15/01/2016
Una goleada como terapia (Granada 0 - 3 Valencia C.F)
El Valencia gana tras una mala primera parte, pasa a cuartos de la Copa y ve algo de luz de cara a la Liga
Neville sacó un once con novedades defensivas que siempre son sinónimo de nervios. Tensión ya vivida en partidos anteriores. Orban sufre. Por encima de lo normal. Y por allí, por el lateral izquierdo entró el Granada como si se le abrieran las puertas de los cielos para una remontada imposible. Ni Los Cármenes, casi vacío, creía en la remontada del equipo. Pero ante la animosidad local, los pocos aficionados del Granada soñaron con una posible victoria como sinónimo de esperanza en la segunda vuelta de la Liga. Sandoval, el técnico local, alineó a muchos anónimos de la plantilla que han pisado poco la Primera División. Estos, más algunos recuperados para la causa, dibujaron un primer tiempo en el que fueron superiores al Valencia. Hasta hubo un palo como aviso de que el Granada, sin presión, iba a dar algo de guerra.
Lo mejor que ha hecho el Valencia este verano ha sido fichar a Ryan, un buen portero. Seguro bajo palos. El problema es que en la plantilla ya tenía dos grandes cancerberos. Uno que ya era una realidad aunque lesionado, como Diego Alves. El otro por descubrir, Jaume Doménech, que ha explosionado con tanta fuerza en el primer equipo que ha llevado a un porterazo como Ryan al banquillo. El fútbol es caprichoso y las planificaciones deportivas todavía más. El Valencia, tan escaso en muchas posiciones, es excesivo en la demarcación de arquero con una terna de primeras figuras.
El agobio inicial del Granada se fue apagando en la recta final de la primera parte por la falta de gol. El esfuerzo fue infructuoso. Mientras el marcador estuvo cero a cero hubo ganas en los locales. Incluso algo de brío. Las ilusiones las apagó Zahibo, el jugador de ébano, que de cabeza respondió a la confianza de Neville en el canterano. El chico es de futuro, lo raro es que lleve tanto tiempo agazapado en el Mestalla cuando en pretemporada ya demostró que se pueden contar con él.
El gol cambió el partido. A partir de ese momento el Granada ya se dedicó a otras cosas. La primera parte del Valencia fue mala, nada nuevo a lo visto en los últimos partidos en Liga. La diferencia es que pese a la deficiencia el marcador era a favor.
La segunda parte abrió las compuertas para que el Valencia se luciera con un rival pensando más en la jornada liguera que la Copa del Rey. El balón fue del Valencia, al igual que las ocasiones y los goles. En los locales tan sólo Rochina ofreció algo diferente.
Negredo tuvo una nueva oportunidad con escaso resultado. Aquel oasis que fue el partido de ida no tuvo continuidad en Los Cármenes y la salida con gol de Alcácer dibujó una vez más el estado de gracia de uno y otro delantero. Danilo, con un pase excepcional de esos que justifican su incorporación veraniega con un futuro que está todavía por venir, dejó al de Torrent sólo ante Kelava. Cuando Alcácer aprieta el gatillo en posición franca lo normal es que siempre se cobre pieza. Y esta fue bonita, genética como decía García Pitarch, con el brazalete de capitán.
Terapia, goles balsámico para encontrar pronto el punto justo de juego, el necesario para dejar de mirar el retrovisor y aspirar a algo mejor. Sin prisa pero sin pausa.
Una vez marcó Alcácer la historia, si es que ya no estaba acabada, murió sin más. La salida de Bakkali, tanto tiempo ausente y añorado por su explosividad como fanfarria en las segundas partes, anunció una alternativa para partidos venideros. El belga tiene en sus muslos dos pistones con una fuerza descomunal. De cero a cien en un suspiro. Tanta velocidad era demasiado para un Granada al que ya se le hizo bola el partido. La única forma de contener aquel exceso era con una falta dentro del área para que Piatti, otro de los que últimamente cuenta más para el banquillo, marcara un gol con el objetivo de volver a ese punto que exhibió la temporada pasada.
Al margen del trámite, fue bueno observar a Fran Villalba en la cancha. Un juvenil con cuerpo adolescente y cerebro tan clarividente como el más sabroso de los mediapuntas que han dejado tardes de gloria en Mestalla. El chico va rápido, tanto como su calidad lo demanda. No es fácil jugar en Granada ante jornaleros del fútbol pero Villalba, poco a poco, se va curtiendo.
las provincias