Agenda
LOS CIEGOS
📍 Gran Teatro - Sala principal
Texto: Maurice Maeterlinck Adaptación y Dirección: Carmen Galarza TALLER FIN DE ESTUDIOS, Especialidad Interpretación Curso 2019-2021. ESAD Extremadura Los Ciegos es un texto simbolista que pertenece al teatro estático de Maeterlinck. Este autor se opone al simbolismo de carácter preconcebido, la abstracción intelectual o la alegoría. Para Maeterlinck el simbolismo surge a pesar del artista. En un bosque de basura del primer mundo los personajes se enfrentan al terror existencial de la disolución de yo tras la muerte; o a su otra cara, el momento previo a la vida. En Los Ciegos no hay verdades absolutas ni un significado unívoco, solo la intuición puede dotar de unidad de sentido al espectáculo. INTÉRPRETES Óscar Belmekhantar Natanael Cano Mirón, Barso Coulibaly, Jairo Durán Mota, Carlos González Corté, Cristina Graos, Lourdes Guisado González, Ana Gutiérrez Bravo, Jota Izquierdo, Carmen de la Nava, Daniel Palma, Nazaret Sequera, Nathalie Masson, Maximo Leal EQUIPO ARTÍSTICO ILUSTRACIÓN Y DISEÑO GRÁFICO: Alexandre Cano Rodríguez DISEÑO DE ILUMINACIÓN: David Pérez VESTUARIO: Cristina Fernández DISEÑO SONORO: Luis Cotallo ESCENOGRAFÍA: Libertad de Cursiva.
PREMIOS SAN PANCRACIO DE CINE 2021., GALA BENÉFICA DE CLAUSURA 28 FESTIVAL CINE ESPAÑOL DE CÁCERES
📍 Gran Teatro - Sala principal
La 28 edición del Festival Cine Español de Cáceres se clausura con una nueva edición de los Premios San Pancracio de Cine, una de las citas más importantes del panorama cinematográfico nacional a la que asistirán premiados e invitados del Cine Español. Como ediciones anteriores, la Gala Benéfica contará con música, humor y el mejor cine español del año 2020. La recaudación del evento se destinará a mejorar las condiciones de niños y niñas que viven en riesgo de pobreza y exclusión social en España.
Mi querida España, esta España viva esta España muerta
📍 LA ENREDADERA C / Cimbrón 1.
Estimadas, estimados enredad@s ¡tenemos nuevo Ciclo de cine! En el 75 Cecilia cantaba a "Mi querida España, esta España viva, esta España muerta" sufriendo la censura tardofranquista. Este es el retrato de una relación contradictoria y pasional por un país que respira en una pulsión dual entre la tradición y el progreso, entre el olor a incienso y los vientos de más allá de los Pirineos. Un país en el que más allá de tópicos, la folclórica y el torero han representado un sentir particular. En definitiva, y como también cantaba Cecilia: "Mi querida España, esta España nueva, esta España vieja". En honor a ese retrato en este ciclo traemos tres obras de BASILIO MARTÍN PATINO. Realizador que, al igual que Cecilia, sufrió la censura tardofranquista, y que con las tres películas que traemos ofrece un retrato de España desde el star system del franquismo a golpe de canción, pasando por la figura del verdugo y saltando hasta el presente con una pieza sobre el 15M. Con esta última obra, Libre te quiero, es con la que abrimos el ciclo, aprovechando el recuerdo de los 10 años que han pasado desde el 15 de Mayo de 2011.
MOCEDADES
📍 Gran Teatro - Sala principal
GIRA “NUESTRA VIDA” Espectáculo especial para celebrar los 50 años DEL MEJOR GRUPO DE VOCES DE LA HISTORIA…… 50 años de carrera ininterrumpida, actualizada producción con todos sus míticos éxitos (eres tu, tómame o déjame, amor de hombre, le llamaban loca, etc. Casi 2 horas de duración en riguroso directo vocal y musical
BRUJAS
📍 Gran Teatro - Sala principal
Dulcificar la amargura es la mejor forma de tragársela. ¿Cómo si no, contar una desgracia sin hacer llorar? En Las Brujas de Chamizo se cuenta como la tradición y el miedo a los prejuicios son los culpables de un terrible desenlace. Las protagonistas de nuestras Brujas, dos muertas, cuentan esta historia desde el presente, aunque vienen del pasado, y comparando épocas, pues resulta que la tradición nos sigue maniatando como antes y los prejuicios siguen siendo perjuicios. Es verdad que se habla desde el amor, el dolor, la pasión y el odio, pero el contenido básicamente es el mismo que De la Burla Teatro lleva presentando desde hace ya más de una década: igualdad, libertad, lucha y reivindicación, sólo que esta vez con un añadido, un homenaje a nuestra lengua y nuestra cultura, la extremeña. EQUIPO ARTÍSTICO Y TÉCNICO Reparto: Marisol Verde y Elena de Miguel Producción: DE LA BURLA TEATRO Técnico de luces y sonido: Carlos Mohedano Diseño Gráfico: Carlos Mohedano
UNIDAD DE MÚSICA DE LA BRIGADA DE LA LEGIÓN
📍 Palacio de Congresos de Cáceres
Concierto de la unidad de musica de la brigada de la legion en el palacio de congresos de Cáceres
ORQUESTA DE EXTREMADURA ILYA GRINGOLTS ROBERTO FORÉS
📍 Palacio de Congresos de Cáceres
1. (Concierto sin intermedio) Modest Músorgski. Jovánschina, Introducción (revisión de Rimski-Kórsakov) (1886) * Serguéi Prokófiev. Concierto para violín y orquesta nº 1 en re mayor, op.19 (1916-1917) * Andantino Scherzo: Vivacissimo Moderato - Andante Ilya Gringolts, violín Jean Sibelius. Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op.82 (1919) Tempo molto moderato - Allegro moderato - Presto Andante mosso, quasi allegretto Allegro molto - Misterioso Roberto Forés, director * Primera audición por la Orquesta de Extremadura El excelente violinista ruso Ilya Gringolts visita por primera vez el ciclo de conciertos de la OEX para ofrecernos todo su talento al servicio de Sergei Prokófiev y su concierto nº 1 para violín. El valenciano Roberto Forés en su tercera visita al ciclo de conciertos de la OEX será el encargado de dirigir este concierto en el que abrirá con la introducción de la inacabada ópera de Músorgski, Jovánschina, pero completada por Rimski-Kórsakov. Notas al programa Modest Músorgski (revisión de Rimski-Kórsakov). Jovánschina, Introducción (Amanecer en el río Moskva) Músorgski (Karevo, N de Rusia, 1839 – San Petersburgo, 1881) nació en el seno de una familia pudiente. De padre terrateniente y madre pianista, el joven Modest empezó a estudiar piano a los 6 años. Durante 9 años simultaneó estudios musicales con la carrera militar, donde llegaría al grado de teniente. Pasado este tiempo, abandonó el ejército y se dedicó completamente a la música. Formó parte del Grupo de los Cinco (Kuchka), círculo de músicos aglutinados en torno a la figura de Balakirev que, entre otras cosas, renegaba de la educación académica y artificial que se enseñaba en el Conservatorio y consideraba mucho más importante la vitalidad de la realidad popular y cotidiana como modelos para llevar a la música. De esta corriente se aprovechó el oficialismo soviético para presentarlos como “nacionalistas”, pero en origen la corriente no tenía esa idea, sino la de primar la naturalidad frente a la artificiosidad, lo espontáneo frente a lo desarrollado, lo popular frente a la ortodoxia academicista. Tras diversos avatares laborales acabó sus días sin trabajo, dependiendo de la generosidad de sus amigos, en un hospital militar de San Petersburgo, cuando contaba tan sólo 42 años. Khovantchina, también llamada Jovanschina, es la segunda ópera de Músorgski, escrita poco después de Boris Godunov. Hace referencia a Iván Jovanski y su hijo Andréi, los cabecillas de una de las corrientes a las que tuvo que hacer frente el joven zar Pedro I para afianzarse en el poder. Concretamente, los Jovanski eran los cabecillas de las milicias golpistas de Moscú. La ópera de Músorgski modifica el relato histórico en el libreto que hizo Vladimir Stàsov, libreto que a su vez también modificó el propio compositor. La parte musical quedó inconclusa a la muerte de Mussorgsky, aunque las partes vocales si estaban acabadas, y fue el amigo del autor, Rimsky Korsakov, quien la terminó de orquestar, en 1883. Esta es la versión que escucharemos hoy, aunque la introducción ya la había escrito, completa, el propio Mussorgsky. Años más tarde, Dmitri Schostakovich revisó la ópera entera a partir de la partitura vocal original y esta es la versión operística que suele interpretarse. Con respecto a la introducción, la versión de Shostakovich recurre a una orquesta mucho más nutrida que la de Rimski-Mussorgsky. En los poco más de 5 minutos que dura la tranquila pieza escucharemos una sencilla melodía apareciendo una y otra vez, a retazos, con ligeras modificaciones, pero siempre reconocible mientras la orquesta va arropándola con diversos colores, ritmos e instrumentos en cada una de esas apariciones. Cierren los ojos y déjense llevar por esa corriente del rio, por esa alma popular (en este caso rusa) tan cristalina y bella como cautivadora. Serguéi Prokófiev. Concierto para violín y orquesta nº 1 en re mayor, op.19 (1916-1917) Sergéi Prokófiev (Sóntsovka, cerca de Donest, Ucrania), 1891 – Moscú, 1953) tuvo una tumultuosa vida llena de altibajos. Niño prodigio, comenzó sus primeras lecciones de música con su madre quien rápidamente apreció la extraordinaria facilidad de su hijo para la música. Cuando, con tan sólo 13 años, Glazunov escuchó al niño y analizó varias de sus ya numerosas composiciones pidió insistentemente que hiciese las pruebas para el ingreso en el Conservatorio de San Petersburgo, del que Glazunov era el director. De estilo muy personal y escolásticamente ambiguo, las primeras composiciones importantes de Prokofiev como su primer Concierto para piano y su Suite escita para orquesta fueron consideradas demasiado modernas para la época y el lugar (Rusia) en que fueron escritas. Y esta, digamos, falta de ubicación le persiguió durante el resto de su vida. Salió de su país en el mejor momento artístico, década de los veinte… Y volvió en la ignominiosa década de los treinta. Vio como sus amigos fueron arrestados y ejecutados por la NKVD de Stalin. Incluso su propia esposa, la española Lina Llubera, estuvo ocho años en Siberia y, a su vez, fue invitado a componer una salutación a Stalin para conmemorar el 60º aniversario del mandatario. En 1948, el Politburó condenó su música como formalista y fue obligado a prometer que compondría obras con mayor «lirismo realista». Murió el mismo día que Stalin y, al vivir cerca de la Plaza Roja, el coche fúnebre no pudo llegar hasta su domicilio por la avalancha de personas que querían despedir al líder Stalin. Su cuerpo tuvo que ser trasladado a hombros sorteando a la multitud durante varias calles. Apenas 30 personas asistieron a su sepelio. El concierto nº 1 para violín lo compuso a la vez que su primera sinfonía, la titulada por el mismo Prokófiev como “Clásica” pues aseveraba que era el tipo de sinfonía que Haydn habría escrito si viviera en esa época. Durante el “revolucionario” año de 1917 todavía escribiría varias obras más. Tardó en ser estrenado, concretamente, 6 años. Lo hace en París el violinista Marcel Darrieux, bajo la batuta del aclamado Serge Koussevitzky y no gozó de un éxito instantáneo. Pero con el tiempo se ha convertido en uno de los conciertos más oídos del compositor. Igor Stravinsky, con el que Prokofiev discutía abiertamente, adoraba este concierto, obra maestra de equilibrio estructural, así como de cuidada y exquisita orquestación, casi raveliana. El primer tiempo de la pieza comienza con un paisaje calmo, difuso y sutil. Tras unos pizzicatos del solista, irá ganando una considerable fuerza a lo largo del tiempo, para terminar, de nuevo, de forma apacible, recordándonos la flauta la melodía inicial sobre un fondo de arpa y cuerdas con sordina mientras el solista ejecuta unos delicados pasajes virtuosísticos antes de llegar a la nota final, el RE agudo. Este sencillo esquema podría aplicarse a la totalidad del concierto. Toda una delicatessen. El Scherzo, muy ágil, con un fuerte componente rítmico se desarrolla con una frenética actividad del violín que abarcará desde rapidísimas escalas hasta muy variados golpes de arco y efectos sonoros, terminando con un pasaje en armónicos muy vistoso y chispeante. Es todo un ejercicio de despliegue de exigencias interpretativas a partir de un no menor despliegue de habilidades compositivas. El tercer tiempo comienza en Moderato. El violín contesta a la melodía inicial de fagot con otra larga melodía, a la que se irán sumando acompañantes, muy lírica y emotiva. A continuación, el tempo se anima a Allegro moderato y la música se va haciendo más intensa. Terminará con un ingenioso contrapunto en el que la orquesta interpreta la melodía lírica que abre este tiempo mientras el solista contrapone el tema que abría el concierto, en una atmosfera tan sutil como colorista. Déjense disfrutar unos segundos de esa paz final, antes de que empiecen los aplausos que nos devuelvan, de nuevo, al patio de butacas. Jean Sibelius. Sinfonía nº 5. Cuando Sibelius (Hämeenlinna,1865 – Järvenpää, 1957) nació, Finlandia pertenecía a Rusia, constituía el Gran Ducado de Finlandia. La formación del que estaba llamado a convertirse en uno de los símbolos culturales de ese futuro país fue genuinamente finlandesa aunque Sibelius provenía de una familia de afinidad más bien sueca. Su matrimonio con la hija de un influyente militar, muy identificado con la causa finlandesa, no debió sino acentuar aún más el compromiso de Sibelius con su tierra. En la actualidad, la academia de música de Helsinki, donde estudió y tras varios reveses también enseñó, lleva su nombre como homenaje y reconocimiento. Uno de los editores de partituras más difundidos del mundo, también se llama Sibelius. Fue un hombre prolífico y longevo para su época, 92 años, pero tras escribir su séptima sinfonía entró en una especie de dique seco creativo y ya no volvió a crear ninguna obra importante en sus últimos treinta años de vida. Durante años intentó componer su octava sinfonía, pero no la terminó. Parece ser que durante los duros años de la II Guerra Mundial quemó todos sus apuntes y manuscritos de la obra. Solo escribió un par de obras menores durante todo este largo período de tiempo. Estilísticamente lo podemos situar en la órbita de Wagner, Mahler, Busoni y Tchaikovsky, a quienes estudió profundamente. Pero si hay un rasgo que identifique con nitidez a la música de Sibelius es su canto permanente a los paisajes, naturaleza y folklore de su patria finlandesa. Pidió ser enterrado en el jardín de la casa en la que vivió la mayor parte de su vida y allí reposa, junto a su esposa Aino. Una significativa muestra de la manera de componer del autor la encontramos en una frase extraída de una conferencia de Sibelius con motivo de la lección inaugural de un curso académico, en 1896: “no se puede derribar el edificio antiguo si no existe nada que poner en su lugar… hace falta encontrarlo vivo en la música tradicional”. Sibelius nos propone un nuevo filón creativo, la música tradicional. Sin abandonar la tonalidad, el rico folklore escandinavo le permitirá un nuevo modelo expresivo, una justificación a su discurso musical y a sus convicciones nacionalistas finesas. La obra que nos ocupa sufrió, al menos, dos revisiones desde su estreno en 1915. La última, en 1919, es la que se ha consolidado como la más lograda. Lo más significativo es que se pasa de cuatro tiempos a tres y eso provoca un extraño primer movimiento, el producto de la fusión en uno de los dos primeros movimientos de la versión original. El resultado es un movimiento con una estructura más compacta pero alejada de los estándares de la forma sonata que se supone en este primer tiempo y con una recapitulación mucho más extensa de lo esperado. En el nuevo segundo tiempo, Sibelius conserva los elementos temáticos del previo tercer tiempo pero modifica el tratamiento del material resultando un considerable aumento de compases con respecto a la primera versión. El final del movimiento también lo modifica al recurrir a la interpretación del tema principal a cargo del viento madera. El tiempo entero parece funcionar como una especie de eje central interno que convierte a los tiempos externos primero y tercero en sorprendentemente simétricos. En el tercer y último movimiento, Allegro molto, ocurre lo contrario. Mantiene los elementos del último tiempo de la primera versión pero el nuevo tratamiento provoca la reducción de unos 200 compases. El pasaje final también varía al introducir una serie de acordes orquestales, con referencias al “canto del cisne” del segundo tiempo, de aspecto solemne y triunfal. Hay quien ve en esta modificación la intención política de Sibelius de sumarse a la euforia por la independencia de Finlandia, lograda precisamente durante el período de revisión de esta sinfonía. La Sinfonía nº 5 de Jean Sibelius se interpretó por primera vez el 23 de noviembre de 2007 en el Gran Teatro de Cáceres, con Jorma Panula como director. La última vez también fue en el Gran Teatro de Cáceres, el 19 de febrero de 2016, dirigida por Rubén Gimeno. © Jerónimo Gordillo Nace en Stuttgart (Alemania). Estudia flauta, piano y viola en los conservatorios de Sevilla, Badajoz y Real Conservatorio Superior de Madrid. Posee el Título de profesor de Solfeo y Repentización y los Títulos Superiores de Flauta, de Composición y de Dirección de Orquesta. Es Doctor en Educación por la Universidad de Extremadura. Ha dado conciertos por todo el territorio nacional como solista, en dúo con piano o en formaciones de música de cámara como cuartetos y quintetos. También formando parte de la Orquesta de Cámara de Badajoz, la Orquesta Joven de Extremadura, la Banda Municipal de Badajoz y otras agrupaciones. Ha sido director titular de la Orquesta de Cámara de Badajoz, de la Banda Municipal de Música de Badajoz, de la Banda Federal de Extremadura y de la Orquesta Sinfónica Extremeño-Alentejana. Fundador y primer director de las Escuelas Municipales de Música de Badajoz. Fundador y primer presidente de la Federación de Bandas de Música de Extremadura. Ha compuesto gran cantidad de obras en formatos de todo tipo, estrenadas en España y el extranjero (Portugal, Rusia). Unas de sus obras para orquesta, Raizes, fue estrenada en el Festival Ibérico de Música de Badajoz, con el maestro Albiach dirigiendo la Orquesta de Extremadura. Vicepresidente de la Asociación de Compositores de Extremadura y miembro de la Junta Directiva de la Federación de Asociaciones Ibéricas de Compositores. Ha dado clases en los conservatorios de Montijo, Mérida y Badajoz y en varias escuelas de música de la provincia. Igualmente, ha impartido cursillos de especialización en CPR’S y en la UEX. Actualmente, da clases de composición, análisis y armonía en el Conservatorio Superior de Música “Bonifacio Gil” de Badajoz. Ilya Gringolts El violinista ruso Ilya Gringolts, además del repertorio tradicional, toca también obras de música contemporánea, estrenando obras de P. Maxwell Davies, A. Read Thomas, C. Bertrand y M. Jarrell y toca con agrupaciones como la Finnish Baroque Orchestra o Arcangelo. Ha actuado con orquestas como la Royal Liverpool Philharmonic, Sinfónica Ciudad de Birmingham, Sinfónica de la BBC, Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, Filarmónica de San Petersburgo, Filarmónica de Los Ángeles, Sinfónica NHK, Mahler Chamber Orchestra y las principales orquestas de la radio en Alemania. Destacan sus recientes conciertos con la Sinfónica Radio Bávara, BBC de Escocia, Filarmónica de Israel, Sinfónica de Bamberg, Sinfónicas de Taipei y Singapur. Después de conciertos en los festivales de Verbier y MiTo, en la pasada temporada tocó con la Hong Kong Sinfonietta y estrenó el Concierto para violín de Michael Jarrell, dirigió y tocó el Concierto “Il labirinto armonico” de Locatelli y obras de Paganini, Vivaldi, Bach y Bartók con la Orquesta de Cámara de Australia. También tocó con la Sinfónica Radio Bávara, Real Filarmónica de Estocolmo, Sinfónica Radio Finlandesa, Sinfónica de Hamburgo, Sinfónica de Galicia, Sinfónica de Berna, Orquesta de Cámara de Múnich y Orquesta de Cámara de Uppsala. Ilya Gringolts toca como Primer Violín del Cuarteto Gringolts, fundado en 2008, con los que ha tenido gran éxito en los festivales de Salzburgo, Lucerna, Menuhin Festival Gstaad, Festival de Edimburgo y en el Teatro La Fenice de Venecia. En esta temporada ha debutado en el Concertgebouw de Ámsterdam, Philharmonie de Luxemburgo, Elbphilharmonie de Hamburgo y en el Konzerthaus de Dortmund. En música de cámara Ilya Gringolts colabora con artistas como Yuri Bashmet, David Kadouch, Itamar Golan, Peter Laul, Aleksandar Madzar, Nicolas Altstaedt, Andreas Ottensamer, Antoine Tamestit y Jörg Widmann. Ha realizado numerosas grabaciones para Deutsche Grammophon, Hyperion y BIS, que han sido muy elogiadas por la crítica. Destacan su grabación de los 24 Caprichos de Paganini en 2013, el Concierto para violín de Weinberg con la Filarmónica de Varsovia en 2015, el Concierto para violín de Dvorak con la Philharmonia de Praga para Deutsche Grammophon, y conciertos de Korngold y Adams con la Filarmónica de Copenhague. En 2018 salió el segundo disco del proyecto de la Integral Stravinsky, grabado con la Orquesta Sinfónica de Galicia y Dima Slobodeniouk que recibió un Diapason d’Or. Después de estudiar violín y composición en San Petersburgo, Ilya Gringolts estudió en la Juilliard School of Music con Itzhak Perlman. En 1998 ganó el Concurso Internacional de Violín Paganini, siendo el violinista más joven en ganar el primer premio en la historia del concurso. Además de ser profesor de violín de la Academia de las Artes de Zúrich, es Profesor Invitado de la Real Academia de Música de Escocia en Glasgow. Toca un violín Giuseppe Guarneri del Gesù, Cremona 1742-43. Roberto Forés Nacido en Valencia, Roberto Forés Veses estudió dirección de orquesta en la Accademia Musicale Pescarese y en la Academia Sibelius de Helsinki. Ha sido ganador del concurso de dirección de Orvieto y del Concurso internacional Evgeny Svetlanov. En la actualidad es el director musical y artístico de la Orchestre National d’Auvergne (Francia). Lo más destacado de las últimas temporadas ha incluido producciones de Don Giovanni, Orfeo e Euridice y Die Entführung aus dem Serail en las óperas de Reims, Clermont-Ferrand, Vichy, Massy y Avignon. También ha trabajado en numerosos teatros como en el Teatro Regio de Torino, el Bolshoi de Moscu, Lausanne, Montpellier Niza y Helsinki. En el ámbito sinfónico ha estado al frente de las orquestas nacionales de Lyon, Burdeos, Montpellier. También ha dirigido la Orchestre Philarmonique de Luxembourg, NHK Symphony Orchestra, Moscow City Symphony, Odense Symfoniorkester, St Petersburg Symphony Orchestra, Het Residentie Orchestra, Hong Kong Sinfonietta, Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi, Yamagata Symphony Orchestra, Nagoya Philharmonic, Orchestre de Chambre de Lausanne, Orquesta Sinfónica de RTVE, Asturias y Comunitat Valenciana. El maestro Forés Veses graba regularmente con el sello discográfico Aparté Records y Warner Classics. Grabaciones recientes incluyen álbumes dedicados a Alban Berg (Lyrische suite), Webern y Schreker; así como otro a Schönberg (Verklärte Nacht y Strauss (Metamorphosen). Sus futuros proyectos preven dos álbumes dedicados a Schubert y Bartok con “21 Music”. En 2020-21, además de una intensa temporada con la Orchestre National d’Auvergne, estará presente en los Festivales de La Chaise-Dieu, l’île de Ré, Nuits de Fourvières de Lyon y en el Printemps des Arts de Monaco. También será el director invitado de la Russian State Symphony Orchestra, la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, Orchestre National de Metz, la Orquesta de Valencia, Sinfonietta Lausanne y la Orquesta de Extremadura. También regresará a Japón con la Orquesta Filarmónica de Nagoya y realizará una gira en China con la Orchestre National d’Auvergne.
ORQUESTA DE EXTREMADURA AMAURY COEYTAUX ÁLVARO ALBIACH
📍 Palacio de Congresos de Cáceres
1. (Concierto sin intermedio) Johannes Brahms. Concierto para violín en re mayor, op.77 (1878) Allegro non troppo Adagio Allegro giocoso, ma non troppo vivace Amaury Coeytaux, violín Robert Schumann. Sinfonía nº 1 en si bemol mayor, op.38, «Primavera» (1841) Andante un poco maestoso Larghetto Scherzo Allegro animato e grazioso Álvaro Albiach, director Amaury Coeytaux en su tercera visita al ciclo de conciertos de la OEX será el encargado de ofrecernos el maravilloso concierto para violín de Brahms, que se completa con la primera sinfonía de Schumann compuesta en un rapto de inspiración en tan solo cuatro días. Notas al programa Más que un maestro, más que un discípulo Pocos compositores en la historia de la música tan unidos en lo vital, en lo espiritual y en lo artístico como Robert Schumann y Johannes Brahms. Deslumbrado este desde su primer encuentro con aquel, atraído platónicamente por su esposa, Clara, Brahms aprendió mucho de Schumann. Le influyó su piano, su música vocal, su música sinfónica pero, como el genio que era, su creación voló hacia una escritura absolutamente personal, admirable en su forma y su equilibrio, lejos al fin de esos golpes de subjetividad que caracterizan parte de la producción postrera de Schumann pero sin dejar de mostrar una intimidad digamos que en equilibrio. El programa de hoy tiene además un interesante hilo conductor. Y es que quien estrenara el Concierto de Brahms, el legendario violinista e íntimo amigo del autor, Joseph Joachim, fue también el que le presentara, en 1853, a Robert Schumann, encuentro que este relataría en la Neue Zeitschrift für Musik como “con el escogido para expresar el más exaltado espíritu de los tiempos”. Johannes Brahms: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77 Cuando Brahms terminó, en 1878, su Concierto para violín y orquesta tenía la experiencia orquestal de sus dos primeras sinfonías, el Concierto para piano nº 1 y las Variaciones sobre un tema de Haydn, pero su Sonata nº 1 para violín y piano debería esperar a 1879. Quiere esto decir que su experiencia en la escritura violinística se reducía a aquellas obras camerísticas en las que participaba el instrumento sin protagonismo especial. Por eso sometió su manuscrito al gran Joseph Joachim —autor, además, de dos conciertos para violín y orquesta— quien, antes de estrenarlo el 1 de enero de 1879 en Leipzig bajo la dirección del autor, sugeriría cambios y retoques que ayudaran a su interpretación y que ocupan importante espacio en la amplia correspondencia entre los dos. De algunos de esos consejos hizo caso Brahms; de otros menos; pero fueron precisamente sus dificultades las que hicieron que tardara en acomodarse al repertorio del que hoy es uno de los florones indiscutibles. Al escribirse sucedió a los de Beethoven y Mendelssohn mientras sería precedente de los de Dvorák, Chaikovski, Glazunov o Sibelius. Pero primero tuvo que encontrarse con un público que quizá lo hallara demasiado serio y con un director, el de la premiére en Viena, Josef Hellmesberger, que hizo famoso un comentario suyo, como de pasada, pero bien tonto al fin: “Brahms no ha escrito un concierto para violín sino contra el violín”. El tiempo, ese a quien se refería Margarite Yourcenar como “gran escultor”, ha puesto a cada uno en su sitio. El Allegro non troppo se abre con una introducción a cargo de cuerda grave y fagotes, que ya exponen un primer tema principal, y una serie de diseños a cargo de oboe, cuerda y madera. Aquel se afirma en toda la orquesta y, tras una transición que precede a un segundo motivo entra el violín en arabescos hasta que, por fin, se centra en el primer tema en lo que constituye un efecto magistral en lo expresivo. Tras jugar con él volvemos a la introducción del solista antes de que este enuncie un nuevo tema seguido por los violines. Tras desarrollo y reexposición entramos en la cadenza, no escrita por Brahms —se usan, generalmente, las de Joachim, Auer o Kreisler— que nos conduce a una coda precedida por la repetición del primer tema. El Adagio, en forma de lied A-B-A, comienza con una hermosa melodía del oboe que retomará el solista, protagonista igualmente de la parte central y que volverá a esa melodía adornándola eficazmente. El Allegro giocoso non troppo vivace tiene forma de rondó-sonata y su tema, afirmativo y alegre, domina todo el movimiento. El violín introducirá un segundo tema y será protagonista de un par de cadenzas, una acompañada y otra más breve, casi al final, antes de conducirnos, como en un juego en el que hubiera algo de sana urgencia, a los últimos compases. Robert Schumann: Sinfonía nº 1 en si bemol mayor, op. 38 “Primavera” Con Robert Schumann nos encontramos ante el epítome del romanticismo musical. Si vacilan los manuales y hasta los expertos que pierden el tiempo en taxonomías imposibles acerca de cuándo Beethoven o Schubert son clásicos, prerrománticos o románticos del todo, en el caso de Schumann no hay duda alguna. Responde a todos los paradigmas del artista romántico, desde la importancia en su vida de un amor difícil de conseguir pero por el que peleó duramente —su mujer, Clara, también lo haría después y durante muchos años tocando el piano para sacar adelante a la familia— hasta su interés en canciones, obras para piano, oratorios y hasta medio óperas con los temas que su época tomaba como arquetípicas muestras de un modo de entender la vida que tenía que ver, además de con ese amor que acompaña cualquier arte y cualquier tiempo, con la pasión, con el paisaje, con la exaltación, con el abandono y con la muerte. Cosas que están en muchos creadores de todas las épocas, es verdad, pero que la generación romántica —y alguna de sus ramas más frondosas que llegaron casi hasta nuestro tiempo— parece exacerbar. Autor de cuatro sinfonías, más un esbozo en sol menor denominado Zwickau por la localidad sajona en que se escribió y la bastante problemática por estructura y resultados Obertura, Scherzo y Finale, la importancia de Schumann como sinfonista es evidente. Una importancia que crece con el tiempo, una vez superado el tópico de que era un mal orquestador, esa cantinela escuchada mil veces y que sólo podría explicarse si hubiera un canon de la orquestación, unas instrucciones de lo que ha de hacerse para no transgredir la norma. Más de un crítico ha pensado, acertadamente, en la relación de la invención sinfónica de Schumann con la última de las sinfonías de Schubert —la Grande— que él mismo descubriera en 1838. He ahí una razón más, junto a la evidente influencia del propio Schumann en el Brahms sinfónico —más clara a partir de la versión original de la Cuarta de aquel— para seguir desmintiendo esa mala relación de Schumann con la orquesta. Así como 1840 fue para Schumann el año de las canciones y 1842 el de la música de cámara, 1841 fue el de las sinfonías. A finales de enero había compuesto la Primera, en primavera la Obertura, Scherzo y Final y en septiembre la entonces Segunda y hoy Cuarta. La Primera Sinfonía, estrenada en Leipzig bajo la dirección de Mendelssohn en el mes de marzo, seguramente nació con la idea, sabiamente rechazada al fin por el autor, de explicitarse a sí misma como una celebración de la naturaleza, lo que ya revelaba suficientemente su subtítulo. Este cobra sentido pleno en el magnífico Andante un poco maestoso que hace de introducción al primer movimiento y que no es sino la puesta en música del verso de Adolf Böttger “Im Thale blüht der Frühling auf!” —“En el valle florece la primavera”— que se adecúa perfectamente con la fanfarria de arranque. A partir de ahí, la afirmación del tema del Allegro vivace se adueña de la situación. El crítico Stephen Johnson ha señalado el Larghetto como un ejemplo evidente de lo poco certeras que son las acusaciones de mala orquestación —de traslúcida califica la de este movimiento— tópicamente dirigidas a las sinfonías de Schumann. El Scherzo es una muestra de su capacidad para unir ideas cualquiera que sea la forma escogida, de su amor por la suma de invenciones capaces de formar un conjunto reconocible. De ahí, por ejemplo, que haya dos tríos o el efecto de una suerte de episodio fugado que no llega a producirse pero mantiene la atención del oyente. Si el inicio de la sinfonía fue un toque de sorpresa, el de la conclusión no lo es menor. El segundo tema en otras manos hubiera sido casi féerico —Mendelssohn— pero, en las de Schumann, la imaginación —esa suerte de maravillosa cadenza de trompa y flauta— se atempera y vuelve la presencia de la naturaleza. La Sinfonía nº 1 «Primavera», de Robert Schumann, se interpretó por primera vez el 27 de febrero de 2004 en el Gran Teatro de Cáceres, con Lior Shambadal como director invitado. La última vez fue el 22 de junio de 2012 en el Gran Teatro de Cáceres, con Álvaro Albiach como director invitado, meses antes de llegar a la titularidad de la OEX; ese fue el primer programa en que la dirigió. © Luis Suñén Luis Suñén (Madrid, 1951) es editor y escritor. Ha sido crítico literario y musical en el diario El País y, durante trece años, director de la revista Scherzo, así como, durante más de veinte, colaborador de Radio Clásica (RTVE). Es uno de los fundadores de los International Classical Music Awards (ICMA). Autor de siete libros de poemas, el último de ellos es Noroeste (Trotta, Madrid, 2019). Amaury Coeytaux Ganador del Concurso Rodolfo Lipizer de 2006, ha ganado también primeros premios en los concursos Eisenberg-Fried en 2007-08, el Concurso Internacional de Cuerdas Julius Stulberg, la Rosalind & Joseph Stone Berg Philharmonic Competition y la Waldo Mayo Violin Competition en 2004, el Royaume de la Musique Competition en 1997 y el Musée Bonnat Prize a la mejor interpretación de música de cámara de la Maurice Ravel Academy en 2002. Habiendo exhibido ya un precoz talento de niño, Amaury Coeytaux hizo su primera aparición pública con una orquesta a los 9 años, y a los 11 su interpretación de la Sonata nº 3 ‘Ballade’ de E. Ysaÿe fue emitida en directo por Radio France. En 2004 hizo su debut en el Carnegie Hall tocando el Concierto de Brahms bajo la dirección de David Gilbert en el Stern Auditorium. Después de esto fue invitado a dar conciertos en todo el mundo incluyendo Francia, España, Ucrania, Bulgaria, Alemania, Italia, Suiza, Canadá, EE.UU., Corea del Sur o Japón. Ha participado en festivales de prestigio como el Santa Fe Chamber Festival, Festival de Deauville y Festival de Corde-sur-ciel, así como ha colaborado con prominentes artistas como Joseph Silverstein, Pinchas Zukerman, Michael Tree y con la mayoría de solistas franceses. Sus principales maestros han sido Micheline Lefebvre, Jean-Jacques Kantorow, Patinka Kopec y Pinchas Zukerman. Ha sido concertino y solista principal de la Orchestre d’Auvergne y de la Orchestre National de Radio France y en la actualidad es primer violín del Cuarteto Modigliani. Amaury toca un Guadagnini de 1773.
PRIMEROS PASOS, DIA INTERNACIONAL DE LA DANZA
📍 Gran Teatro - Sala principal
Una versión de El lago de los cisnes por estudiantes El aura que rodea al ballet El lago de los cisnes no prendió el día de su estreno en 1877 en Moscú. Pobre acogida entre el público y la crítica, incomprensión, vaticinios catastróficos sobre su ausencia en el repertorio futuro de la danza. Pero poco después ese aura comenzó a crecer, con las coreografías que inventaron en 1895 Marius Petipa y Lev Ivanov, hasta que la obra a la que puso música Pitr Ilich Tchaikovsky se convirtió en una de las más solicitadas en los teatros de todo el mundo. Por ello, no sorprende que para conmemorar el Día Internacional de la Danza, el Conservatorio Profesional de Danza de Cáceres la haya elegido en el espectáculo que presentará en abril en el Gran Teatro. La suya es una adaptación, que ha titulado Odette y Odile. La adaptación la ha realizado el Departamento de Danza Clásica del conservatorio cacereño y consiste en una selección de escenas de tres de los cuatro actos de la obra. Cincuenta y dos alumnos del centro de primero a cuarto curso participan en este montaje.
PILAR BOYERO, FLAMENCO EN FEMENINO
📍 Gran Teatro - Sala 2
Carmen Amaya, Paca Aguirre o Rocío Jurado son algunas de las mujeres sobre las que hablará la cacereña Pilar Boyero en su conferencia concierto Cuplé, copla y flamenco, contado por mujeres dentro del ciclo Flamenco en femenino. Andrés Malpica, en el baile y Tino González, en la guitarra, acompañarán a Boyero, que interpretará canciones procedentes de un disco en estudio titulado Algo se nos fue contigo. En su repaso por el último siglo femenino, abordará diferentes músicas: zambra, rumba, bulería, fandango, sevillana o tango que componen un mosaico del flamenco. La cantante cacereña ha cumplido treinta años de profesión en la música, con una dedicación especial a la copla. Ha grabado siete discos y ultima otro de homenaje al compositor de copla Juan Solano. Escribe, presenta y dirige desde hace quince año el programa Soy lo prohibido en Canal Extremadura Radio dedicado a la copla y por el que han pasado artistas como Marifé de Triana, Nati Mistral, Sara Montiel o Manolo Escobar. Conferenciante sobre la copla, imparte también clases sobre este género en la Universidad de Mayores de Extremadura.
PLAY THE BEATLES
📍 Gran Teatro - Sala principal
Desde hace un tiempo, la sinfónica pone en marcha este tipo de iniciativas para consolidar los objetivos solidarios pedagógicos, acercando la Banda y estableciendo una relación de complicidad y proximidad entre el público y la sinfónica. Fomentar la experiencia musical en vivo a partir de obras maestras de la historia de la música, los instrumentos que forman la orquestación de las obras seleccionadas y los elementos del lenguaje de la partitura. Organiza: banda Provincial de Cáceres Edad recomendada: A partir de 5 años
Rocío Molina presenta ‘Impulso. Vuelta al uno’, flamenco en femenino
📍 Gran Teatro - Sala principal
La bailaora cierra con Impulso. Vuelta al uno su Trilogía flamenca Iconoclasta es un adjetivo de una precisión certera si se le aplica a Rocío Molina. Esta coreógrafa y bailaora de flamenco ha transgredido el baile con éxito (lo que aparenta contradicción), como podrán comprobar quienes asistan a Impulso. Vuelta al uno en los conciertos de Flamenco en femenino, el cierre de su Trilogía sobre la guitarra, cuyas dos primeras partes presentó en 2020 en la Bienal de flamenco de Sevilla. Molina fue precoz en su arte. A los siete años esbozó sus primeras coreografías y a los 17 se graduó en el Real Conservatorio de Danza de Madrid. Su estreno se produjo a los 22 años con Entre paredes, a la que siguieron otras creaciones propias que tienen en común una mirada curiosa y un quebrantamiento del arte flamenco para huir de caminos ya transitados. En ese camino ha colaborado con figuras del flamenco nacional como María Pagés, Miguel Poveda, Antonio Canales e Israel Galván, y con nombres de la creación artística contemporánea como Carlos Marquerie, Mateo Feijóo y Jean Paul Goude. Los reconocimientos no tardaron en llegarle. Posee, entre otros, tres premios Max de Teatro (2019, 2017, 2015) el Giraldillo de la XIX Bienal de Flamenco de Sevilla al baile (2016) y el Premio Nacional de Danza (2010).