margen de la situación de la infanta o alguna reclamación o queja sorprendente de algún abogado, serán tediosas.
La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Palma no decidirá de inmediato sobre si la infanta sigue o no sentada en el banquillo. Las magistradas Samantha Romero, Elonor Moyá y Rocío Martín tendrán tiempo de sobra para resolver esta compleja cuestión jurídica hasta que el próximo 9 de febrero comience el interrogatorio de los imputados. En teoría, la sala podría aplazar la resolución sobre estas cuestiones previas hasta la sentencia, algo que obligaría a la infanta a seguir en el banquillo durante todo el juicio, pero todas las fuentes consultadas apuntan a que las magistradas decidirán las alegaciones de Roca, Silva y Horrach antes de retomar las sesiones de la vista oral el mes próximo.
Que la infanta siga o no como imputada es «casi intrascendente» para el desarrollo del juicio y los hechos, por los que los acusados se enfrentan a 103 años de cárcel, pero nadie duda que mediáticamente la continuidad o no de Cristina de Borbón en el banquillo marcará los derroteros del juicio más esperado.
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